Opinión
El Vicariato del Cachicamo por Javier Pérez Gutiérrez
Opinión

 

La dirigencia de la oposición me perturba. En su más reciente voladura apura con ruido una decisión parlamentaria que cede lo que tiene de concepto a una pulsión declarativa, como quien le bota un mensaje al espacio: abandono del cargo del presidente de Venezuela. La razón de ser de la baraja en cuestión: o reposa en los arcanos de un sublime ajedrez socio-político, o en el compromiso de un sector militar en los trances por venir, o en el vamos a hacerlo por no dejar. Permítame el lector reservarme las dudas más seguras respecto a las dos primeras suposiciones y confiar en la tercera. Y en el “por no dejar” se le deja la puerta abierta a las posibilidades impensadas. Bien impensadas. Lo confirma Ramos Allup cuando se deshacedel doble dos por no llevar bien la cuenta “Vamos a adoptar esta decisión política y sabemos que no va a haber elecciones. Antes o después del 10 Maduro se va a quedar ahí”.  Explican con entusiasmo filosófico el “abandono” hasta hacerlo metonimia por “mal gobiernas”. Y como precisaBarrera Tyszka en lúcido despliegue crítico no se le puede achacar a Maduro abandono de poder cuando es precisamente -el poder-  lo que más tempestuosamente cuida y ejerce. Entonces la ecuación “abandono = mal gobiernas” y los rebuscados símiles de unos cónyuges abandonándose al tiempo que comparten poceta, ducha y fogón con los que el apreciado Cipriano Heredia busca apuntalar la idea del abandono quedan trágicamente “abandonados”en la ironía. Más grave en términos de la renuncia del pensamiento, o del bluffcuando ya se te cayeron las cartas, es que otros afirmaran que en 30 días luego de la decisión se celebraría elecciones por calificarse el abandono antes del 4to año de gobierno como que si el juego respetara instrucciones. El desespero por un plazo sin consecuencias.

En el capítulo anterior la oposición consintió abordar otra ronda de negociaciones esta vez con la asistencia de altos representantes diplomáticos del Vaticano. Había que ir, claro está, sin bajarle temperatura al momentum, sin desrepresentar la protesta. Al final –recuerdo leer con estupor el texto del acuerdo- como el lenguaje del gobierno se impuso. La política es también una lucha de lenguajes, lo que los politólogos llaman “framing”, palabras con significados modelados de lado y lado. El “zorro viejismo”  del gobierno contrastó con la candidez de la contraparte. La oposición terminó por hacerle gratis al gobierno la ablación, el machetazo con el cual se despachó el referendo revocatorio. El mantenimiento y profundización del poder le exigen al gobierno transgresiones mayores a los remanentes cosméticos de la democracia. Las transgresiones electorales les representan el mayor riesgo, donde los costos internos y externos generan oportunidades de cambios democráticos. El mayor desacierto de la oposición es haberle bajado los costos al gobierno.

En la suma de las calamidades que rodean a Venezuela la inestable química de la dirigencia de oposición pesa terriblemente. La proximidad de un evento electoral la endereza, logran acuerdos convenientes, el foco les es dado. El periodo post electoral vuelve a desnudar las dificultades de concepción estratégica. Las elecciones parlamentarias 2015 y los fuegos artificiales del 2016. El gobierno en contraste no pierde el foco: la posesión inelástica del poder, comprensible desde la óptica autoritaria. Toda consideración en el diseño de políticas públicasle es en consecuencia subalterna.

Flota en la puja de esta continua paridera de ideas la realización de elecciones generales. Concatenacion, consecuencia natural del abandono del cargo promulgado. La lógica cinética del frenesí. Meternos por ahí es mandar las iniciativas de cambio a cuentas incobrables. Tenemos que sopesar las mejores posibilidades de nuestras demandas. El gobierno está en atraso constitucional con las elecciones regionales mas no así con elecciones generales. El  gobierno prefiere no verse envuelto en ningún proceso electoral pero sabe que sacarle el cuerpo indefinidamente a  las elecciones de gobernadores le va a traer molestias y posibles costos. Si lanzamos el mingo a una zona de aspiración mayor a nuestra capacidad de realización le vamos a facilitar nuevamente las decisiones delicadas. El gobierno podrá evaluar negar a rajatabla unas elecciones generales no previstas o usarlas a su favor para distraer, posponer, enfriar y por último negar atando a su suerte y cálculo las elecciones de gobernadores.  Mirando a través de su objetivo de mantenimiento de poder, los comprometidos grupos de intereses inconfesables, no van a consentir que se les eche por las compuertas que ellos mismos controlan. Ante presiones internas y foráneas de los factores democráticos y las posibles grietas intestinas, es más factible que terminen por ir a un proceso electoral que si bien les debilita y les expone aún más no les pone en la calle al día siguiente. Y aunque con sobrada justicia esto último es lo que deseamos en la dinámica de lucha política desde la oposición o desde la resistencia contra una dictadura los avances hay que conquistarlos y tomarlos a valor de libros y no de mercado.

