Opinión
EL DESLAVE
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Vivimos momentos calamitosos. El deterioro de nuestra calidad de vida es abrumador. El que tenemos es el peor gobierno del mundo y Nicolás Maduro el peor presidente de nuestra historia, Julián Castro incluido.

Sin embargo, todavía existen venezolanos a favor del gobierno. Analizando esta aparente incongruencia, encontramos que en ese segmento podemos identificar cuatro categorías: la nomenklatura, los fundamentalistas, los utilitaristas y los idealistas.

La nomenklatura está integrada por los dueños del gobierno y del Psuv, es decir: Cabello, Rodríguez, Flores & Company. Los fundamentalistas son quienes aprendieron los cuentos del Manual de Economía de la Academia de Ciencias de la URSS, y viven en la fantasía anacrónica de creerse la vanguardia esclarecida que redimirá al mundo a través de la revolución. Estos dos grupos son irreductibles, pero pequeños.

Los utilitaristas son quienes nutren la hueste bolivariana mientras reciban alguna compensación directa, o crean en la posibilidad de recibirla. Dentro de este grupo, además de quienes esperan la improbable migaja de alguna misión, están los colectivos que reciben patrocinio, y los boliburgueses que reciben dólares y trato preferencial. Todos escucharon el sonido de la olla que está siendo raspada y ya comenzaron a desertar en oleadas progresivas.

Los idealistas son aquellos quienes fueron seducidos por el verbo del Comandante Eterno y le entregaron todas sus ilusiones. Actuaron de buena fe, no participan en el “¿cómo quedo yo ahí?”, son honestos y sinceros. Aunque les cuesta un mundo, hoy están elaborando el duelo para poder aceptar la dura realidad: se equivocaron, fueron víctimas de una monumental estafa.

El deslave de la base del gobierno es irreversible. Quienes por ahora lo apoyan, pronto le darán la espalda. Nicolás Maduro cesará en funciones por la vía pacífica del revocatorio, o consumido en la vorágine del caos.

Manuel Narvaez

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