Opinión
El sabio Cristóbal
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LUIS BELTRÁN GUERRA G.

02 de julio de 2016 05:00 AM

 

Nace Cristóbal en la Avenida Sucre de Catia un 13 de marzo de 1946, convirtiéndose en autodictada de teología por las abundantes lecturas referidas a la vocación cristiana. Su imaginería es admirada por quienes le conocen.

Ante la crisis se propone acudir a la metodología de la imitación de las acciones de maestros, procurando, por lo menos, igualarlos, lo que entiende como emulación.

La historia cuenta que Cristóbal ayudaba a la gente a cruzar “los torrentes” y que lo hizo en una ocasión con el Niño Jesús. De allí, como también se acota, deriva su nombre Cristóbal, “el cargador de Cristo”. La estrategia de este amigo es, por tanto, actuar como santo y entre santos.

Es bajo esa condición que se desenvuelve la tertulia en un banco de la plaza Bolívar de Caracas entre San Cristóbal y San Volusiano, quienes, en la imaginería del primero, llevaban unos cuantos meses comentando acerca del “torrentoso venezolano”. Para Volusiano, también santo, se trata de una corriente de agua con fuerza destructiva y para Cristóbal muchedumbre de personas que llenas de odio como “bachacos enardecidos” afluyen a un lugar en busca de lo que antes encontraban con relativa facilidad. Replica además que el término más adecuado es el de “tsunami”, pues son fuertes olas en una masa empujada violentamente desde diversos ángulos, incluyendo el político. Pero además acompañadas de terremotos. Pero lo más grave, adiciona Don Volusiano, no son obras de la naturaleza, sino de los venezolanos.

Discrepa con Cristóbal afirmando que “el tsunami criollo” está apenas anunciado y que se producirá con motivo de la consulta revocatoria que la oposición democrática planteó ante el árbitro electoral, a fin poner término al mandato presidencial y consecuencialmente al Poder Ejecutivo y a aquellos que le son adláteres. Moción sometida a restricciones de toda índole, pero particularmente, contrarias a los preceptos constitucionales y atentatorias contra la soberanía popular, cuya esencia impone la legitimidad del pueblo para elegir a quien le gobernaría, pero también, para deslegitimarle mediante la remoción cuando lo hace equivocadamente, supuesto inocultable para una mayoría determinante. Esta situación es, precisamente, la que potencia el Tsunami como concuerdan en la tertulia Cristóbal y Volusiano, el ultimo versado en crear posibilidades que había aprendido del primero.

La sabiduría de Cristóbal solivianta a proponerle a su contertulio una consulta al santo ingles Tomas Moro, quien después de haber finalizado sus estudios de leyes en Oxford se desempeñó como parlamentario y Canciller de Enrique VIII en 1529, ante lo que San Volusiano reacciona que caerían en los dos libros utópicos del ilustre canciller. Cristóbal, por el contrario, cree en las consideraciones atribuidas en el   diálogo de Moro al portugués Rafael Hitlodeo en lo relativo a la forma en que ha de organizarse la sociedad para la superación de sus males. De una utilidad incuestionable para la Patria.

Allí se acota Caro Volusiano, expresa Cristóbal, que los príncipes no se ocupan de la paz, pues dominados por la ambición solo se preocupan por nuevos dominios, rodeándose de mentes absurdas, soberbias y retrógradas en medio de una maraña de leyes desproporcionadas, injustas e ineficaces. Y permíteme preguntarte si estás de acuerdo en afirmar que eso nos está sucediendo. Para admitirlo te bastaría expresarlo en palabras del 2016. Te insisto, por tanto, que deberíamos sostener nuestra próxima tertulia con Santo Tomás Moro. A San Volusiano no queda más alternativa que aceptar.

Se reúnen pero escogiendo un banco más solitario a conveniencia de Tomás, quien inicia la tertulia haciendo referencia a que “Utopía” es una sociedad en la que los graneros están llenos, por lo que no hay que preocuparse por el hambre. Por el contrario, fuera de ella la gente está siempre angustiada, tanto por su subsistencia como por la familiar. Y concluye no existe la justicia fuera de “utopía” y los nobles, prestamistas y banqueros viven con esplendor haciendo un trabajo que no es esencial. Don Volusiano interrumpe indagando de Moro sí está refiriéndose a Venezuela, ante lo cual Cristóbal ríe con sarcasmo.

San Volusiano critica el sentido imaginario de Santo Tomás Moro, ante lo cual se percata de que Cristóbal está de pie sobre el banco gritando “libertad, igualdad y solidaridad”, es ello lo que aquí demandamos. Acudamos a la calle y sin regreso hasta que la soberanía logre imponerse.

Los tertuliantes acuden al pánico cuando sorprendidos escuchan consignas de una manifestación de estudiantes que cruzando la plaza, manifiestan que protestan ante la decisión del CNE declinando la convocatoria al referéndum revocatorio planteada por la oposición democrática. Algunos diputados la encabezan.

La consigna vociferada al unísono y repetida es: “Constitución, legalidad, democracia ya”.

Cristóbal abraza a los dos colegas diciéndoles “Emular es una virtud”.

@LuisBGuerra

www.luisbeltranguerra.com

 

Luis Beltran Guerra

Doctor en Derecho, Harvard University. Profesor de Derecho Administrativo - Fundador (Partner) Luis Beltran Guerra
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