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¿Es Maduro fascista?
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La demostración de la incapacidad del Gobierno para ponerle punto final a la ola de protestas que no cesa, luego de un mes de violencia y represión, está a la vista. Desde la arrogancia con la que enfrentaron las primeras manifestaciones del Táchira que, suponían, estaban bajo control, hasta la utilización de todos los elementos a su disposición para sofocarlas a sangre y fuego, cuando el fenómeno comenzó a írseles de las manos, se han estrellado contra una muralla de resolución y firmeza.

Desde enero, cuando el chavismo aún celebraba los resultados electorales de diciembre, sintiéndose habilitado y relegitimado, hasta este mes de marzo pleno de incertidumbre, se ha venido demostrando todo lo contrario y la pérdida de gobernabilidad viene aparejada con la ausencia visible de apoyo popular. El resultado no ha sido otro sino la entrega de Nicolás Maduro en los brazos de unas fuerzas armadas que, si bien tenían a Chávez como un líder indiscutible, cuyas decisiones marcaban sus pasos, ahora ven en Maduro a un civil a quien se ven obligadas a prestar un comprometedor y oneroso soporte que les hace pagar elevados costos en imagen y prestigio institucional.

Es notable la diferencia de los años duros (2002 y 2003) cuando las masas chavistas salían a la calle para defender a “su comandante” y no era necesario dedicar un mitin específico a los militares (aún se respetaban algunas normas) para hacer fanfarronas demostraciones de un apoyo cívico militar que, al menos en el primero, el civil, luce, en estos momentos, seriamente menguado.

También es cierto y no porque fuera un visionario, sino porque su proyecto, su talante y los consejos de Castro así lo prescribían, que Chávez se dedicó a crear unas Fuerzas Armadas irregulares, además de las denominadas milicias, como una suerte de ejército en la reserva que muy pronto comenzó a operar a la manera de las fasci de combatimento de Mussolini o las S.A del nazismo, aunque también nacieron grupos guerrilleros con el sello de las FARC y ELN, de origen cubano.

Pues bien, es sobre estas estructuras, básicamente coercitivas y valido de un aparato comunicacional avasallante, que oprime a los medios críticos, Maduro ha levantado las barricadas en defensa, no ya de un sistema, de un proyecto o de un ideal, sino del puro y simple disfrute del poder, con todas sus aberraciones y descomunal ineficacia. El intento, si es que lo hubo, de imponer la igualdad y de redimir a los oprimidos, ha fracasado rotundamente, el caos se asoma a las puertas de nuestra casas y el Gobierno, principal responsable, solo atina a ofrecernos la loca fantasía de una guerra contra Estados Unidos. Mientras tanto en las calles siguen muriendo jóvenes venezolanos.

Roberto Giusti

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