Opinión
¡El país necesita sensatez!, por Doriam González
Opinión

Por Doriam González  @Doriam_gon

En las circunstancias actuales pareciera que la dirigencia política de cada extremo del país está disputándose una piñata sin que un adulto ponga algo de orden, la pérdida de la institucionalidad democrática y el aprovechamiento del binomio constituyente/350 para enfrentarnos como sociedad, dejan en medio a las mayorías con la percepción de no tener intérpretes que traduzcan sus demandas.

Tanto el gobierno como la oposición política deben entender que es necesario abrirse a un nuevo tipo de relación entre ellos y con todos los sectores sociales del país, hay lecturas claras que indican ese camino, solo basta ver las encuestas para entender que en las circunstancias actuales ninguno de los líderes de la construcción social y política conocida como chavismo o de la coalición de partidos, que conocemos como mesa de la unidad, logran superar el 30% de ponderación positiva. Así las cosas, queda sugerir que el mismo esfuerzo que invierten en lo mediático para descalificarse mutuamente lo inviertan en poner en práctica los mecanismos de participación establecidos en nuestra constitución con los más amplios criterios para no reducirlos solo al voto y así demostrar su “cuantía política.”

Desde la óptica anterior, la tarea pendiente es asumir sin complejos la necesidad de generar gobernabilidad y gobernanza en todos los niveles de dirección -es de importancia capital- pues la crisis económica social y política no se va a terminar con la salida del gobierno, recordemos que por décadas se ha pretendido sin éxito mantener la matriz de opinión de que el Estado populista/paternalista por un lado y clientelar/proteccionista por el otro, puede permanecer incólume y seguramente un alto porcentaje de venezolanos seguirá pensando que un nuevo gobierno  va a solucionar de inmediato sus problemas.

Hasta ahora los actores han convertido la política en un archipiélago de bajísima coherencia social y altísima agresividad, al mismo tiempo nos han hecho saber sus múltiples fragmentaciones, provocando poca tolerancia y divisiones entre la población, eso demuestra que pragmatismo sin perspectiva debilita cada una de sus arengas en el entendido que para conquistar el poder político hace falta mucho más que datos. Por ejemplo, la creación de un proyecto que contraste con lo que hemos vivido, no solo los últimos 18 años sino los últimos 40, de idas y venidas con alto grado de fracasos institucionales

En términos generales la manera sensata de trascender a la tentación del conflicto político es retomando los principios democráticos y republicanos establecidos en nuestra Carta Magna -repito- no para utilizarlos como arma política para dividir más el país estigmatizándose mutuamente, sino para reconectarnos con los problemas más sentidos de la ciudadanía y sobre la base del esfuerzo compartido, superar la angustiante situación que atravesamos.

En resumen, esperar que de forma sobrevenida buen sea por colapso administrativo, económico, institucional o una combinación de estas, se desencadene la inevitable caída del gobierno no significa que la oposición política tendría carta abierta para gobernar con tranquilidad. Las lesiones -por decir lo menos- de percepción política que van a quedar en el tejido social no son desestimables, en consecuencia, el apego a la Constitución es fundamental para frenar cualquier pretención aventurera de cualquier sector civil o militar de poner “orden” en la piñata, intentando suspender las garantías constitucionales, inclusive si viene animada por las mejores intenciones de transición y reinstitución constituyente. Tal y como hemos visto en los últimos días podrían tornarse impredecibles en muchos aspectos con suma rapidez, sobre todo, si no se logra restituir la paz entre los venezolanos.

Amplía participación y profunda intención de reconciliación nacional son dos elementos fáciles de digerir y poner en práctica si logramos entender que las confrontaciones ideológicas no resuelven los problemas comunes, que una sociedad dividida está condenada al fracaso y que no somos mejores o peores por la posición política que sostengamos. A mayor cantidad de sectores que se vinculen a estas ideas se pueden recrear los escenarios de visión intermedia para que confluyan los polos. Con mucha seguridad el resultado del encuentro y la reconciliación nacional producirá una matriz sociopolítica híbrida que podamos ver como una muy buena oportunidad para trascender las políticas de los últimos 57 años, incorporando visiones de base auténticas que reivindiquen lo social y en lo económico construyan las bases estructurales para evitar la dependencia estatal, acabar con el rentismo y su economía de puertos que ha incubado los peores recetarios populistas ligados a la economía nacional, cuyas resultas las podemos definir como una patología de reparto infecundo que compromete todo el tiempo los programas sociales.

Para terminar, la idea de sostenibilidad en el largo plazo esta asociada a la movilidad social sin que está siga dependiendo completamente del Estado central, aún en escala local. La unidad nacional no debe confundirse con la centralización económica o concentración del poder político, para ello necesitamos organizaciones sociales, políticas y económicas renovadas al calor de la dinámica global, de la mano con las expectativas de todos los hijos de la mejor madre del mundo: Venezuela.

Sofia Torres

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