Opinión
¿Cómo sobrevivir a la hiperinflación? , por Carlos Blohm
Opinión

El problema económico más grave en nuestro país este año es la hiperinflación. La definición más usual es la del economista Philip Cagan: 50 % mensual. Si es así, nos acompaña desde octubre, por lo que estamos comenzando el octavo mes. Para explicar bien su origen es necesario usar algo de matemáticas. Comencemos por definir la masa monetaria “M” la cual es emitida por ley por el Banco Central, el cual tiene el monopolio de emisión. M consiste en la suma de efectivo y cuentas bancarias en todos los bancos. El año pasado aumentó alrededor de 18 veces. Este año ha acelerado su crecimiento, estimándose que se duplicó en marzo y en abril.

Cada año, nuestro país produce un conjunto de bienes y servicios, llamado Producto Interno Bruto “PIB”, el cual consiste en las cantidades de unidades de diferentes bienes y servicios, “Q” cada una de ellas con un precio unitario “P”. El conjunto de bienes y servicios, PIB viene de multiplicar cada bien o servicio por su precio, es decir P x Q = PIB. La cantidad producida, Q, ha ido disminuyendo debido a la hostilidad gubernamental a la actividad productiva privada y a la vez al colapso de la actividad estatal, incluyendo el petróleo.

La masa monetaria M circula entre todos; es necesaria para permitir la producción y el intercambio de bienes y en un año se utiliza un número de veces. El número de veces que rota para producir el PIB, o P x Q, es la velocidad monetaria, “V”. Esta velocidad aumenta a medida que los ciudadanos pierden fe en el respaldo de reservas y, por ende, en la estabilidad del bolívar.

El conjunto de precios P, medidos por la Asamblea Nacional, es la mejor y más oficial medición que tenemos (complementada por empresas consultoras privadas con sus índices). ¿Qué afecta a P? Hay que despejar P en la ecuación monetaria, lo que queda así: una fracción donde precios P es igual a liquidez M por velocidad V entre cantidad Q: P=M x V/Q. El numerador M x V crece enormemente ya que la emisión desbocada de liquidez M se ve amplificada por la cada vez menor confianza que hace que la velocidad V suba, al no querer nadie retener sus bolívares.

El embate contra la producción nacional y contra la libre importación, unido a los controles confiscatorios de precios y divisas, además del colapso de industrias y servicios estatales, hace que la cantidad producida Q siga cayendo a un ritmo jamás antes visto en nuestro país. Esto se refleja en mayor desempleo y desabastecimiento, hambre y deterioro de salud, entre otros. Al caer el denominador y subir el numerador los precios se aceleran aún más.

Es un proceso creado completamente por la acción estatal y no una conspiración del sector privado, que también es una víctima que se empobrece junto a todo el país. Basta recorrer cualquier ciudad, llegar a cualquier aeropuerto, para ver las calles vacías, los apagones, las faltas de agua y teléfono, para ver que estamos en uno de los últimos capítulos en la novela “La Rebelión de Atlas” de Ayn Rand, aplastados todos por el último gran experimento socialista fallido. Las colas ante consulados y en puestos fronterizos completan la escena desgarradora de un país que pierde a su juventud en este colapso.

Falta lo peor: todas las hiperinflaciones se aceleran y terminan en un gran final pavoroso con inflaciones diarias de hasta 50-100 %. Los efectos actuales se multiplicarán porque la dinámica es exponencial y se alimenta a sí misma. Sectores completos serán aún más afectados, especialmente aquellos que operan con la moneda nacional como seguros, finanzas, pensiones, alquileres, financiamientos privados, compromisos de pago y, por supuesto, sueldos. Mientras tanto, para sobrevivir, es necesario cuidar el flujo de caja ante todo, ser austero y a la vez flexible, cuidar los activos, llevar las cuentas en divisas, exportar bienes y servicios y con precios locales a costo de reposición.

¿Cuáles son las fuentes de esperanza que nos deben guiar? Ninguna hiperinflación dura por siempre. De las 58 que ha habido, han durado entre seis meses y cinco años. Terminan con una reforma liderada por un banco central y autoridad financiera de gran credibilidad y con una reforma monetaria (quitando seis, nueve o doce ceros) sea a una nueva moneda creíble o una moneda confiable de otro país. La otra fuente de esperanza de que esto tiene fin, es que en el resto del continente y en muchos países del mundo se goza de un estado de derecho como lo pensaron los inventores de la democracia moderna, Hume y Montesquieu, además de Roscio y Bolívar al independizarnos. Libertad de ejercer actividad económica y derecho a la propiedad (arts. 112 y 115, CRBV) son claves para que los venezolanos enderecemos el rumbo lo más pronto posible. El tiempo apremia.

Sofia Torres

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