Opinión
El populismo geográfico en Venezuela, por Rosa M. Estaba
Opinión

Rosa M. Estaba

El populismo, estrategia política basada en demagógicos discursos de redención social, en Venezuela ha encontrado campo propicio gracias al manejo de la jugosa renta petrolera. Si bien la Venezuela moderna y democrática se pudo materializar gracias a la aplicación planificada de esa renta durante los últimos cuarenta años del siglo XX, el proceso de desarrollo siempre ha estado contaminado con desviaciones populistas, muy especialmente durante dos gobiernos beneficiarios de providenciales alzas de los precios del petróleo en el mercado internacional: Carlos Andrés Pérez, presidente de Venezuela de 1974 a 1979 y Hugo R. Chávez, de 1999 a 2013.

Las ilusorias ofertas redentoras incluyen el populismo geográfico, tesis que parte de dos falsos presupuestos: 1) los problemas territoriales se pueden abordar artificiosa y voluntaristamente y 2) la desigualdad social se ha de encarar buscando “equilibrar” el secularmente desigual modelo centro-periférico de organización territorial. En Venezuela, el modelo a cambiar artificiosa y voluntaristamente se caracteriza por la concentración del desarrollo en la norteña unidad costa-montaña, donde se han enraizado factores de poder acusados de maltratar y expoliar a la subdesarrollada Provincia.

El centralista populismo geográfico del gobierno de Carlos Andrés Pérez

Desde finales de los años sesenta se iniciaron las sucesivas políticas de regionalización con las que se buscaba potenciar a la Provincia. En 1975, durante el primer ejercicio de Carlos Andrés Pérez, la regionalización es reformulada con igual peso al dado a otras disposiciones populistas (clientelismo, asistencialismo, pleno empleo, salario mínimo, contra despidos injustificados, etc.). Además de los reajustes territoriales y de ofrecer los tan desmedidos como fallidos incentivos para reorientar la localización industrial y su potencial empleador, se plantearon dos desafortunadas medidas dirigidas a desestimular el área de concentración: 1) prohibir la instalación de nuevas industrias en Caracas y sus alrededores y 2) otorgarle incentivos limitados en los estados Aragua y Carabobo.

Tal y como alertaron ciertas voces empresariales, no resultaron de poca monta los recursos dilapidados en exenciones de impuestos, empréstitos preferenciales y subsidios extremos, puestos en evidencia con la suerte de cementerios de parques industriales que el Estado desperdigó por numerosas ciudades provincianas que todavía no reunían las indispensables economías de aglomeración.

El gran viraje de la descentralización

En 1982, luego de más de una década de fallidos ensayos regionalizadores, concebidos y articulados a nivel central y a espaldas de los estados y los municipios, Venezuela reconoció como únicas regiones con las que podemos aunar esfuerzos para el progreso, a aquellas consolidadas desde 1856 en cada una de las entidades federales. En 1989, se inicia la descentralización que comenzó a delegar el desarrollo regional y local en los gobernadores y alcaldes, por primera vez elegidos por el voto popular. En los años 90 Caracas se consolida como una ciudad global y que le cede paso al tan buscado despertar de la provincia.

El inviable y devastador populismo geográfico revolucionario

del gobierno de Hugo Chávez Frías

El populismo geográfico revolucionario se fundamenta en banderas tan inviables y devastadoras como las izadas en 2007 por el presidente Chávez: que termine de nacer el Estado Socialista y que termine de morir el Estado capitalista. Una revolución no puede serlo realmente si no enfoca el problema geográfico de la distribución territorial del poder político, económico, social y militar. En expreso ofrecimiento de hacer justicia social, denuncia el esquema geográfico heredado desde la colonia y propone inventar una nueva forma de distribución territorial de las diversas aristas del poder, a partir de la sustitución del modelo de desarrollo concentrado por otro inverso y formado por tres ejes imaginarios, trazados por las despobladas fronteras extremas de Venezuela. El logro de tal objetivo supone: 1) promover un desarrollo endógeno anti-urbano y primitivo, fundado en la explotación de los recursos naturales y no en las actividades modernizantes propias de la Sociedad del Conocimiento; 2) construir un Poder Popular con los Consejos Comunales, agrupado en Comunas; 3) apuntalar a la pequeña y mediana industria y a la agricultura como motores del despegue productivo; y 4) crear el Estado Comunal a concretar en una nueva red de ciudades comunales, forjadas por agregación de varias comunas, y en su derivada confederación comunal, integrada por la suma de federaciones comunales que, en reemplazo de las históricas entidades federales, se formarían a su vez por dos o más ciudades comunales.

A la postre, la ofrecida justicia social se ha traducido en desindustrialización, quiebra de la agricultura, falta de electricidad y agua potable, destrucción de la red vial, carencia de viviendas, escuelas y hospitales, ruina de las ciudades, exclusión territorial y pobreza crítica y generalizada.

 

Sofia Torres

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