Opinión
Culpable soy yo
Opinión

Jesús Rafael González

@chuogonzalez

 

Después de un año de errores políticos de lado y lado, es normal hacernos la pregunta ¿De quién es la culpa de la situación que tenemos al día de hoy?, varias pueden ser las repuestas y más aun las mutuas acusaciones, pero lo más sorprende es ver a políticos  con mucha experiencia, culpando “al pueblo” de la situación de desmovilización social  y desventuras de convocatorias a marchar sin dirección ni estrategia, que lucen agotadas.

 

Dedos valientes se enciende de rojo – como E.T. pidiendo llamada- y  no tardan en señalar al culpable: “el pueblo”, “la gente no entiende”, “la gente esta engañada”, “hay una manipulación de los medios”, “si no me acompañan será imposible”,  son algunas de las excusas de los líderes que no son capaces de asumir su responsabilidad. Póngale las siglas del partido y el nombre que usted quiera, pero la incapacidad de reflexionar sobre sus errores parece ser mayoritaria en este momento, es urgente  lograr una mejor empatía con una ciudadanía cansada de la improvisación y malos resultados.

Los que no dudan en apuntar el dedo índice y señalar a unos ciudadanos cansados, sin darse cuenta que al hacerlo tres dedos de su mano lo señalan sin piedad como uno de los responsables del fracaso, hoy están en riesgo de extinción.

Arrepiéntete hermano:

Como pastor evangélico un sábado en la mañana,  es importante  remarcar la necesidad de reorientar el discurso y  es que “Enfocarse en la culpa es una mala idea porque inhibe nuestra capacidad de entender qué está causando el problema y de hacer algo significativo para resolverlo” escriben Stone, Patton y Heen en el libro Conversaciones Difíciles.

Estos miembros del proyecto de negociación de Harvard  proponen algo más efectivo que apuntar con el índice: llevar la conversación al terreno de la contribución. En su propuesta intenta darle al lector unas ideas de  cómo iniciar el diálogo de manera que se reduzca la actitud defensiva del otro; cómo seguir conversando en un tono constructivo, independientemente de cómo responda la otra persona; por qué lo que se dice es tan importante como lo que no se dice. En definitiva, enseña a desentrañar el barullo de emociones, percepciones erróneas y presunciones que tan frecuentemente enturbian el entendimiento con los demás, empezando por reconocer nuestros propios errores.

El puma tiene razón:

Un buen punto de arranque sería dejar de juzgar lo pasado y señalar culpables,  para intentar  entender lo ocurrido y explorar soluciones a futuro. Esto sin duda ayudaría a sincerar las relaciones que hoy están rotas entre una dirigencia y una mayoría de ciudadanos que hoy sufren.

Por esos es importante retomar el camino del dialogo, de manera de contribuir, pues es un primer paso para aceptar  la participación en los errores sucedido. No nos engañemos, porque todos, en mayor o menor medida, tenemos una cuota de responsabilidad en lo que estamos viviendo.

Respuestas adolecentes, de estudiante que raspa y culpa al maestro, o empresario fracasado que culpa a la competencia, deben dejarse de lado y asumir que los líderes políticos necesitan rectificar y contribuir a encontrar una solución al problema inmenso que tenemos.  Para la reconquista de la democracia hace falta mucha más que llamada destemplada, es necesario reconfigurar un nuevo bloque democrático fuerte, con una estrategia clara, que incluya a todos o la gran mayoría en unas propuestas claras para el país.

José Luis Rodríguez -“El Puma”, con su “Culpable soy yo” debería ser la música que suene para la reconstrucción de la confianza perdida de una ciudadanía cansada de tantos errores.

 

 

Jesús Rafael González

Venezolano, Politólogo UCV, Profesor EEPA-UCV, Especialista en Gobernabilidad y Gerencia Política, Consultor Independiente.
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