Opinión
Crisis Griega
Opinión

Leo y escucho con avidez noticias sobre la intensa negociación que sostienen los dirigentes griegos con las autoridades europeas. Busco claves útiles para despejar, en la medida de lo posible, la nube de incertidumbre que envuelve a nuestro futuro. No somos griegos, pero la crisis de allá en el Mediterráneo tiene el mismo origen que la crisis de acá en aguas caribeñas: gobiernos irresponsables que se endeudan para sostener niveles de gasto público que están por encima de las posibilidades de ingreso.

El remedio a esas situaciones pertenece al ámbito del sentido común. En lo esencial se trata de aumentar los impuestos, de disminuir los gastos gubernamentales, de reestructurar la deuda y de flexibilizar el control sobre el funcionamiento de la economía. Es una muy amarga medicina, pero hasta ahora no se ha descubierto otra distinta. Lo que sí ha mejorado un poco es la estrategia de aplicación; en la actualidad las primitivas terapias de shock han dado paso a tratamientos graduales que amortiguan el sufrimiento de la población.

El pasado domingo los griegos dijeron que no querían someterse a los rigores del tratamiento; fue la expresión del paciente que se resiste a aceptar lo inevitable. Aquí el presidente Maduro celebró la victoria del Oki (No) como si se tratara de una gesta heroica y no de la reacción infantil de una sociedad que aspira a una improbable curación milagrosa. Por cierto, los resultados del referendo están siendo utilizados astutamente por Tsipras para fortalecer su posición negociadora.

Allá los griegos negocian y buscan alternativas. Aquí invocamos al espíritu del Comandante Eterno y embestimos en contra de los molinos de viento de una fantástica guerra económica. Mientras tanto, los síntomas más agudos de la crisis económica que nos afecta, desabastecimiento e inflación, empeoran a ritmo creciente anunciando un verdadero tsunami. Vienen tiempos difíciles.

Manuel Narvaez

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