La administración de las expectativas ha sido una debilidad de la dirigencia opositora, ayer y hoy.  Dorarle la píldora, prometer cambios de seis meses, el apoyo divino, la irresponsable venta de actos de fe como objetivos políticos racionales destrozan los vínculos de la credibilidad y la posible construcción de un liderazgo efectivo. El gran esfuerzo pasa obligatoriamente por cimentar unidad estratégica y comunicación inteligente. La unidad estratégica, nos enseña la historia,  ha sido posible en muchos pactos y acuerdos que han apalancado cambios impensables. Exige trabajo, método y más oído que boca. Por su parte a la comunicación inteligente le convendría dotes retóricas, elocuencias descomunales, pero asumamos con entereza que no pasamos por un momento de brillo, nada parecido a Andrés Eloy Blanco, Jóvito Villalba, José Humberto Quintero. Bienvenidos serían Carlos Andrés Pérez y Luis Herrera Campins en términos menos grandilocuentes pero efectivos, tampoco los hay. No tenemos un Chávez de este lado, pero tampoco ellos. El déficit de verbo de enganche es general.  Queda hacer uso de los recursos que hay cuidando meticulosamente la arquitectura del mensaje, el diseño, anticipando cada detalle y su intención de significado. No se puede improvisar y no se puede caer en la trampa semántica del gobierno.  La disciplina suele superar la genialidad.

Yo supongo que una de las situaciones más cruciales es sujetarse a una convicción y tener que doblegarse ante la de otro al que juzgas menos capaz, menos líder, más interesado. En este palo ensebado en el que se mueve la oposición nadie lograponer la mano en lo alto al tanto que el gobierno embadurna con esmero. Todos quieren brindarle a Venezuela la torcedura de timón del tan anhelado cambio. El timón no es otra cosa que Excalibur, la espada que no encuentra al Arturo que la desincruste. Todos son más arrechos que todos y en esa lógica la frustración, la privación y el desasosiegode la sociedad quedan sin conducción política. La masa críticaque produce opinión lógicamente se voltea frecuentemente hacia la dirigencia de oposición y consume buena parte de su poder de pensamiento en ella.

Me hago la idea de un mesón. Una placa de fundación encimada por manjares y licoresalrededor de la cual conversan, comen y beben Henrique, Leopoldo, los Henrys, Chúo, María Corina, Enrique, Julio, Manuel. A la venezolana,van y vienen las chanzas, se meten unos con otros, todosse ríen de todos y de sí mismos, pero avanzan en algo, muelen, descartan, seleccionan, acuerdan. Terminan por festejar un negocio que les place. Coaching de restaurant. Ahora me imagino que son Rómulo, Caldera y Jóvito y que Venezuela abrochó un pacto de recuperación democrática y gobernabilidad. Leopoldo está preso pero no se necesita un restaurante paraque todos los involucrados se comprometan con la trascendencia. Hay pensamientos que te atormentan y hay pensamientos que te sirven de bálsamo.

Se le llama vicariato a un territorio con jurisdicción temporal antes de convertirse en prelatura o diócesis,de acuerdo conel modelo de organización de la iglesia católica. Aunque temporal puede prolongarse por décadas así que el carácter provisional puede llegar a percibirse como lo tradicional, lo permanente. El cachicamo, cacofónico apelativo con el cual distinguimos al armadillo en Venezuela, protagoniza en la imaginería criolla al que trabaja para que otro lo aproveche, él cava la cueva que luego habita el roedor que llamamos lapa. Perdóneseme la asociación, pero transportado nuevamente veo en mis delirios de tiempo futuro al historiador que investiga las refriegas de la que fuese una dirigencia de oposición que no le encontraba la pista a la trascendencia. El periodo, visto desde el desempeño de las fuerzas democráticas de la época, se le conocía -con cierto donaire- como El Vicariato del Cachicamo.

 

 

 

 

 

 

 

 

Dossier 33

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