Opinión
Chile: la reforma que no es
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La situación de Chile recuerda la de otros países en coyunturas de cambio, con la posibilidad de dar el “salto quántico” hacia el desarrollo y la prosperidad, en el caso chileno consolidarse entre los países desarrollados, o hundirse en el infierno de los necios, como Venezuela a partir de 1989, cuando la élite dirigente botó el juego y lanzó el país por el tobogán en el que aún desliza. El país presenta una situación económica extraordinaria y un crecimiento acumulado por 35 años, con problemas típicos de una sociedad en transición, que solo se resuelven con un Estado más eficiente y un incremento de las inversiones de capital en las áreas de servicios, especialmente en la educación. Todo esto es el marco de una ralentización del crecimiento  desde 2012 producto en gran medida de la desconfianza que generó la simbiosis de la candidata Bachelet con un grupo de dirigentes comunistas que le dieron fisonomía a su programa de gobierno. 

Una de las cosas que se ponen a prueba es la estabilidad de la coalición de gobierno, la Nueva Mayoría, en la que coexisten desde el Partido Comunista hasta la Democracia Cristiana, una combinación que luce estructuralmente complicada. Para completar, la presidenta no ha sido nunca muy afín al manejo de la vida de los partidos, sobre la que conoce y se interesa poco, lo que hace predecible que los conflictos en la coalición puedan profundizarse. Los nuevos dirigentes estudiantiles amenazan con salir otra vez a la calle a exigir el vellocino de oro: una educación superior “gratuita y de calidad”, uno de los mitos más dañinos en Latinoamérica actual. Paradójicamente el movimiento estudiantil chileno defiende tesis conservadoras sobre cuál es la educación deseable.

Problemas de la educación formal 

No han superado las concepciones herederas de la Reforma de Córdoba y los programas del reformismo de desde los años 40 del siglo XX y pese a sus buenas intenciones se vinculan con lo que podría llamarse “la revolución reaccionaria”. Sacralizar la educación académica,” “larga”, teoricista, y elitesca, es una concepción obsoleta incluso en los países desarrollados. Chile está a punto de emprender el camino de la agitación social por objetivos que no lo son. Lo que propone el movimiento estudiantil no contribuirá al verdadero propósito de los cambios sociales: superar la pobreza.¿Qué tipo de educación requiere Latinoamérica para reducir las desigualdades, desarrollar la sociedad, modernizarla, mejorar su calidad y tener mejores ciudadanos, más preparados para enfrentar la vida?

¿La educación existente forma para que la gente pueda tener un trabajo decente?¿Cómo afecta la revolución científico técnica la estructura de los sistemas educativos Las coberturas educativas primaria y secundaria han crecido, pero urgen debates nacionales, para hacer profundas reformas que garanticen una nueva era, un salto en la calidad, la utilidad y la actualidad del conocimiento impartido, para favorecer  los sectores de menores ingresos. La educación integral, para la vida, produce beneficios en la convivencia, el desarrollo humano, el progreso y la cohesión social. Formar la niñez y la juventud, requiere un cuerpo docente diestro, y modernizar la infraestructura de servicios educativos, revisar los sistemas curriculares, la metodología de enseñanza.

Educación larga 

Según  Unesco la inversión educativa debe ser como mínimo de 8% del PBI y de 2% para investigación, mientras los promedios regionales están por debajo. Después que finalizan sus carreras de dieciséis, dieciocho y veinte años, no encontrar trabajo, o uno precario, la frustración los impulsa a emigrar  en busca de otro en el que ni siquiera van a ejercer sus profesiones. La incongruencia es que grandes empresas salen del Primer Mundo y se relocalizan en Latinoamérica, China, India. Es una oportunidad que requiere condiciones para cultivarla. El contenido de los estudios merece revisión para ensamblar la enseñanza con estos procesos. La revolución científico técnica creó nuevas ocupaciones, transformó las que ya existían y con ellas las calificaciones requeridas.

A mayor calificación mejores perspectivas como indican las tasas de empleo, la evolución de la vida del trabajador y  las diferencias salariales. Los menos capacitados tienen historias laborales con salarios inferiores y muchos más episodios de paro. Empeoran su posición respecto a los mejor capacitados y pierden netamente en el proceso. Jóvenes egresados caen en el desempleo y hay que aprender de varias paradojas que no acostumbramos ver más allá de lo anecdótico: un trabajador independiente en destrezas como albañilería, plomería, carpintería, reparación de computadoras y celulares,  o electricidad, recibe con frecuencia ingresos superiores a los de un profesional universitario de clase media . Pese a la alta tasa de paro en EEUU, empresas enfrentan dificultades para encontrar mano de obra calificada por la abundancia de profesiones sin demanda.

Formación teorética

Es difícil conseguir empleos de alto nivel si los estudios no corresponden a exigencias de la sociedad productiva, con el componente de que las tareas puramente físicas ceden ante las que requieren conocimientos y exigen pensar y hacer. Un sistema educativo del siglo XXI requiere organizar los aprendizajes distinto de como han sido, elevar  la calidad del profesorado. La educación tradicional es un proceso “largo” y aún así, los profesionales entran a las empresas a completar su calificación. Aunque hay diez mil quinientas (10.500) ocupaciones registradas, pocas requieren educación superior. Al lado, la formación técnica media dota para un empleo que permita la realización personal y familiar. La universidad es el camino más largo, y el más corto, una carrera técnica de gran demanda.

