Opinión
CALLE, DIÁLOGO Y NEGOCIACIÓN NO SON CONTRADICTORIOS SINO COMPLEMENTARIOS
Opinión

Enrique Ochoa Antich

  • Si al diálogo se le exigió resultados en dos semanas, ya va siendo hora de que a la calle se la evalúe con base en los mismos criterios.

¿Qué persigue la oposición? ¿Elecciones generales que requieren de una reforma de la Constitución? ¿Aceptaría elecciones regionales ya? ¿Está dispuesta a aceptar el único cronograma electoral posible?: regionales y municipales en diciembre 2017 y presidenciales en diciembre 2018.

Un liderazgo que merezca llamarse tal debe incluso ser capaz de contradecir a sus propios seguidores.

La mayoría del país desde uno a otro polo rechaza el extremismo y pide diálogo, negociación y reconciliación nacional.

La Venezuela de hoy requiere de un amplio acuerdo nacional que aísle a los dos extremismos basados en un programa mínimo común para la reinstitucionalización de la democracia y la reconstrucción económica y social del país que conduzca a un Gobierno de Unidad Nacional.

El gobierno debería percatarse de los niveles de rechazo que tiene y propiciar una salida electoral.

Apoyamos declaraciones de la Fiscal y del gobernador de Lara y lamentamos la actuación del Defensor del Pueblo.

Escribo este documento a título personal, como ciudadano de la república. Se lo remito a la oposición democrática (partidos de la MUD inclusive pero también a la oposición que está mucho más allá), al gobierno, al Alto Mando de la Fuerza Armada, al Vaticano y a las iglesias, y a las embajadas en Caracas, en lo que pueda contribuir a esclarecer la enturbiada realidad nacional. Lo escribo desde la razón, pero también desde la pasión; desde la lucidez, pero también desde la honda angustia.

 

Lo primero es exigirle tanto al gobierno como a la oposición detener la violencia cuanto antes y buscar algún tipo de escenario de negociación. Podemos repetir los versos de Neruda no más iniciada la guerra civil española: “Venid a ver la sangre por las calles. Venid a ver la sangre por las calles”. La calle, sí, es un derecho constitucional que debe ser defendido, pero no puede convertirse en un juego de muchachos cuando lo que está en riesgo es la vida de decenas y ojalá que nunca de centenares de compatriotas. Con la violencia del hampa tenemos suficiente como para que agreguemos ahora una violencia política que puede irse de las manos, como se está viendo. En tal sentido, expreso mi apoyo a las declaraciones de Luisa Ortega Díaz, Fiscal General, y Henri Falcón, gobernador de Lara, en las que ambos exigen al gobierno respetar el derecho a la manifestación pacífica, resguardar los derechos humanos por parte de los cuerpos de seguridad del Estado, y detener la represión injustificada, y llaman a superar la confrontación violenta en nombre de la democracia y la paz, al propio tiempo que lamento la actuación del Defensor del Pueblo a quien observo demasiado interferido por su pertenencia al proyecto político del PSUV-gobierno hecho que lamento pues por muchos años compartí con él la defensa de los derechos humanos, en particular durante los sucesos de febrero y marzo de 1989 conocidos como el “Caracazo”, y la propuesta de creación de esta institución trascendente y propia de una democracia moderna y popular.

 

Luego de más de 20 muertes, los venezolanos tenemos derecho a que la MUD nos diga cuál es el objetivo de las protestas, de modo de que puedan ser evaluadas de acuerdo a sus resultados. Si al diálogo sin calle se le exigió resultados en dos semanas, ya va siendo hora de que a la calle sin diálogo se la evalúe con base en los mismos criterios antes de que comiencen a apagarse por fatiga e inanición, lo que traerá más desencanto y más desesperanza aprendida entre los demócratas.

 

A este respecto, me atrevo a formular varias preguntas:

 

  • ¿Sabe la MUD para qué son o cuál es el propósito concreto y tangible de estas protestas?

 

  • ¿Se persigue el derrocamiento ya del gobierno?, lo que sólo sería posible mediante una fractura de la Fuerza Armada, un golpe de Estado militar, o una intervención extranjera como la que sugirió el Comando Sur de EEUU, opciones que un demócrata y patriota debe rechazar explícitamente (en lo personal, me parece penoso que la MUD no haya repulsado en su momento las inaceptables declaraciones del almirante Kurt W. Tidd).

 

  • ¿Se propicia una “insurrección” -que es el concepto usado por María Corina Machado- y la anarquía total del país?

 

  • ¿Se busca la renuncia de Maduro?, que es lo que quizá está en la mente de quienes, como Henrique Capriles, anuncian supuestos e inminentes “desenlaces”: ¿creemos en serio que Maduro va a renunciar debido a la presión popular e internacional?

 

  • ¿Se pretende la convocatoria de elecciones generales?, como piden Luis Almagro y algunos destacados voceros de la MUD, lo que requeriría un largo proceso de reforma de la Constitución, cuya defensa es la base legitimadora del discurso de la oposición democrática y a la que ésta no puede renunciar a menos de negarse a sí misma, y, claro, un acuerdo gobierno-oposición previo: ¿eso es posible? Nos atrevemos a sugerirle a la oposición considerar que las únicas elecciones generales (dadas sus eventuales consecuencias transformadoras de todo el Estado, según reza el artículo 347 de la Constitución) son las de una Asamblea Nacional Constituyente y que para que ésta tenga sentido, para que no sea de nuevo la pretensión de imponer un sector por sobre el otro, ni un escenario de exterminio de la minoría, sino una oportunidad para la reconciliación, la reinstitucionalización y la reconstrucción del país; para la transición pacífica, democrática y electoral del autoritarismo a la democracia plena; y para el acuerdo nacional alrededor de un nuevo consenso de país a través de un gobierno de unidad nacional, debe hacerse mediante un pacto gobierno/oposición al menos en sus reglas, lo que implica diálogo y negociación.

