Opinión
El infierno del lulismo
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Alguna encuesta dice que la popularidad de la Presidenta Dilma Rousseff anda por debajo de 15%. Es su purgatorio después de doce años de gobierno del PT, ocho de Lula y cuatro de ella. Los pueblos se equivocan frecuentemente y los brasileros lo hicieron cuando la ratificaron en la Presidencia en vez de escoger a Aecio Neves, que traía un nuevo estamento dirigente al gobierno. El PT requería un refrescamiento en la oposición después de tanto tiempo en el poder, para dar la oportunidad de que se desmontara la rancia estructura de corrupción que ahoga Brasil. Hoy las clases medias vuelven a salir a las calles por millones, pero no tienen muy claro qué es lo que quieren, como suele ocurrir con ese sector social que hoy manifiesta contra dos objetivos contradictorios.

 

Están contra el populismo-corrupción, y también  contra las medidas que acaba de tomar el gobierno contra eso. Rechazan medidas sanas como el aumento del precio de la gasolina y la electricidad, la reducción del dispendio en el gasto fiscal, el aumento de tasas de los servicios, es decir, que tratan de amortiguar los efectos del populismo. También piden “que se vaya” nada menos que una Presidenta recién elegida, cosa que acaba de negar el auténtico estadista brasilero, Fernando Henrique Cardoso. 2015 no será un año positivo para Brasil, pero parece ser de medidas positivas para  la recuperación  a partir de 2016. El cuadro general  no es desastroso, como los de Argentina o Venezuela, pero si es para preocuparse u ocuparse. Los beneficios de lo logrado hasta ahora colocaron 40 millones de personas en las clases medias con capacidad de consumo moderno, que reclaman acceso mejores servicios, educación, electricidad, viviendas, acueductos, esparcimiento.

 

Un partido corrupto 

 

Y eso requiere inversiones que multipliquen la generación de excedentes para el bienestar. Pero la monstruosa corrupción de su partido ahuyentó los capitales internacionales, cuya entrada cae en 3.5%, baja acrecimiento cero el PTB, y ña inflación va en ascenso (6.5%) (FMI y BID, 2014) El Estado despilfarra recursos –provenientes de impuestos pagados por los ciudadanos- necesarios para satisfacer las demandas de una vida mejor, e hizo descender la confianza de los empresarios. Rousseff  está  entre dos opciones: enfrenta los dispendios y la corrupción del gasto público estimulados por el PT, su base de sustentación política, lo que muchos no creen posible, o tendrá que disminuir las políticas sociales lo que afectará a los sectores populares. Ambas cosas contienen conflictos que deberá manejar y negociar.

 

El ajuste fiscal va en las medidas ya tomadas como alza de impuestos, reducción de gastos y otras más profundas como control sobre el financiamiento de la banca pública, una de las fuentes principales de putrefacción. El equipo ministerial da confianza a los factores económicos y un anunció ajuste de los gastos fiscales inflacionarios y debería crear condiciones para la inversión extranjera. Rousseff  tiene tres grandes tareas para que Brasil retome el camino del desarrollo y mejore la calidad de vida de los ciudadanos: abrir la industria nacional a la competencia pues su protección impide que sea competitiva y tenga acceso a tecnologías de punta de los países altamente desarrollados. Otra es impulsar la reforma del Estado, que lo reduzca y cierre la sangría de miles de miles de millones en los latrocinios, que debieran dirigirse a la creación de infraestructura.

 

Los retos por delante

 

Una reforma fiscal profunda –no un simple aumento de impuestos- que resuelva el círculo canalla de una enorme carga impositiva sobre los ciudadanos que financian con sus sacrificios bancos y empresas quebrados y despilfarradores del sector público. El ascenso de Aecio Neves, las tribulaciones de Rousseff y las grandes movilizaciones populares indican que, con razón, el PT está herido en la confianza de la gente y se duda que tenga la voluntad de superar sus aberraciones. El triunfo electoral fue un final de fotografía  51.6% contra 48.4% lo que revela que la mitad de los brasileros no confían en ella. Por los costos de la política económica que deberá emprender, parece que está condenada a gobernar con mayoría parlamentaria pero minoría popular hasta tanto los efectos de sus medidas recuperen la calidad de vida de la gente.

 

Rousseff trasmite que va a hacer un gran esfuerzo para superar los entrabamientos estructurales. Gracias a sus declaraciones y a las medidas tomadas por su equipo, logró paliar en los factores económicos la ola de escepticismo sobre su gestión, francamente negativa entre éstos, que apoyaron masivamente a Neves en la contienda.  Podría decirse que ha recuperado una credibilidad moderada por haber afirmado y demostrado con los nombramientos que hará una política de estabilización de la economía. Las dudas en este momento consisten en cuál será la profundidad del viraje pues algunos piensan que por diversas razones ideológicas o políticas, podría tratarse de un plan de medio pelo, que no resolverá los nudos y que más bien diferirá su solución y seguirá arrastrando el deterioro hasta nuevas crisis.

Carlos Raúl Hernández

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@carlosraulher
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