En el clasificador internacional de Escala de Ocupaciones, las más altas, hasta el nivel 9, representan apenas 30% de la ocupación. El otro 70% requiere formación técnica media. El teoricismo de la educación tradicional es un serio problema y las empresas pueden hacer programas para  pasantes de ingeniería, que egresan hiperteóricos, para entrenarse en soldar, cortar, desarmar y armar, hacer instalaciones, lo que en una vieja mentalidad tal vez no se considera apropiado. Un ingeniero que no haya desarmado un motor, hecho un tendido eléctrico o fundado durante sus estudios las bases de un edificio, tendrá dificultades para dirigir cuadrillas que hagan esas tareas. Acuerdos de cooperación entre Estado, empleadores y trabajadores es necesaria para calificar el capital humano. No es sólo masificar la educación, sino que sea útil y superar la no correspondencia satisfactoria entre egresados de las universidades tradicionales y lo que la sociedad requiere.

La reforma necesaria

Hay que desplegar la voluntad de quienes tienen en sus manos el cambio para innovar los centros de enseñanza, garantizar excelencia en la gestión de los recursos. La reforma educativa y el desarrollo de la infraestructura son esenciales para superar la baja productividad de la economía latinoamericana. Los cambios económicos e informáticos de las últimas décadas distanciaron el sistema educativo formal y los requerimientos reales. Deben encararse los rezagos, necesidades de los ciudadanos, tensiones del mercado laboral, e investigar las aspiraciones de los jóvenes. Adaptarse a la mundialización y mantener como principio fundamental que la educación básica llegue a  todos.  Una nueva concepción educativa pone en duda la tendencia hacia carreras largas.

El promedio anual de gastos de un estudiante universitario está entre 300 y 500 dólares y la formación técnica cuesta lo mismo, pero por menos tiempo. A pesar de eso, el Estado ha sido reticente a financiarla. Hay grandes deficiencias en las capacidades cognitivas de los niños, particularmente de bajos recursos, que reciben una educación inferior a otros grupos. Existen dos circuitos educativos: uno de excelencia y otro subalterno, el mayoritario. La exigencia dramática para cerrar brechas es educación de excelencia para todos, pasar de la igualdad de oportunidades a la igualdad de competencias y hacer toda la educación de primera. Si dos jóvenes compiten por un empleo o una beca, el que conoce las tecnologías de la información, maneja powerpoint, Internet, triunfará sobre el que carece de esos conocimientos.

Formar para la práctica

Ganará el más calificado. En los países con menos desempleo juvenil, Alemania, Suiza, Austria, la mayoría de la fuerza de trabajo se forma con el sistema dual, aprendizaje en la producción dentro de las empresas. Este sistema de pasantías “ampliadas” facilita la transición educación-trabajo. Los objetivos y contenidos de aprendizaje se establecen con las empresas, que con requisitos apropiados, abren oportunidades. Pueden crearse módulos en horarios especiales para que quienes optan por carreras cortas, cursen materias y obtengan títulos académicos. Las firmas facilitan el aprendizaje y el gobierno concede créditos educativos, transferencias condicionadas y becas sueldo.El propósito es que todo joven consiga un empleo, y para necesita destrezas técnicas y de comportamiento.

No se pueden esperar resultados del siglo XXI con educación del siglo XIX. El empleo temporal, muy importante para quienes estudian o lo requieren coyunturalmente, se facilita con reglamentaciones sencillas y equilibradas. Una empresa española fue a trabajar a zonas desérticas al norte del Perú. Llevó investigadores de Europa para estudiar composición de los suelos, aguas, plagas, flora, fauna. Una vez concluida la investigación, dieron cursos a los contratados con los conocimientos  logrados. El convenido para peón de riego recibió entrenamiento en base a ese estudio técnico. Se convirtió así, en un santiamén, en trabajador calificado de una empresa agroexportadora trasnacional. El objetivo de la educación tradicional es dictar ideas, conceptos, memorizar informaciones, mientras el saber práctico proviene de investigaciones aplicadas y es necesario para empresas de alta tecnología.

Asimilarlo requiere habilidades de la vida y educación básica. Ser peón de riego, en el pasado entre las nueve ocupaciones más elementales del agro, ahora es un oficio calificado. La revolución educativa latinoamericana debe ser educación para el trabajo. Solo una mínima parte de los trabajadores tiene acceso a enseñanzas técnicas, y la industria prefiere los mayores con experiencia a los jóvenes inexpertos. Se mantiene el prejuicio cultural contra oficios funcionales que no se consideran suficientemente dignos. Ante la escasez de laboratorios hay que “aprender haciendo”. Antes se señaló el alto costo de la educación para el trabajo en talleres reales. ¿Qué estudiante de extracción social modesta puede pagarlo? Las familias en condiciones son las de mayores ingresos, cuyo interés es la universidad, que no habilitará al estudiante para trabajar y necesitará práctica después de graduado. Ojalá el movimiento estudiantil chileno discuta en profundidad sus propuestas, en función de mejorar la vida de los más necesitados. @carlosraulher

Carlos Raúl Hernández

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@carlosraulher
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