Opinión
Confidencias -no totalmente- imaginarias de Ramón J. Velásquez
Opinión

(Parece apropiado que al inventor del género de la entrevista imaginaria se le aplique su propia medicina. En su grata memoria, esta entrevista que ni le hice ni le dejé de hacer)

 

…“Pero aún creo que no lo entiendo bien. Este país no solo lo he estudiado sino que lo he vivido a fondo. He pateado las calles de sus pueblos  desde que eran aldeas, y ahora  son grandes ciudades. Me gusta hablar con la gente. Cuando me invitan al interior a dar alguna conferencia, disfruto mucho conversar con empresarios, maestros, periodistas. En esos intercambios aprendo mucho, me actualizo sobre los problemas y conozco la nueva gente, los líderes jóvenes que han aparecido, como también conocí a sus padres y abuelos. Esa es la mejor universidad. Puedo decir sin equivocarme que he conocido a todos los hombres y mujeres que tomaron las decisiones del país desde 1936. Lo que no logro averiguar es por qué somos tan destructivos. Quién no es depredador probablemente le muerdan la yugular. Lo triste es que eso convive con aquel rasgo sociológico señalado por Bolívar con amargura, cuando dijo que nos arrastrábamos en las cadenas y nos levantábamos en los tumultos, se repite hasta la nausea. Basta que un mandatario sea tolerante, respetuoso de la ley y de las instituciones, para que nos lancemos sobre él como caníbales…

 

… “Yo creí que había podido sortear esa fatalidad. A los casi ochenta años pensaba que había construido una trayectoria invulnerable, basada en el estudio, el trabajo, la solidaridad con la gente, en hacer el bien a los demás. Pero estaba equivocado. Me tocó mi cuota. No tenía un interés exagerado por ser Presidente por siete meses, pero tampoco dejaba de tenerlo porque no era desdeñable. Y sabía perfectamente que iba  a serlo y que mis posibilidades crecían cada vez que les daba un no rotundo a los jefes de los partidos cuando me lo planteaban. A cada negativa me los imaginaba después reunidos y lanzando nombres a la mesa, que inmediatamente quedaban despedazados. La conclusión era siempre que volveríamos a hablar. Pero la obra que me da satisfacción es el rescate de la documentación para el estudio historia política de Venezuela. Construí los archivos de Cipriano Castro y Juan Vicente Gómez. Fundé el Archivo Histórico de Miraflores y dirigí la colección del Pensamiento Político Venezolano del Siglo XIX en quince tomos y la del Pensamiento Político Venezolano del Siglo XX, que va por cien tomos”…

 

… “Mis amigos me insistían en que aceptara la Presidencia por la salvación de la democracia, porque según decían, si no era yo, las fuerzas políticas no se pondrían de acuerdo alrededor de nadie y era previsible una salida anti institucional. Una tarde llegaron a mi casa Alfaro, Pedro París, Hilarión Cardozo y José Curiel, las cuatro máximas autoridades de los principales partidos y prácticamente me conminaron a aceptar, con el argumento de que si no lo hacía, era inevitable un nuevo golpe militar. Todos los demás aspirantes estaban desechados luego de la molienda de las conversaciones. Había llegado el momento de aceptar. Desde que tomé posesión sentí que el barco se hundía. No era fácil darle credibilidad a un gobierno de apenas siete meses de vida. Todas las noches me acostaba con la información de que esa madrugada era el golpe…”

 

… “Sentado en la silla presidencial me imaginaba que en cualquier momento llegarían tropas alzadas atropellando y disparando, y todos los días me alegraba de que eso no hubiera ocurrido. Hacía chistes con eso para que llegaran a todos los oídos necesarios y decía un día más que no amanecí amarrado por algún oficial. En septiembre me avisaron que un coronel  había anunciado en público y con detalles que me iba a tumbar y como lo haría. La información me llegó por varias vías, incluyendo la DIM. Lo mandé a buscar perentoriamente e Miraflores. Cuando se presento, entre arrecho y asustado, lo primero que le dije fue: Coronel, como me dijeron que Ud. me iba a tumbar, decidí primero tener el gusto de conocerlo. Esas cosas no es bueno que ocurran entre extraños…”

