Opinión
BRUJERÍA ECONÓMICA
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La semana pasada, Nicolás Maduro presentó un “nuevo” conjunto de medidas económicas que denominó, con la pomposidad vacua que caracteriza al neolenguaje bolivariano, Plan Constituyente para la Paz y la Prosperidad Económica. Durante la interminable perorata, parecía un brujo ejerciendo sus artes esotéricas y no un presidente que marcaba rumbo al desino del país.

Hablaba Maduro de Precios Acordados para 50 productos que desaparecerán de los anaqueles para irse a negro; y yo sentía que escupía un viscoso buche de ron sobre el martirizado cuerpo de Venezuela. Presentaba la Ley de los Clap para crear la figura de los fiscales populares que integrarán la red nacional de extorsionadores; y era entonces una densa bocanada de humo de tabaco cubano malo que hacia toser al país entero. Comentaba que sustituirá a los dólares que ya no tenemos, con rupias que tampoco existen; y escuchaba el sonido desapacible de unas maracas demenciales.

En verdad, hace 19 años que la política económica de Venezuela está en manos de brujos charlatanes. Como todo buen brujo, Chávez poseía habilidades histriónicas y carecía de escrúpulos; con esos atributos sedujo a un país incauto e impuso un régimen económico anacrónico e inviable (“todos los días nace un burro y quien se lo encuentra es de él”, decía cínicamente mientras comía dulce de lechosa). Como suele suceder, el brujo desfalcó a su víctima. Gracias al control de maná de petrolero, aseguró la complicidad corrupta de las cortes espirituales: la Corte Negra de Aristóbulo y Ramírez, la Corte de los Libertadores de Diosdado, la Corte de Maisanta donde reinan las Infantas y la Corte Malandra de Iris y Carreño.

El brujo Maduro, desangelado y torpe, no encanta ni seduce; ni mucho menos convence. Es por ello, como suele suceder cuando los sortilegios ya no funcionan, que recurre al chantaje y a la violencia para mantener sometida a su víctima.

El país se ha convertido en un aquelarre desordenado, triste y miserable que se descompone, se diluye y se evapora. Es un país de zombis desesperanzados que se entregan a la rutina embrutecedora de la lotería de animalitos. Esta es la herencia que nos deja la práctica insensata de la brujería económica.

https://manuelnarvaez.wordpress.com/2017/09/13/brujeria-economica/

Manuel Narvaez

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