Opinión
ENDEREZAR TUERTOS
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A las 23:30 horas del 30 de abril, los relojes venezolanos adelantarán treinta minutos. En consecuencia, a partir del primero de mayo la oscuridad de la noche llegará media hora más tarde, con el consiguiente ahorro de energía eléctrica en iluminación necesaria.

Aplaudo esta medida por su sensatez y pertinencia; pero además la celebro por su carácter simbólico: es el primero de los muchos errores del comandante Chávez, inducidos por las súbitas puntadas que le asaltaban durante sus oceánicas divagaciones televisivas, que el heredero se atreve a enmendar. Desafortunadamente creo que hasta allí llegará la cosa, ya que el presidente Maduro carece de los atributos necesarios para corregir el rumbo suicida por el que avanza el país.

Todavía más, me atrevo a afirmar que en Venezuela ya no hay gobierno; si prestamos atención constataremos que las medidas que se anuncian se reducen a la conformación de soporíferas mesas de trabajo y a la creación, como jugando a la guerra, de rimbombantes y estériles “estados mayores”. Maduro y sus ministros se afanan, gesticulan, gruñen y mandan; pero no gobiernan: la realidad se despliega incólume, tercamente refractaria, frente a la pantomima gubernamental bolivariana.

La semana pasada el mundo conmemoró el cuatricentenario de la muerte de Miguel de Cervantes y aquí en Venezuela, en un pernicioso sueño atávico, muchos esperan que un bizarro paladín se presente diciendo “yo soy un caballero de la Mancha, llamado don Quijote, y es mi oficio y ejercicio andar por el mundo enderezando tuertos y desfaciendo agravios”.

Desengañémonos, la dramática situación por la que atravesamos no la resolverá ningún caudillo providencial, antes bien, recordemos que lo que estamos viviendo es la amarga herencia que nos dejó el último de ellos. Hoy es tiempo de la responsabilidad individual, del coraje cívico, de la política, de la acción colectiva afirmativa.

Manuel Narvaez

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