Opinión
ESPERANZA CONTRA LA MUERTE
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Es una paradoja, pero con cada agresión, cada herido, cada insulto, y cada muerto, aumentan, no sólo la rabia, y la tristeza, sino también la convicción de que debemos luchar con todas nuestras fuerzas para reconquistar el país destruido por el comunismo asesino, fascista, corrupto, y narcotraficante de la dictadura cubana en Venezuela.

Como si fuera poco el sometimiento del país por la vía del secuestro institucional puesto al servicio del oficialismo para controlar y domesticar la vida pública y privada de los ciudadanos, ahora insisten en imponernos –contra la Constitución vigente- una asamblea nacional constituyente propuesta por Maduro, y sus violentos para terminar de acallar nuestras voces y posturas democráticas con la intención de eliminar para siempre la conquista de la progresividad de los derechos humanos fundamentales.

Pero la decisión de nuestros ciudadanos de ser libres es para siempre, y si bien es cierto que durante un tiempo cometimos errores por impaciencia, y desorganización, ahora somos cada vez más fuertes, racionales y organizados, tras la recuperación del sistema político democrático que marca la Constitución, y para ello hemos conformado una alianza genuina con todos los venezolanos de bien; los que creemos en la libertad sin cortapisas; en la libre empresa; en la libertad sindical; en el emprendimiento responsable y solidario, para la construcción de un país productivo que garantice la paz social hasta alcanzar el bien común.

Venezuela tiene las condiciones materiales, y el talento humano necesarios para alcanzar estadios de progreso y desarrollo sustentables, sobre la base de la confluencia inteligente, y solidaria de una alianza indestructible que agrupe al estado, los empresarios privados, grandes, medianos y pequeños, y los trabajadores organizados. Una alianza tripartita que modele el país que todos necesitamos para avanzar hacia el desarrollo, y construya las instituciones más fuertes, autónomas e independientes posibles; que minimice los vicios y corruptelas; que impulse el profesionalismo; que garantice la seguridad jurídica para la inversión nacional e internacional; la seguridad de vidas y bienes de los ciudadanos;  empleos bien remunerados; formación para el trabajo de quienes están marginados del sistema; la investigación y el desarrollo científico; la salud; la vialidad; un sistema moderno de transporte, entre otras formas de bienestar. En fin, una alianza poderosa, y solidaria para la edificación del país que todos los ciudadanos de buena fe queremos para el presente y el futuro.

Desde luego, para que ello sea posible necesitamos derrotar de manera irreversible los designios totalitarios del fraude que representa la propuesta de asamblea nacional constituyente de Maduro, y su odio excluyente. Tenemos que acabar con esa trampa que huérfana de afectos, y sin votos pretende dominarnos para siempre.

Cada día somos más; el 86% (y sigue creciendo) de la población está en contra de la constituyente chimba de Maduro. La razón está de nuestro lado, y por ello también están con nosotros: el pueblo mayoritario; la Fiscalía; la comunidad internacional; los partidos democráticos; la disidencia del oficialismo a quienes damos la bienvenida fraterna; todas las iglesias de las distintas religiones, y en fin, todo el descontento ciudadano por el engaño recurrente, el incumplimiento, y la ruina del país.

Tenemos que resistir democráticamente hasta alcanzar la victoria de los buenos que somos mayoría indiscutible, contra los asesinos y ladrones representados en el gobierno, y sus paramilitares criminales.

Ojalá entren en razón, y abran camino a una negociación sensata que permita la entrada de ayuda humanitaria; libertad de presos políticos; elecciones de gobernadores y alcaldes; reconocimiento a la AN, un TSJ digno, y el retiro de la constituyente chimba!

Roman Ibarra

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