Opinión
BAMBI
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El nombre de ese tierno, dulce, inocente y entrañable personaje de la película de Disney, es el apodo que recibe en España José Luis Rodríguez Zapatero. La sensación de timidez y desamparo que transmiten sus grandes ojos debajo de altas cejas arqueadas, estimulan la asociación entre el ahora famoso actor en la política venezolana y el no menos famoso cervatillo.

Las apariencias engañan. En el caso de Rodríguez Zapatero, su expresión perpleja, un tanto extraviada, le hace parecer ingenuo; pero nada más lejos de la realidad. Ganar dos legislaturas consecutivas, ejercer por más de siete años la presidencia del gobierno de España, manejar el problema de la ETA hasta obligarla a renunciar a la actividad armada, no es un recorrido que pueda hacerse con ingenuidad.

En su rol de mediador entre el gobierno venezolano y la MUD, Zapatero ha sido el blanco de las más duras críticas; casi todas ellas como producto de las manipulaciones de los sectores radicales de la oposición. Se dijo, por ejemplo, que fue a proponerle a Leopoldo su libertad a cambio de la renuncia al revocatorio. Se dijo también, que había vetado a Leopoldo y a María Corina como interlocutores para el diálogo. Ambas cosas, falsas. La primera la desmintió Lilian Tintori. La segunda se originó en una nota no veraz del Maimi Herald, reproducida por el ABC de España y retuiteada furiosamente por los guerreros del radicalismo 2.0.

El lunes nuestro Bambi recibió el sólido espaldarazo de la Unión Europea en su delicada tarea de propiciar el diálogo. Aquí en Venezuela, quienes trabajamos para que este infame gobierno termine pronto de manera pacífica, electoral, constitucional y democrática, deberíamos dar un voto de confianza a la dirigencia de la MUD para que, sin dejar de lado la presión política y de calle en favor del revocatorio, utilice el diálogo (público, discreto y/o secreto) como medio concurrente para cesar a Maduro.

https://manuelnarvaez.wordpress.com/2016/07/20/bambi/

Manuel Narvaez

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