Opinión
CORPORACIÓN DEL CRIMEN
Opinión

Por: Román Ibarra

@romanibarra

Para: Diario 2001

En la Venezuela del socialismo del siglo XXI, pomposa e inservible denominación acuñada por sus protagonistas para tapar los fracasos del comunismo internacional, los escándalos de corrupción, e incompetencia se suceden con velocidad de vértigo.

19 años de destrucción y saqueo de la riqueza nacional han hecho el antimilagro de convertir al país mejor dotado de Latinoamérica en recursos naturales, en uno de los más pobres de la tierra. Hoy somos comparados lastimosamente con países tradicionalmente paupérrimos, como Somalia; Gambia, o Haití. Hasta la dictadura cubana, chulos asquerosos de nuestra economía, pueden exhibir un país en mejores condiciones que el nuestro.

La destrucción del aparato productivo venezolano, perseguido y humillado en estos lamentables casi cuatro lustros de comunismo militarista, tienen como consecuencia la incapacidad del país en el abastecimiento de rubros en los que tradicionalmente fuimos autosuficientes.

Hoy nuestros ciudadanos  mueren prematuramente por la inexistencia de comida, y medicinas suficientes para satisfacer las necesidades, aunque la propaganda oficial diga lo contrario. Las evidencias en la calle son harto elocuentes.

El país con las más grandes reservas petroleras certificadas, no es capaz de producir y procesar petróleo, ni gasolina; La estamos importando. Uno de los países con mayores fuentes hidroeléctricas del hemisferio, es incapaz de producir electricidad para industrias, hogares y vialidad; estamos a oscuras.

Un gobierno que prometió un sistema de salud de primera calidad, trabaja hoy precariamente en los mismos hospitales construidos en la democracia civil (1958-1998), mientras la población se muere por falta de medicinas, y condiciones adecuadas.

El Metro como sistema de transporte moderno y eficiente que se inauguró en 1993 como obra de la democracia, hoy –pintado de rojo- es insuficiente; sucio; sin control, y violento como ningún otro.

Los militares venezolanos, metidos hasta los huesos en negocios que no son propios de las atribuciones que les asigna la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, y hasta con vinculaciones presuntas en actividades non sanctas, como el narcotráfico; la corrupción administrativa; la violación de DDHH, entre otras.

El secuestro de las instituciones por su ambición totalitaria, pero también por los errores y omisiones de la oposición al haberles regalado con su abstención el parlamento en 2005, nos convierten en una sociedad plagada de carencias inhumanas, violatorias todas de las condiciones mínimas de existencia social, económica, y política en occidente.

Venezuela, otrora país portentoso, estable y promisorio para las colonias extranjeras que hicieron vida respetada, y pacífica entre nosotros, hoy exporta sus talentos a raudales como ¨regalo¨ de inteligencia y formación a otros países de manera gratuita, por la necesidad de huir del horror que significa vivir en un país comunista, y mediocre; hostil, y violento; pobre y sucio; improductivo, e inviable.

Este cuadro calamitoso, e insufrible solo es posible revertirlo con la lucha inteligente, y tenaz por la conquista de condiciones que permitan acceder a un evento electoral civilizado, mediante el cual, haya expresión libre y justa de todos los ciudadanos dentro y fuera del país; libertad de presos políticos e inhabilitados; acceso inmediato a la ayuda humanitaria, y unas instituciones judiciales y electorales confiables que garanticen imparcialidad.

Por ahora, solo hay condiciones adversas por la cerrazón de una dictadura cruel que se niega a respetar la Constitución y las Leyes.

Frente al dilema de votar, o no, es preferible luchar y seguir presionando. Votar aún contra la adversidad, si se mantienen las cosas como están, sin dejar de trabajar conjuntamente con la comunidad internacional.

Derrotar a esta dictadura es un imperativo cívico; muchos votos contra la corporación criminal. Se puede!

Roman Ibarra

74 Artículos