Opinión
En Tiempo Real. Maduro tiene razón
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El único que está diciendo la verdad sobre el escenario electoral a 35 días del 6 de diciembre es Nicolás Maduro. Desde hace rato viene anticipando la derrota del oficialismo en las elecciones, haciendo uso del lenguaje destemplado y pendenciero que heredó cual guion  de su fallecido padre político y de la escuela de comunicación cubana, que no conoce de mercadeo político, sino de intimidación, control social, polarización política y destrucción del adversario.

Maduro y Cabello no aprendieron nada de Hugo Chávez en materia de campañas políticas ni manejo discursivo en época electoral. En tiempos de Chávez, por esta etapa de la campaña, hace rato  se hubiesen realizado varios actos con los empresarios, ofreciendo dólares, paz empresarial, producción y borrón y cuenta nueva. Ya estarían proscrita frases del tipo “vamos a radicalizar la revolución”, y en su lugar hablarían del corazón de la patria, la grandeza de la obra de Bolívar-Chávez o algún slogan cursi que pudiese sorprender a algún desprevenido llamado nini. Hace tiempo hubiese salido del closet el Chávez azul y estaría haciendo calistenia discursiva y demagógica para hacer olvidar por un rato, hasta justo después de las elecciones, al fiero y radical Chávez rojo rojito, que asustaba a los inversionistas y alejaba a los electores moderados.

Aun cuando Chávez nunca enfrentó una crisis económica de estas dimensiones, con seguridad la forma como enfrentaría el compromiso electoral no sería tan torpe y burda como lo hacen el dúo Cabello-Maduro, lo cual sin duda alguna, aumenta las probabilidades de que se concrete lo que anticipan todas las encuestas, una derrota tan contundente que incluso puede arrebatarle la mayoría calificada en la Asamblea Nacional. Hoy la oposición podría sacar los 110 votos necesarios para obtener esa mayoría.

Lo único que han logrado Maduro y Cabello es sembrar escepticismo y miedo, en los venezolanos y aún entre parte importante de la clase dirigente. En cualquier otra circunstancia, con los números que arrojan las encuestas y constatando el tamaño del sufrimiento que padece el ciudadano venezolano, sería impensable imaginar siquiera que el gobierno pudiera ganar las elecciones. Yo estoy convencido de que el cambio es inminente y Maduro también lo sabe, por eso cada vez con más frecuencia asume este escenario.

En primer lugar,  la hiperinflación en cualquier lugar del mundo es el equivalente a una bomba atómica electoral para el gobierno que la genere. La inflación que habrá al 6D se ubica cercana al 200%, mientras que la subyacente, es decir la que no se contabiliza, puede estar por encima del 350% de acuerdo al consenso de todos los economistas. Esto en términos modernos es un proceso hiperinflacionario. Súmenle a ello un índice de escasez en promedio superior al 60% y en el caso de las medicinas alcanza niveles de 70% y más en algunas regiones del país. El producto interno bruto viene cayendo desde el año pasado y se espera que para este año la contracción alcance 9%, eso en cristiano es un empobrecimiento general y regresivo pues golpea con más fuerza a los más pobres. Esta sensación generalizada de crisis se traducirá en un voto castigo por parte de la gente.

En segundo lugar, a la fecha todas las encuestas arrojan una diferencia a favor de la oposición superior a 30 puntos, algunas anticipan un voto para un sector independiente que podría estar entre 8 y 10 puntos, pero como no hay independientes o donde se inscribieron la concentración de votos no es suficiente,  porque el diseño del CNE polarizó completamente la elección entre la MUD y el PSUV, es altamente probable que esos electores o se abstengan o terminen votando por la oposición.

Finalmente, el tema del fraude es el demonio que más intimida en este proceso electoral debido entre otros factores al secuestro de los poderes públicos y la hegemonía comunicacional del gobierno. Los partidos agrupados en la MUD están diseñando una estrategia de defensa del voto a la cual la ciudadanía debe incorporase activamente. Es falso que en el pasado hayamos ganado y que nos hayan robado electrónicamente los votos. Lo que ha sido real es el ventajismo, el uso abusivo de los recursos del Estado, el voto asistido y la adjudicación de la totalidad de los votos donde la oposición no ha tenido testigos. Guerra avisada no mata a soldado. Todos debemos convertirnos en testigos del cambio para garantizar que exista una movilización popular el 6D fuerte, masiva y extendida a todo el país que haga cuesta arriba cualquier intento de trampa por parte del gobierno.

No se trata de caer en triunfalismos ni de ser un optimista irracional, para mi es importante que la inmensa mayoría del país se convenza de la enorme oportunidad que hay de cambiar el destino del país el 6D. Con la victoria comenzará un proceso de reinstitucionalización y pacificación del país que permitirá que Manuel Rosales, Leopoldo López, Antonio Ledezma, Daniel Ceballos y los cientos de presos políticos puedan ejercer libremente todos sus derechos. Igualmente millones de venezolanos que han huido del país en búsqueda de oportunidades puedan regresar a un terreno fértil para venir a contribuir con el desarrollo del país.

Por más que Maduro diga que van a ganar como sea, una cosa piensa el burro y otra el que lo arrea. Este país decidió cambiar

 

Carlos Valero

Politico, politólogo (UCV) políticas públicas (IESA) Promotor de la Democracia Social. UNT. En Instagram @Valero_CarlosE y en Facebook Carlos Enrique Valero
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