Opinión
Editorial: Al día siguiente…
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De nuevo las emociones toman por asalto la escena y asistimos al escalamiento de la crisis  política. Si atendemos a lo que dijo una diputada de Voluntad Popular, mañana domingo 23 de octubre de 2016 “demostrarán que Maduro es colombiano”, cosa triplemente grave en sí misma, pero además porque 1) ¿existen tales pruebas? 2) de existir… ¿ya no son válidos los razonamientos que hicieron  mantenerlas a buen recaudo?
Se piensa que en la sesión parlamentaria del domingo  saldrá todo un memorial de agravios construido a base de ilegalidades cometidas contra el Poder Legislativo electo democráticamente, por unos activistas del PSUV que se hacen llamar TSJ. Los rumores y los discursos anuncian más radicalización, ya de regreso y entronizada la concepción que animó “la salida” de 2014 y hoy se respira el mismo ambiente de entonces, los mismos discursos y muletillas.
Vendrá luego  el 26 de octubre la toma de Venezuela, que tendrá que ser por lo menos igual a la movilización del 1S. Maduro salió del país y como siempre, su acto tiene por los menos dos interpretaciones enfrentadas, de acuerdo con si vemos el vaso medio lleno o medio vacío 1) está tan seguro y tranquilo de controlarlo todo que se fue como desplante ante los rugidos opositores, como quien suelta el manubrio de la bicicleta para impresionar a las niñas en el liceo 2) Para quedarse por allá en caso de cualquier eventualidad peligrosa.
En el gobierno tienen previstos dos escenarios para ese día. El primero que se produzcan disturbios hasta de importancia media que atenderán de inmediato la Guardia Nacional, la policía  y los colectivos, estos, como se sabe con licencia para hacer cualquier cosa. Si se tratara de un conflicto de mayores proporciones, entraría a operar la FFAA, pero como hoy no existe la lealtad institucional Italo del Valle Alliegro, Ministro de Defensa cuando el Caracazo en 1989, el PSUV  tendría que ceder aun más poder a los militares.
Ellos tienen muy claro que este es un gobierno de facto, que hoy no existe eso que llaman “hilo constitucional” sino algo con más remiendos que manguera de taller. En la cabeza de algunos ese día podría estar un remake del 11 de abril de 2002. Estas son prospectivas que se discuten entre los oficiales. Como no hay que invocar nunca al diablo, lo ideal sería que no ocurriera nada que lamentar, tuviéramos una jornada sin heridos, muertos ni detenidos, sin disturbios mayores ni menores ¿Qué país será entonces el del próximo jueves 27, céteris paribus, una vez que las fuerzas democráticas se empleen a fondo el miércoles?
Podrán la Iglesia, Zapatero, Torrijos, Fernández lograr que se inicie un proceso de diálogo seriamente, cuyo objetivo no puede ser otro que el cambio de gobierno (naturalmente sin amenazas de terrorismo judicial, con acuerdos, en paz, sin desbordar odios) Si no ocurre nada imprevisible, a partir del jueves seguirá la vida que se ha hecho habitual: deterioro social y de las instituciones, represión, hambre la miseria in crescendo.
En la Unidad, y en la oposición en conjunto, cada marcha da un respiro a la procesión que va por dentro, que ahora no es como hace dos años entre moderados y radicales-hoy todos son radicales- sino por la eventual candidatura presidencial. Para volver a lo de la bicicleta, el movimiento de las manifestaciones hace que la Unidad mantenga el equilibrio en dos ruedas, pero en algún momento s detendrán. El debate está girando en torno al bloqueo definitivo al referéndum, y las responsabilidades en lo que sería una gran derrota. Hay quienes lucen ansiosos de pasar viejas y nuevas facturas y eso puede poner en peligro la Unidad.

Dossier 33

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