Opinión
Entre la rabia y la desesperación, por Simón García
Opinión

La candidatura Falcón es la continuación de la estrategia de la MUD sin ella.  Esa ausencia sería explicable si ya no fuera válido el fundamento electoral, pacífico, democrático y constitucional de la estrategia que condujo a la victoria parlamentaria del 2015.

María Corina y Ledezma afirman que ya no es válida, llaman a excluir definitivamente cualquier participación electoral mientras esté Maduro y pide trabajar por derrocarlo. Los tres partidos ejes de la MUD siguen esta política a medias y abrieron una negociación con Maduro que culminó sin acuerdos. Otros tres partidos, de menor respaldo electoral, quitándose de encima los puñetazos moralistas de los abstencionistas, sostiene que las elecciones son una vía del cambio.

La actitud extremista, exigir todo para ya, impuso una competencia de inhibiciones bajo la regla de proteger la reputación partidista y reducir los costos de impopularidad de las direcciones políticas.  Las redes ganaron a la calidad de la política. La abstención pasó de presión racional a salirse de un proceso que facilita movilizar, organizar la protesta y demostrar al mundo que hay fuerzas internas que, en la lucha por reconquistar la democracia, no abandonan ninguno de los tableros,  incluido el electoral.

Partidos y figuras independientes estimables dieron un giro para abrazar la abstención. Pero al verse en caída libre hacia la incoherencia, se inventaron la malla protectora de la abstención activa, una contradicción en sus términos.

Ninguno, Américo o Ramón Guillermo entre sus ilustres promotores, han podido descender de la frase a su demostración práctica. Sencillamente porque no saltarán al boicot del proceso electoral. Abstención activa fue la de 1963, de  cuyos errores es mejor no acordarse.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                 Hoy la elección es el terreno abierto para que el país que no quiere a Maduro se exprese. No para medir fuerzas o dar testimonio de resistencia, sino para librar una batalla electoral que puede quitarle pacíficamente el poder a la autocracia. O se vencen las trampas o dejamos que la dictadura se perpetúe.

Las condiciones del juego son extremadamente desiguales, pero también es tan exacto como una condena inapelable que el 80 % de la población rechaza a Maduro y que el país se nos vuelve un campo de refugiados adentro y afuera.  Entre el carnet de la patria y el voto castigo hay un país que se debate entre la rabia y la desesperación. ¿Lo llamaremos a que no vote?

El motor del cambio serán los masacrados por la crisis, con o sin la presencia de los partidos. El país que emerge es un territorio de encuentro entre los seguidores de dos proyectos rivales que deben competir sin intentar liquidarse. Una nueva mayoría plural, de civiles y militares, busca iniciar pacíficamente la transición entre dos épocas. Sus primeras victorias serán ganar las elecciones y legitimar un gobierno de Unidad Nacional.

Sacar al país de la crisis y despedir a Maduro, exige votar por Falcón y elegir el retorno de la democracia. El ímpetu para lograrlo debe vencer primero a la abstención de los que no tienen como referencia ni al gobierno ni a la oposición. Allí puede renacer la esperanza y el cambio posible.

@garciasim

Sofia Torres

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