 

  • ¿Se pide la aprobación de un calendario electoral?, lo que también requiere de un acuerdo oposición-gobierno. ¿Está la oposición dispuesta a aceptar el único cronograma política y técnicamente posible?: regionales y municipales en diciembre 2017 y presidenciales en diciembre 2018. ¿O cree la oposición, como han dicho algunos de sus voceros, que las elecciones regionales son un “somnífero” (vocablo usado por el partido Vente) y que la única elección que se acepta es la presidencial ya?

 

  • ¿Se quiere presionar al gobierno para que acepte de antemano los términos de una negociación como la que comenzó a acordarse durante la última mesa de diálogo?: suspensión del inconstitucional, ilegal y abusivo desacato que pesa sobre la AN, elecciones, libertad de los presos políticos, ayuda humanitaria. ¿Está dispuesta a cumplir la parte que le corresponde de esos acuerdos y que no ha cumplido? ¿Es capaz de dar un paso atrás de modo de luego dar dos pasos adelante? Una decisión de esta naturaleza permitiría destrabar el juego y, como se acordó en la mesa de diálogo, elegir un nuevo CNE, convocar elecciones en Amazonas y seguir la ruta electoral del cambio democrático, pacífico, civil, nacional, que la mayoría de los venezolanos desea.

 

  • ¿Aceptaría la MUD la propuesta que el Foro Cambio Democrático tiene meses formulando en el sentido de que la lucha de calle debe acompañarse a la vez de diálogo y negociación pues una y otros se complementan y retroalimentan? ¿O este tipo de calle que siempre termina en violencia, muerte y anarquía tiene entre sus propósitos, como dicen algunos,rechazar no sólo al gobierno sino también al diálogo y la negociación como forma de lucha con base en la coartada según la cual sentarse a conversar con el régimen autoritario es una traición, una conciliación inaceptable, pues “con dictadores no se negocia” (como exclaman algunos necios), y porque implicaría la renuncia de la calle por parte de la sociedad democrática, lo que no es para nada cierto y más bien es una coartada y una patética justificación? Como ya dijimos alguna vez: Protesta pacífica en la calle sí, diálogo y negociación también.

 

La MUD le debe todas estas respuestas al país pues una dirección política que merezca llamarse tal debe saber con claridad y explicar cuáles son sus objetivos. Manifiesto mi preocupación porque la MUD esté siendo manipulada y confiscada vía hechos cumplidos por sus sectores más extremistas, y subrayo que todo liderazgo para serlo debe incluso ser capaz de contradecir a sus propios seguidores en vez de dejarse llevar por campañas internacionales, tweets y redes, y chantajes intolerables.

 

Está haciendo falta un nuevo modo de hacer oposición. Percibo que amplios sectores del país se sienten ajenos al extremismo de cualquier signo y que en la oposición la mayoría popular se ve expresada en el discurso de quienes defienden la moderación y la prudencia y no la aventura, la ruta democrática y no la ilusión de una salida ya, factores todos que deberían con audacia y coraje encontrarse en una plataforma propositiva y de cambio democrático y social como el que Venezuela demanda a gritos. La mayoría silenciosa del país desde uno a otro polo, rechaza al radicalismo infecundo (porque hay uno fecundo, pero no es éste el caso) y pide diálogo, negociación, acuerdo y reconciliación nacional.

 

¡Ya está bueno de muertes! Como se sabe, fui defensor de los derechos humanos durante los sucesos del “Caracazo” de 1989, y vi de cerca el llanto, el sufrimiento, la sangre, y la muerte de los inocentes. Con esa autoridad alerto acerca del peligro de una explosión como aquélla del 27F que cobre la vida no ya de decenas sino de centenares de compatriotas.

 

¿Cuántas muertes serán necesarias para que gobierno y oposición sean capaces de acordarse en un mínimo posible?

 

El gobierno-chavismo debería percatarse de los niveles de rechazo que tiene hoy y propiciar una salida electoral para una transición en paz comprendiendo que pasar a la oposición no es en democracia ninguna tragedia sino sólo algo transitorio. Numerosos son los ejemplos históricos que lo prueban y que no es necesario mencionar aquí. Debe percatarse de los riesgos cada vez más presentes de que se produzca un alzamiento militar de las jóvenes promociones y por lo tanto una costosa conflagración armada con características de guerra civil, lo que creo nadie quiere o nadie debe querer

 

Entre dos extremismos irracionales está un país deshecho, agobiado por la violencia y la pobreza, que sólo aspira paz y reconciliación para reconstruirse. La Venezuela de hoy requiere de un amplio acuerdo nacional que aísle a los dos extremismos, un pacto que garantice una transición entre el autoritarismo y la democracia que para ser exitosa debe ser pacífica y por tanto negociada, y un cambio democrático basado en un programa mínimo común para la reinstitucionalización de la democracia y la reconstrucción económica y social del país que conduzca más temprano que tarde a la conformación de un Gobierno de Unidad Nacional que lo sea de veras, es decir, de todos los venezolanos, y a un nuevo consenso nacional.

Dossier 33

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