Opinión
“Devorado por la crisis”
Opinión

Leonardo Morales P. / @leomoralesP

Las circunstancias políticas en Venezuela son profundamente complejas y cuando todos cabalgan, uno sobre otro, es posible dejar de advertir el desarrollo de algunos de ellos y su impacto sobre el país.
Esta semana ha estado signada por diversas manifestaciones con la particularidad de que todas tienen un impacto sensible en la nación. No hay una sola de ellas que no produzca o encienda las alarmas entre los que siguen con detenimiento los acontecimientos.
Se ha insistido que en Venezuela se están reproduciendo unas condiciones de carácter social cuyas repercusiones son impredecibles y no hay que realizar paralelismos con otros eventos acontecidos, como el llamado Caracazo para imaginarnos lo que viene. Las circunstancias son definitivamente distintas; vivimos tiempos en que los ciudadanos deben hacer colas diarias para conseguir bienes esenciales sin la certeza de poder adquirirlos porque los precios suben bien especulativamente o porque el gobierno los autoriza con particular disimulo para intentar cargar las culpas sobre los expendedores o productores.
Ha dejado de ser un secreto las continuas protestas por falta de suministro de agua o energía eléctrica. En el país se presentan diariamente saqueos o intentos que, por lo pronto, no cristalizan; se saquean comercios, camiones cargados de alimentos, como gabarras en Tucupita. Si de algo se ha apoderado el país ha sido de la desesperación por la obtención de alimentos a como dé lugar. Venezuela ha pasado a convertirse en una sociedad profundamente convulsionada por una extendida angustia que se expresa en la convicción de que el gobierno es cada vez más incompetente para satisfacer las demandas en esta materia. Todos los días, cada instante, el desencadenamiento de actos violentos y la acción represiva con consecuencias lamentables es una posibilidad latente.
Mientras unos fijan su atención en las tensiones sociales lo eventos políticos siguen su curso sin ser menos tensos y alarmantes.
Al gobierno se le han abierto dos frentes de orden político: por un lado, en el área internacional aparece aislado. La presencia de expresidentes de otras naciones coloca al gobierno en la circunstancia de tener que explicar la gravedad de la crisis: de la carestía de bienes esenciales y, no menos importante, del déficit democrático que ha comenzado a exhibir desde principios de este año con el desencuentro entre los poderes del estado.
La fortaleza de la política exterior que antes mostraba acompañada de la chequera petrolera para agenciarse incondicionales hoy se observa debilitada. El inicio de la discusión de la problemática venezolana en la Organización de Estado Americanos, cuyos resultados aún están por desarrollarse, es un indicativo de la preocupación internacional por los acontecimientos nacionales. Estos hechos, la discusión de nuestros asuntos en foros externos enervan y desequilibran el juicio de un gobierno que se desliza, sin cuidar las apariencias, hacia posiciones autocráticas, difícilmente tolerables por los países de la región.
La vida política interna no es distinta. El gobierno se debate entre la amenaza de un revocatorio que perderían frente a la oposición y el distanciamiento cada vez más firme y creciente de una parte del chavismo que no ve en Maduro ni autenticidad y mucho menos competencia para las funciones presidenciales.
El gobierno de Maduro sometió al país a enormes carencias, no tiene incentivos que ofrecer al colectivo, ni materiales ni espirituales. El oxígeno y la sabia de su existencia ya es un producto escaso y en proceso de extinción.

Leonardo Morales

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