 

…“Ese gobierno mío era tan frágil que me recordaba las tablitas enclenques de los puentes de madera para recuas en las crecientes de los ríos llaneros en el invierno, por allá por los cuarenta cuando no se había modernizado la infraestructura del país. Sobrecogía el bramido de las aguas y como la corriente furiosa lamía los puentecitos. El país era como aquellas aguas espesas y marrones que arrastraban reses muertas y caramos y rugían pidiendo nuevas víctimas. Los partidos me hicieron Presidente de la República, pero prohibieron a sus militantes aceptar cargos en el gobierno. Me encontré entonces, un buen día, como jefe de una república aérea, sin partido que me apoyara y montado en una olla de presión, sin respaldo de los grupos económicos ni de los medios”…

 

… “Tuve que armar un gabinete en 48 horas, con gente a la que ni siquiera conocía personalmente, aunque sabía de su competencia y honradez, y fue imposible evitar que se coleara algún pajarraco de contrabando. A pesar de todas las canalladas que urdieron contra mí, de la campaña de descrédito de que fui objeto con saña, me queda la satisfacción de que cumplí con mi trabajo: llevé el país a las elecciones. Logré evitar que la economía se descompusiera en medio de aquel caos. Confieso que se muy poco de economía, incluso que cuando llegué al cargo tenía de ella una visión un poco tradicional. No me gustaban las privatizaciones, ni el alza de precio de la gasolina, ni los acuerdos con el Fondo Monetario Internacional. Esas cosas me parecían modas o síntomas de dependencia mental…”

 

… “Pero cuando llegué ahí, al puesto de mando y entendí lo que tenía que hacer un capitán de barco y lo que estaba ocurriendo, fue para mí un doctorado en economía en Chicago. Me impresionó mucho una intervención de Haussmann que en una hora me actualizó en la situación de las cuentas públicas y en las medidas necesarias. Me dediqué a completar el programa económico de Pérez, con la Ley Habilitante,  introduje el IVA y apresuré la presentación del programa de privatizaciones. Pero prácticamente prohibí a los ministros pronunciar la palabra macroeconomía. José Vicente Rangel me llamó “continuador del programa de Pérez” una de las peores cosas que en aquel momento podían decirse. El resultado fue que la economía  se mantuvo estable, no se me desmandaron sus equilibrios fundamentales…”

 

… “Ni se disparó el dólar, ni se fugaron las divisas, ni se precipitó el proceso inflacionario. En medio de aquel clima de incertidumbre política, las reservas internacionales aumentaron. Todos los días recibí emisarios que venían a hablar de la libertad de los golpistas del 4-F y el 27-N. Una vez llegaron con una carta respaldada de 30 o 40 mil firmas exigiéndola. Siempre tuve claro y dije a mis amigos para que lo repitieran, que mi posición es que hay que sancionar y no premiar a los que violan el juramento democrático. Por eso mi gobierno no les resultó simpático a algunos. No hay nada más lamentable que conseguirse gente que confunde buena educación con debilidad. Me topé algunos así en la vida y me vi en la necesidad de ponerlos en su lugar, para que la confusión no se extendiera. Por fortuna lo logré”…

 

“Conocí a Rómulo en enero de 1936 y tengo la memoria viva del día que me encontré con el hombre  decisivo del siglo XX venezolano y para mi propia vida. Fue en la Universidad. Acaba él de regresar del exilio y se presentó en la Federación de Estudiantes. A pesar del carisma de Villaba, que era algo así como el ídolo de la juventud, la personalidad de Betancourt resultaba impactante por su solidez, su carencia de vacilación. Tenía una mirada metálica en la que no había grietas. Era un hombre de hierro mientras Jóvito era un hombre de oro, reluciente, brillante. En la conversación con Rómulo me impresionó cuando dijo que había leído completos El Capital de Marx y la Historia de Venezuela de González Guinand. Ese día surgió una amistad que solo terminó con su muerte…”

 

