Opinión
El mensaje de Maduro
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El 5 de enero de este año, tal como lo dispone la Constitución, la Asamblea Nacional se instaló para iniciar las sesiones ordinarias. En consecuencia, el pasado jueves 15 de este mes de enero se venció el plazo Constitucional para que el Presidente de la República presentara su mensaje anual ante el Poder Legislativo dando cuenta sobre su gestión durante el año 2014.

 

A pesar de estar convocada la Sesión para ese día 15, luego fue aplazada para el martes 20 de este mismo mes, violando abiertamente el mandato establecido en el Artículo 237 de la Constitución vigente, de acuerdo al cual el Presidente de la República debió comparecer personalmente dentro de los 10 días siguientes al inicio de las sesiones ordinarias.

 

Este hecho agrava la incertidumbre nacional que crece cada día, da una señal adicional del deterioro institucional, del desprecio al estado de derecho, y de la intención de seguir abusando del poder en base al control partidista de los poderes del Estado. Pero también da una idea de cómo el fracaso del modelo que han intentado imponerle a Venezuela, los hace cometer actos desesperados que estimulan la inestabilidad política que es un factor que potencia la crisis generada por la mala gestión de este gobierno.

 

Los hechos confirman que la solución de fondo a los problemas que hoy afectan la vida de los venezolanos, es la sustitución del modelo político y económico que en nombre de una supuesta revolución ha tenido consecuencias destructivas para la nación venezolana vista como un todo.

 

Hoy la caída de los precios del petróleo, es presentada por el oficialismo como la causa principal de la crisis económica. Pero, la verdadera causa es el modelo totalitario, centralista, corrupto y despilfarrador que representa la actual gestión de gobierno que se identifica, desde su origen, como el Socialismo del Siglo XXI. Durante la vigencia de este modelo, al gobierno nacional solo por concepto de petróleo le han ingresado más de 800.000 millones de dólares, y siendo como han sido siempre los precios petroleros: fluctuantes, cíclicos, un año antes de que el Presidente Chávez llegara al poder, el 04 de noviembre de 1998, y a través del Decreto N° 2.991 se creó el Fondo de Inversión para la Estabilización Macroeconómica, con el objetivo específico de establecer una política para evitar que tales fluctuaciones del ingreso petrolero no afectaran el equilibrio económico de Venezuela; es decir, ahorrar en la época de precios altos para equilibrar el nivel de gastos en las épocas de precios bajos.

 

Estos dos últimos gobiernos hicieron todo lo contrario, no solo no ahorraron, sino que despilfarraron y regalaron a otros países parte importante de esos ingresos, que a pesar de ser tan altos no le alcanzaron, y además endeudaron al país en 6 veces más de lo que debíamos cuando ellos comenzaron a gobernar. Así, cuando para 1998 la deuda total venezolana, incluyendo la externa e interna del gobierno central más la de PDVSA, llegó a 32.809 millones de dólares; para finales de marzo de 2014, esa deuda total venezolana había llegado a 204.286 millones de dólares.

 

Es decir, fracasaron sin excusas, manejaron una inmensa fortuna, han tenido el control partidista de todos los poderes del Estado y estamos en la crisis que todos conocemos. No se conformaron con la deformación de las instituciones al ponerlas al servicio del interés político-partidista, y apartarlas del cumplimiento de sus deberes y funciones constitucionales, sino que además destruyeron la economía nacional a través de estatizaciones y controles, aliñados con despilfarro, incapacidad y corrupción, han perseguido la iniciativa privada con tal saña que le impidió hacer lo que el país necesita, que es producir alimentos, bienes y servicios en general, que combatan la escasez con oferta de productos nacionales, complementados con importaciones solo cuando sean necesarias. Al contrario, se utilizó la renta petrolera para que la producción extranjera compitiera de manera desleal con la producción nacional; así,  mientras los productores extranjeros recibían dólares preferenciales por sus productos, los productores nacionales debían trabajar con dólares del mercado paralelo, por lo que no podían competir en precios, y por tanto, dejaron de producir o producen por debajo de su capacidad. Con esa política llegaron al extremo de canjear petróleo por alimentos, quebrando buena parte de la producción nacional. O de destruir la producción platanera del Sur del Lago de Maracaibo con el propósito de entregársela a una empresa rusa.

 

Hoy, las consecuencias las paga el pueblo venezolano con escasez y alto costo de la vida, además de la inseguridad personal, ante un Estado que quiere controlarlo todo pero es incapaz de controlar a los delincuentes.

Omar Barboza

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