Opinión
Buscando desesperadamente un salvavidas
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Los niveles crecientes de repudio e impopularidad del gobierno Cabello-madurista, que ha hundido a Venezuela en la peor crisis de toda su historia, y cuya precariedad anticipa una contundente derrota electoral en las elecciones parlamentarias decembrinas, ha disparado las alarmas  en la cúpula podrida gubernamental, que busca con afán y desesperación una tabla de salvación, un salvavidas, que pueda sino evitar al menos aminorar los efectos del descalabro electoral.

 

 

 

En esta estrategia, nada más  usual que la búsqueda de un tema, o la fabricación de un enemigo externo, con quien confrontarse tratando de nuclear en torno al gobierno un respaldo nacional. Este recurso ha sido repetidamente utilizado por sátrapas y dictadores para tratar de desviar la atención de la opinión pública en torno a sus desastrosos desempeños y tratar de compactar al país en la defensa de los intereses comunes. Ejemplos sobran: Los militares Argentinos puestos contra la pared en 1.982 por su estrepitoso fracaso económico, y por su política de desapariciones forzosas y violaciones masivas a los derechos humanos, apelaron a la guerra para la legítima reivindicación de las islas Malvinas. El efecto fue contradictorio y al final desastroso, pues tras un respaldo nacional a su posición, luego ante el fracaso militar el repudio popular se hizo masivo forzando la transición a la democracia.

 

 

 

A Similar expediente hecho mano, el dictador genocida Chileno Augusto Pinochet, cuando arrinconado por las acusaciones en su contra exacerbo el tema pendiente en el canal de Beagle para tratar de unir al país en su controvertido reclamo frente a Argentina, zanjado pacíficamente gracias a la oportuna mediación vaticana. Igual exaltación del nacionalismo, género en Perú Alberto Fujimori, cuando acosado por acusaciones de represión, acudió a la guerra contra Ecuador, disfrazando la desastrosa pudrición que se incubaba en su régimen.

 

 

 

De manera que no es nuevo, ni original, la pretensión de buscar un conflicto internacional, para tratar de solapar las graves situaciones internas, tras una posición común en defensa de los intereses nacionales. Chávez especialista en disociación, confrontación e instigación a la división interna y a las luchas fratricidas, utilizo en más de una oportunidad la figura del “enemigo externo “bien para descargar la incapacidad e incompetencia de su gobierno, o bien para motivar una reacción unificada del país en contra de enemigos construidos artificialmente.

 

 

 

La desesperación, que toca con fuerza a las puertas del gobierno, por el caos interno generado por sus anacrónicas y fracasadas políticas, ha hecho de nuevo agotar las escasas neuronas de los propagandistas del régimen, para fabricar una confrontación que pueda hacerles ganar unos pocos puntos, tan necesarios cuando las mediciones rondan un 85% de desprestigio y repudio popular. El gobierno ha hurgado en su extenso catalogo de enemigos imaginarios que incluyen a Obama, Aznar, Rajoy, Uribe, Fox,  Bush, Toledo, Felipe González, la CIA, la DEA, el pentágono, las organizaciones internacionales de derechos humanos, y por supuestos nuestros vecinos de Guyana y Colombia, para encontrar entre todos ellos uno, que pueda generar un grado de adhesión que se traduzca en la recuperación de unos pocos puntos de su menguada popularidad.

 

 

 

El decreto del Presidente Norteamericano, redactado con un formato tradicional e inmodificable, propio de la burocracia estadounidense, que para imponer sanciones por supuesto narcotráfico o corrupción a funcionarios del gobierno venezolano, decreto al País como “amenaza inusual y extraordinaria “a sus intereses, le brindo en “bandeja de plata “al régimen Venezolano, la posibilidad de desatar una costosa y martillante campaña publicitaria destinada a hacer ver que los sancionados no eran los supuestos corruptos, sino los 28  millones de venezolanos, que nada teníamos que ver con el asunto.

 

 

 

Un error de redacción, de un decreto Presidencial en USA, Le permitió al gobierno recuperar unos pocos puntos de su disminuida aceptación, que pronto volvieron a la desafección, pues el gobierno Chavista paso de la confrontación a la adulación y al zalameo frente a la administración Obama, y el hambre volvió con todo rigor a apretar en las barrigas vacías de los venezolanos. Ahora de nuevo el gobierno busca un nuevo foco de conflicto y confrontación internacional. El tema de la reclamación del territorio Esequivo, abandonada por 15 años, es traído de nuevo al tapete pretendiendo despertar una ola de solidaridad y respaldo de los venezolanos. Solo que la propia despreocupación y el silencio complice del gobierno frente a todos los actos de dominio de la vecina Guyana sobre la zona en controversia, no permiten sensibilizar , ni motivar a una opinión pública más interesada y concentrada en resolver los problemas de su cada vez más difícil subsistencia.

 

 

 

Como la flauta no ha querido  sonarle con Guyana, el gobierno cambia el tercio, y dirige su confrontación hacia la otra frontera, la de nuestra vecindad con Colombia, que al contrario de la anterior es una zona caliente y dinámica, llena de intercambios y por supuesto de problemas a uno y otro lado, que solo pueden resolverse mediante la concertación, el dialogo y la cooperación binacional. La declaratoria del Estado de excepción, el cierre indefinido de la frontera, la deportación masiva de colombianos, la virtual razzia militar y policial en poblaciones fronterizas, parecen más destinadas a escalar y exacerbar el conflicto que a actuar efectivamente en su solución.

 

 

 

El gobierno naufraga en medio de su incompetencia y su anacronismo y ahogado en un mar de corrupción, difícilmente cualquiera de estos imaginarios enemigos que se esfuerza en fabricar pueda salvarlos de la impopularidad que los condena de antemano a una debacle electoral.

Rafael Simon Jimenez

Ex parlamentario e historiador
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rafaelsimon57
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