Opinión
CANAL HUMANITARIO
Opinión

Por: Román Ibarra

@romanibarra

Para: Diario 2001

Recientemente, los Presidentes del Brasil, y Colombia, (Temer, y Santos), se reunieron especialmente para abordar las posibles soluciones a la crisis de Venezuela, con la expresión de angustia propia de estadistas que piensan, no sólo en la necesidad de resolver los problemas sociales internos de sus respectivas naciones, sino también la de los vecinos, producto de la diáspora cada vez más desesperada y desorientada que protagonizan nuestros compatriotas hacia cualquier lugar de mundo.

Son harto conocidas a través todos los medios de comunicación, así como por intermedio de los diplomáticos que cumplen funciones en nuestra tierra, las calamidades y vicisitudes por las que atraviesa el pueblo venezolano, como víctima de la crueldad; la indolencia; la insensibilidad, y la putrefacción de alma de un gobierno como el que –por desgracia- dirige aun los destinos de este país.

Las veces que se le ha llamado la atención a los voceros más altos del gobierno, incluyendo al Presidente, en organismos internacionales; multilaterales, y hasta en los medios de comunicación acerca del hambre, y mengua que sufre la mayoría de nuestros compatriotas por falta de comida, y alimentos, han tenido la desfachatez, y el descaro de negar que ello ocurra.

Es que acaso el mundo entero no ve a nuestros hermanos comiendo a diario de la basura,  muriendo prematuramente por la escasez de medicinas, o por la incapacidad económica de los ciudadanos para acceder al sistema de salud privado, en vista de que el sistema público es una absoluta ruina en manos del gobierno que en 19 años ininterrumpidos ha dispuesto de la más colosal fortuna derivada de los recursos económicos y financieros de la renta petrolera?

La ex canciller de la República Delcy Rodríguez, llegó a decir que ¨Venezuela disponía de suficiente comida como para alimentar a tres países; que aquí no había, ni hay ninguna crisis¨.

Semejante descaro solo es posible en las palabras de un ser sin alma, incapaz de sentir conmiseración por el pobre; por el desvalido, por el semejante. Desde luego, ello ocurre porque estos desalmados no se bajan de una súper camioneta con vidrios  ahumados; un avión, o una oficina desde donde muy poco les importa la suerte de esos a quienes con su proceder corrompido convirtieron en los más pobres de la tierra; mendigos e indigentes del socialismo del siglo XXI, que en mala hora creyeron las promesas de redención de estos degenerados.

Solo son estafadores de la fe ciudadana que secuestraron las instituciones del Estado para atracar las arcas públicas y convertirse en potentados multimillonarios sin haber trabajado nunca.

Son grotescos e impúdicos en la exhibición de su riqueza mal habida, se regodean morbosamente con lo robado, y además desprecian a los millones de ciudadanos a quienes utilizaron para alcanzar un poder que jamás podrán ejercer con decoro por mediocres, e inmorales.

Esa tendencia ominosa que ha destruido  la fe, y la esperanza de los venezolanos, tiene que ser revertida con un nuevo gobierno que sea orgullo de la ciudadanía; virtuoso, y modelo en el manejo de la cosa pública.

Eso solo es posible a través de mecanismos electorales que por errores inexcusables nos hemos negado. Se abandonó la ruta electoral, y el vacío fue llenado por una candidatura de oposición, que no comporta la unidad necesaria.

Ahora solo quedan dos caminos: presionar junto a la comunidad internacional para lograr la suspensión y nueva convocatoria de elecciones libres, o acompañar dentro de un acuerdo de gobernabilidad a la candidatura existente. Pero es urgente salir democráticamente del peor gobierno del mundo por corrupto y ruin!!

Roman Ibarra

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