Opinión
Ciencia Lúgubre
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esde que Thomas Malthus presentó sus sombrías predicciones sobre el agotamiento de los recursos naturales por causa de la geométrica presión del crecimiento demográfico, la economía es conocida como la ciencia lúgubre. Personalmente, nunca como ahora había sentido con tanta fuerza el estigma que acompaña a esta disciplina.

Para los venezolanos de hoy, todas las noticias económicas son negativas y parecen anunciar tiempos peores. La inflación sube sin control y la escasez se profundiza. En el ámbito internacional, la pérdida de empuje de la economía china enfría el crecimiento económico global y provoca la caída del precio de las materias primas, particularmente del petróleo. Por cierto, aquellos que todavía creen el cuento de que el comandante Chávez fue el artífice de la última bonanza en los precios petroleros, tienen la oportunidad de bajarse de esa nube. La verdad es menos heroica, más prosaica: cuando China e India crecían a tasas superiores al 8%, los precios flameaban; ahora, en tiempos de contracción económica, los precios se desploman.

Mientras la situación económica se deteriora aceleradamente y el empobrecimiento colectivo es cada vez más notorio, el gobierno gesticula y gruñe como si nada pasara. En ocasiones, y disculpen si lo que voy a escribir es demasiado crudo, me siento como los pasajeros del avión de Lufthansa: impotentes frente al trágico destino en Los Alpes al que les llevaba Andreas Lubitz, el piloto desquiciado.

Muchas veces me he preguntado a qué se debe esta actitud, francamente criminal, de quienes dirigen al país. ¿Será simple ignorancia? ¿Será el placer sádico del carcelero? ¿Será la salida suicida de quien contempla el colapso de sus delirios de grandeza? A estas alturas, en verdad, esas interrogantes importan poco. Lo que sí tiene importancia capital, es que no perdamos la oportunidad de cambiar, en diciembre, el destino de nuestra nación.

Manuel Narvaez

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