… “Me gusta hacer el bien sin preguntar a quién y lo he practicado durante toda mi vida, desde que era un muchacho. Una vez Leandro Mora, uno de mis mejores amigos junto con Ruiz Pineda, dijo que yo conspiraba para hacer el bien. En la Secretaría de la Presidencia estuve cinco años con Rómulo, durante el gobierno más tempestuoso y dramático del siglo XX, en el que cada día se jugaba la suerte de la democracia. Si Rómulo hubiera cometido algún error, el país se despeñaba hacia una dictadura de izquierda o  de derecha. Eran la época del Porteñazo, el Barcelonazo, el Carupanazo, las guerrillas, el atentado contra el Presidente, las dos divisiones de AD, la ruptura del Pacto de Punto Fijo por Jóvito. Ayudé a mucha gente de izquierda como lo relata Eloy Torres en su libro.  Pompeyo aun lo cuenta”…

 

… “Durante el gobierno de Rómulo develamos 25 conspiraciones militares y se hizo famosa la táctica del Presidente de prohibir la entrada a Miraflores de los ministros cuando había conspiraciones. El decía que ellos y sus esposas eran la primera fuente para regar chismes en Venezuela. Mi amistad con los dirigentes de izquierda venía de las cárceles de Pérez Jiménez. En 1953 caí preso con Simón Alberto Consalvi, José Agustín Catalá y Héctor Hurtado por la edición del Libro Negro  de la dictadura. Estaban allá Cipriano Heredia, Luís Miquilena, Manzo González, Gumersindo Rodríguez, y Teodoro Petkoff. Luego en 1956 nos acusaron de preparar un atentado contra Pérez Jiménez y nos llevaron a la cárcel de Ciudad Bolívar junto con Chepino Gerbasi, Juan Páez Avila y Rafael Serfaty. Allá estaban presos dirigentes comunistas como Germán Lairet, Alexis Adam, Bayardo Sardi y Francisco Prada”…

 

… “Jamás he tenido ínfulas de héroe pero nadie puede acusarme de no haber asumido un compromiso profundo con la democracia cuando eso podía costar la vida o la libertad. A diferencia de algunos, mi adhesión a la democracia no se ha materializado solamente cuando ella existe, lo que resulta fácil y rentable, sino durante las dictaduras y en 1993, cuando estaba al borde de irse por el barranco. Independientemente de todas las fuerzas que se desataron contra mí a propósito de la Presidencia de la República, particularmente los que apostaban a la dictadura militar y frustré sus aspiraciones y los dejé vestidos y alborotados, me voy tranquilo porque trabajé toda mi vida para el país, muy poco para mí mismo y hay una amplia obra que surgió de una vida larga de esfuerzos”….

 

…. “Rómulo me dijo una vez que las obras quedan y las canalladas pasan. Me sorprendió mucho como me trató parte importante de la prensa, porque soy el primer periodista que llega a la Presidencia. Comencé como reportero en Ultimas Noticias y luego Miguel Otero me puso a cubrir economía en El Nacional, pese a mi ignorancia sobre el tema. Trabajé en El País y posteriormente fundé El Mundo. Fui dos veces director de El Nacional y siempre me dediqué a buscar nuevos valores, cosa que he hecho toda mi vida en todas las responsabilidades que ejercí. Llevé a El Nacional a Zapata, Sanoja Hernández, Ludovico Silva, Aníbal Nazoa y Luís Herrera Campíns, pese a que coincidía ideológicamente muy poco con ellos. Esa fue la democracia que siempre practiqué. La palabra veto para mí no existe…”

 

… “Fundé la Copre en el período de Lusinchi y a pesar de la indiferencia e incluso resistencia que había en el sistema político contra las reformas-Gonzalo llegó a definirse a sí mismo como la Contrarreforma-, una de las cosas importantes que dejo y que no ha podido hasta ahora destruir del militarismo reencarnado, es la elección directa de gobernadores. Diría más bien que esa institución ha impedido que la democracia venezolana se pierda totalmente, pese a las embestidas que recibe y que la esperanza de recuperarla tendrá mucho que ver con esos mandatarios regionales y locales elegidos por sus comunidades. Si no existiera la elección popular de gobernadores y alcaldes, difícilmente los espacios libres que se tienen hubieran sobrevivido”….

Carlos Raúl Hernández

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@carlosraulher
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