Opinión
El desenlace salvadoreño
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Salvador Sanchez Cerén, candidato del Frente Farabundo Martí, obtuvo 49% de los votos en la primera vuelta de las elecciones salvadoreñas sobre su principal contendor, Norman Quijano, de Arena, que llegó a 39%, y al parecer será el ganador este próximo domingo 9 de marzo en la segunda. Según las encuestas, Quijano no ha podido acercar la votación afín del expresidente Saca para alcanzar a su adversario. Independientemente de su pasado en los setenta, y de haber destacado su vinculación con el chavismo, las circunstancias parecieran conducir a que Sánchez Cerén mantenga la tendencia “herbívora” de su predecesor en la presidencia, Mauricio Funes. 

No es un heredero afortunado, de esos que despalillan las fortunas que recibieron gratuitamente, como Nicolás Maduro y Cristina Kirchner, cuyas incapacidades han puesto sus respectivos países a la orilla del caos. Sánchez Cerén se ha construido a si mismo como líder y ha sido factor fundamental en la historia, buena o mala, de su partido. Con la debacle venezolana, la situación latinoamericana debe tender a normalizarse. Hugo Chávez abortó el proceso natural de la muerte del comunismo y le dio vida artificial gracias a una fabulosa renta no trabajada. Un Estado hiperpoderoso, como el venezolano, dueño de la industria petrolera, la manejó a su antojo.

No es un heredero

Eso produjo una especie de corrupción continental, un efecto parecido al narcotráfico. Pero al final no hay fortuna que aguante tales grados de incompetencia y atrocidad administrativa, y el socialismo del siglo XXI se viene abajo (independientemente de que agonice en el trono). Incluso Correa, Morales y Ortega han evitado seguir el camino económico del chávez-madurismo, aunque si la autocracia. Sánchez Cerén ha puesto énfasis en su campaña en dar confianza a los empresarios y asegurarles condiciones propicias para las inversiones y así tratar de desvanecer la imagen de “duro”, “chavista” y dinosaurio que la confrontación entre el partido y el Presidente Funes le crearon.

Y hay que agradecer a Funes haber derrotado los intentos del FMLN de arrebatar el Poder Judicial, tal como hicieron Chávez, Correa, Morales y Ortega, con lo que el gallo hoy cantaría distinto. En el Salvador se preserva hasta hoy la separación de poderes y no parece viable una “constituyente” ni ninguna otra aberración parecida. La campaña lo ha acercado a Funes y promete mejorar y ampliar los programas sociales de éste. Preocupa una cierta actitud anacrónica sobre la minería, a la que rechaza, a pesar de que según estudios Salvador es una gran veta de metales preciosos que ayudarían a salir al país de su escasez de capitales.

La minería es pecado

Ha dicho: “La amenaza de la extracción metálica es una amenaza de la vida. Todo el mundo dice que El Salvador tiene una riqueza en el subsuelo, que tiene cuencas de oro, cuencas de plata; pero qué significa si nosotros permitimos que eso se extraiga. Se van a destruir nuestras vidas”. Como no se trata al parecer de un cabeza hueca bolivariano, posiblemente la realidad lo haga reflexionar como a Humala en Perú, que con un discurso parecido, en el poder descubrió los incalculables potenciales de la minería para mejorar las vidas de los ciudadanos.

Carlos Raúl Hernández

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@carlosraulher
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