Opinión
Desarreglo de los Incentivos
Opinión

Rimbaud dijo que el poeta se transforma en vidente por medio de un largo, inmenso y razonado desarreglo de todos los sentidos. Pero este artículo no trata sobre los sentidos, sino sobre los incentivos.

“Un incentivo es algo que induce a las personas a actuar, y puede ser una recompensa o un castigo. Las personas racionales responden a los incentivos, debido a que toman sus decisiones comparando los costos y los beneficios. (…) Los gobernantes no deben olvidar los incentivos pues muchas de las medidas que toman, alteran los costos o los beneficios que enfrentan los individuos y, por tanto, su conducta.” De esta manera plantea Gregory Mankiw el cuarto, de los diez que enumera como Principios de la Economía.

El actual gobierno, al comienzo quizás por ingenuidad voluntarista, pero al final por pura vocación despótica, pretende desconocer esta realidad y actúa bajo el supuesto de la existencia de un “hombre nuevo” socialista, desprendido y altruista, indiferente a premios y sanciones.

El resultado ha sido pavoroso. Los “buenandros” provocaron el desmadre de la inseguridad; los empresarios socialistas robaron solidariamente 20 mil millones de dólares en el 2012 durante la postrera campaña del cumpleañero eterno; los gerentes socialistas del control obrero redujeron a escombros a las empresas de Guayana; los pedagogos de la igualación hacia abajo destruyeron a la universidad (todo es igual, nada es mejor, lo mismo un burro que un gran profesor); los diplomáticos del internacionalismo proletario regalan el petróleo, el Esequibo y la maleta de Antonini Wilson; Pastor Maldonado choca y recontrachoca.

El largo, inmenso e irracional desarreglo de los incentivos que ha realizado este gobierno, explica por qué el bachaqueo es tan atractivo; por qué tantos jóvenes sueñan con ser pranes, controlar Tocorón y bailar en la Tokyo; por qué los estudiantes no quieren ser doctores sino taxistas.

Manuel Narvaez

57 Artículos