Opinión
El Paquete Económico
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La economía venezolana está implosionando. Con frecuencia obsesiva, mi mente reproduce la imagen de esos edificios que parecen derretirse cuando se dinamitan sus bases. Las estimaciones más sensatas prevén que para este año la inflación será de 700% y la caída de la producción rondará el 10%. Estos números, traducidos al lenguaje de la rutina de nuestra cotidianidad, significan colas más largas y la progresiva transformación del estado actual de angustia colectiva, en inflamable desesperación.

Hemos llegado a esta situación porque una secta, insaciable como una tenia, se enquistó en el poder para alimentar hambres viejas, codicias reprimidas y sed abrasadora de revanchas. Han robado, han dilapidado y han destruido sin continencia; y hoy raspan vorazmente la olla hasta lo último, hasta engullir el propio metal.

Para alcanzar sus fines la secta o si se prefiere, la casta, para usar el término que acuñaron allende los mares los socios españoles del “proceso”, cautivó a los venezolanos gracias al verbo demagógico del carismático líder y al maná petrolero. Pero murió el semidiós y ya no llueve petróleo, ni café.

El presidente Maduro, lejos de buscar la recuperación económica del país, se comporta como un médico intensivista inepto y deshonesto. Mantiene al paciente secuestrado en terapia intensiva sedándolo con barbitúricos y aplicándole costosísimos e ineficaces tratamientos que su infinita ignorancia improvisa, y su impudicia factura puntualmente. El seguro se agotó, la familia está en la ruina y la terapia del hospital no funciona.

En este punto la decisión que se debe tomar es más que evidente. Hay que cesar al presidente Maduro, ese nocivo aprendiz de brujo. Pero también hay que entender que a estas alturas no queda otra alternativa para la recuperación del país, que la aplicación de un programa de ajuste económico estructural con apoyo financiero del FMI y del Banco Mundial.

Manuel Narvaez

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