Opinión
DE JUEGOS CON HAMBRE
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ELIBETH EDUARDO | @ely_e

Ortega consolida a Nicaragua como régimen de partido único. Se le adelantó a Maduro” @jagilyepes

Roberto Giusti ha compartido en más de una ocasión sus anécdotas como espectador en primera fila del ocaso de la URSS.

Me resultó conmovedora aquella en la que recogía la reacción del padre de su vecino ante el anuncio del inminente arribo de un barco cargado de arroz procedente de Pakistán: el anciano apagó el televisor y pasó a rumiar la humillación que para la “Madre Patria”.

Pakistán no era EL país que había enviado al primer hombre, perro y mujer (en distintos eventos) al espacio. Tampoco tenía – entonces – “poder” nuclear: no era nada.

Lo que sí tenía era producción eficiente de alimentos y excedentes mientras que el pueblo del poderoso imperio soviético moría de hambre. Punto.

LA DERROTA VIENE EN BARCO. Lo curioso es que todas las naciones detrás de la cortina de hierro pasaban hambre pese a que tenían su propia resolución 9855 vigente y no sólo TODOS los trabajadores (no existían los “privados”) podían ser llamados para que “voluntariamente” ayudarán en la producción agrícola sino que, además, la producción de los soviets (o comunas) era casi totalmente propiedad del Estado.

Así que sabemos que el esfuerzo detrás de tal resolución es, de nuevo, mafioso: las empresas privadas que apenas subsisten prestarán “voluntariamente” a los trabajadores que pagan para que este talento “levante” la producción de las fincas y fábricas expropiadas que el gobierno arruinó y que todos sus ministros, misiones, colectivos, universidades territoriales y demás galimatías inservibles no logran que recuperar.

De más está decir que todas eran eficientes antes de que el Estado-Gobierno se las quedará sin pagarlas o cancelando un precio “justo” sólo para ellos. El resultado en la URSS, en Nicaragua, Perú (Velasco Alvarado), Cuba y ahora en Venezuela de la “colectivización de los medios de producción” ha sido siempre el mismo: la exitosa producción de hambrunas e inflación que se hacen evidentes cuando los barcos de la ayuda humanitaria llegan a los puertos. O como en el caso de Berlín y San Cristóbal, las filas para resolver la tragedia solo pueden ser detenidas por muros y bayonetas.

Por eso el gobierno se niega a la ayuda humanitaria: el que lleguen barcos de Haití, Guyana, Trinidad o Senegal tendrían “el efecto Pakistán” de la anécdota de Giusti.

Que nadie se engañe: no es por vergüenza sino por orgullo por lo que mandan emisarios a la OEA y a la ONU negando la crisis. Orgullo y crueldad con los muertos que pesan sobre sus mentiras, errores y terquedades.

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¿TRANSICIÓN EN 2017? Tampoco queda nada de sensatez: la amenaza de ilegalizar a la MUD y a la AN son (como el decreto de esclavitud) intentos desesperados de ganar tiempo.

Pero sin cambio y sin acuerdos, ese tiempo ganado es de agonía: para el gobierno, para el chavismo y para el país. También para el futuro: ¿tiene sentido poner al revocatorio por encima del canal humanitario, los cambios en el TSJ y el reconocimiento al parlamento?

Una AN con 112 diputados opositores es CASI una Asamblea Nacional Constituyente. Si a estas alturas del partido no vemos que el no ir a la elección de la AN en 2005 fue lo que, realmente, hizo poderoso a Voldemort y el PSUV, seguimos sin aprender.

El reconocimiento de la AN y el diálogo pueden permitir negociar la transición: esos dos años que hacen falta para estabilizar la economía y regresar a la división de poderes para que el gobierno(sin duda) opositor, pueda llegar a término sin asonadas ni caracazos.

Más allá de los sueños del gobierno, empoderar a los militares es el último cartucho en estos Juegos del (y con) Hambre que los están dejando sin legado ni futuro político. Sin partido.
Mandela y De Klerk negociaron y este fue vicepresidente del primero. ¿Aristóbulo y Ledezma en el 2017? ¿Cabello y Rosales? ¿Jorge Rodríguez y Leopoldo López? Las combinaciones son muchas. Sólo hay que ponerlas sobre la mesa.

Y al país primero.

Dossier 33

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