Opinión
Eres mujer
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El socialismo en todas partes donde vivieron su estremecedora experiencia, arrebató el presente y el futuro de la gran mayoría como en todas partes, la convirtió en una masa doliente y cercenó sus potencialidades humanas. En Venezuela robó el destino de quienes creyeron en él y quienes no, y sus líderes “asesinaron el sueño” como escribió Shakespeare de Macbeth y su terrible mujer que luego enloqueció de la culpa.  Salvar el destino de las nuevas generaciones obligará al Estado y la sociedad civil a realizar cambios esenciales para construir sobre los escombros. Las principales víctimas del socialismo del siglo XXI son jóvenes. Son los que hacinan en el infierno de los penales, quedan truncados por accidentes de motocicleta y ruedan sangrantes de un fogonazo estridente en el oscuro callejón. Los que venden caramelos y CDs en las autopistas porque se destruyeron más de 6 mil empresas y promete que las restantes no se salvarán, por intención torcida, incapacidad e insensatez.

Los jóvenes venezolanos tienen de la peor educación del continente y de las peores vidas. Son la inmensa mayoría de seis millones de desempleados más otros millones de informales. Pero los más pobres entre los pobres son las mujeres jóvenes, y su arquetipo es una buhonera con apenas educación básica, que además trabaja en el hogar sin remuneración y tiene dos hijos. Semejante drama no se enfrenta con limosnas que envilecen y corrompen, sino con políticas sociales de nueva generación, como Brasil, Colombia, Perú, Chile, Uruguay, etc., “transferencias condicionadas” que dan espacio para que quien las recibe aprenda un oficio y pueda progresar por sí mismo, desarrollarse como ser humano. Durante los noventa hubo muchos programas sociales con extraordinarios resultados, entre ellos las “madres cuidadoras”, mujeres queridas en la comunidad que establecían en sus hogares una guardería, con asistencia y supervisión técnica.

La riqueza del mundo juvenil

Así la labor del hogar produce beneficios para ellas, sus vecinas, sus hijas, hermanas y bebés y otras madres podían trabajar en la calle o estudiar. Con turnos de todo el día en las escuelas, desayuno y almuerzo escolar, se crea un círculo virtuoso que favorece a todos, y facilita que las mujeres jóvenes se eduquen o entren al mercado laboral. La transformación tecnológica, la sociedad de información, servicios y conocimiento, originó cambios profundos en la familia, la comunidad, y nuevas pautas de socialización, consumo y valores. La escuela, desactualizada y aburrida ante el cine, Internet, la televisión y las calles, proporcionan instrumentos sustanciales pero no al paso del cambio. Celulares, computadoras, tabletas para Twitter, FB, IG, facilitan la sociabilidad, tecno-sociabilidad, que revoluciona la vida juvenil, y forma sociedades hiperplurales, segmentadas, que emiten múltiples y contradictorios mensajes.

Tribus, modas, gustos musicales, creencias, símbolos, se diferencian y se integran en su riqueza cultural. Nativos informáticos, ejercen su liderazgo mientras los docentes tienen problemas con el uso de las tecnologías para la enseñanza. La computadora refuerza su papel en la familia y la sociedad. Pero la pesadilla autoritaria profundiza las diferencias sociales y destruye los avances de 40 años de democracia para cerrar la distancia entre el primero y el último quintil de ingresos. Un joven del primer quintil, el de mayores recursos, vive con sus progenitores hasta los 30 años, estudia hasta los 33, decide ser padre a los 35. Cuando corta el cordón umbilical, sale de su casa, deja de estudiar y trabaja. Administra su juventud. Un joven del último quintil embaraza o se embaraza a los dieciséis años y sale a trabajar a los diecisiete.

El amor a crear

Si es niña no estudiará, para cuidar a sus hermanos o limpiar la casa. La empleabilidad, la posibilidad de conseguir empleo, es clave. Pero hay que enseñar a las nuevas generaciones a forjar su propia fuente de trabajo, educarlos para emprendedores. Sembrar cultura empresarial, mediante sencillas escuelas de marketing, negocios, impuestos, contabilidad, rudimentos de leyes laborales, finanzas. Facilitar acceso a la tecnología, la innovación y el conocimiento. El Estado puede aligerar procesos administrativos (como registrar una empresa, por ejemplo) para que los informales dejen de serlo y conviertan sus precarios trabajos en negocios establecidos, con financiamientos que crecerán en la medida que ellos mismos lo hagan. Los microcréditos productivos y microseguros, “incubadoras de empresas”, son palancas para arrancar gente de la miseria.

Que los pobres sean empresarios viables, como ocurre con el milagro peruano. En todas partes se demuestra que los informales convertidos en emprendedores cuidan el crédito incluso más que otros sectores. La acción corruptora del socialismo y el desempleo hicieron que el trabajo perdiera centralidad en la vida de los venezolanos. Hay que recuperar la importancia de estudiar, trabajar, esforzarse, ahorrar, ir por pasos en la conquista de una vida con dignidad. El Gobierno soborna para comprar sumisión, e impedir el esfuerzo de la gente para crecer por sí misma, por su familia, y ayudar a construir una mejor vida en sociedad. Pero el soborno se acabó, apenas roza malamente 12% de los sectores populares, pero los mandamases no hacen nada ante lo que crearon con sus pesadillas que asesinan el sueño.

Carlos Raúl Hernández

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@carlosraulher
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