Opinión
“…espíritus calzados al revés”
Opinión

“…espíritus calzados al revés”

Carlos Raúl Hernández
Así decía Moliere de aquellos cuyas opiniones siempre salían torcidas y veían lo contrario que lo que ocurría, como suele ocurrir habitualmente cuando hablamos de lo que no sabemos. Una ola de ira circuló por los medios ilustrados por la reunión de Shannon, asesor del Departamento de Estado con Diosdado Cabello, cuando debería ser lo contrario. En el caso de la política la tesis de Moliere es la regla, pues se trata del arte más difícil de las que ha creado el hombre y, paradójicamente, sobre el que más se opina desde su aparente obviedad. Todo el mundo pretende saber de política, pese a que Schumpeter demostró que las opiniones sobre eso de las grandes figuras públicas de las artes, los negocios, el deporte, etc., “equivalen a las de niños de doce años” según sus palabras textuales. Otros espíritus atolondrados, mesiánicos y totalitarios afirman que después de mí el diluvio, aunque él mismo sea el diluvio. Hitler en las últimas del búnker desgañitaba que el pueblo alemán merecía la destrucción como castigo por “traicionarlo” y perder la guerra, mecanismo sicológico para no afrontar la debacle de sus propios errores descabellados. 
Fidel Castro quiso la guerra mundial en la crisis de los cohetes de 1962. En el Congreso de la Internacional en Moscú, Mao aseguró que pondría trescientas millones de vidas chinas en una guerra final contra el imperialismo. 
Los lugares comunes, prejuicios y fárragos de un caudillo totalitario en fase inicial, son los mismos que exponen talentos silvestres en reuniones sociales, la dureza y el radicalismo de los que ignoran los secretos del manejo del poder para bien de los países y la conquista democrática de las mayorías.

En 2006 nace una fuerza tranquila

Sus cabezas son un prontuarios de “verdades” de curso corriente, pero algo en ellos subyuga la intelligentzia y después a las “masas”. Dicen que Trotsky y Hitler ejercían un embrujo inexplicable, mientras Lenin lucía como un “profesor de matemáticas”. El pensamiento mal calzado no sabe valorar que algunas reglas del juego democrático perviven en Venezuela, y hasta 2005 se marcarían espectaculares autogoles. La emergencia ahora de una fuerza tranquila, racional y decidida descompone al gobierno, el entorno se le complica y parece que se les escapa el poder. Ahora que la política se puso seria, en una cabeza enmarañada por dentro siempre ronda el protocolo de una “confrontación final”, en la que una acción heroica sea la chispa que produce el incendio popular, luego la de la FF.AA, y la gente en la calle coloque claveles en el cañón de las Kalashnikov. Es el caso del ratón que juega con el gato.
Luego del levantamiento popular el 11 de abril de 2002, en el que paramilitares chavistas asesinaron dieciocho personas, el régimen se desploma, pero gana políticamente y regresa por el consistente apoyo de la OEA (y mundial) a un “presidente democrático y electo”. Lo salvaron la política, gracias a la Carta Democrática que se firmaba en Lima casualmente esos días, y las idioteces radicales. ¿Generales y políticos deschavetados obedecerán ahora la orden de cortarle el cuello al gobierno que los protege para entregarlos a los grupos que más los atacan? ¿Se atreverían a quedarse solos en el mundo y con la responsabilidad de todo lo que ocurra? “La luz del entendimiento me hace ser muy comedido”. ¿Cuánto podría durar una dictadura militar… cómo asimilar repudio y sanciones internacionales… qué hacer frente a unas malencaradas Dilma y Hillary? ¿Y Obama hoy?

Felipe González y los apresurados
Con varias resonancias magnéticas los estrategas del gobierno descubrieron subrepticios y sospechosos trazos de perversidad en los cerebros de Felipe González, F.H. Cardoso y Ricardo Lagos, entre otros expresidentes. González, un socialista no fantoche, es héroe de la lucha contra el franquismo y artífice de la nueva España. Cardoso puso Brasil a librarse del desempleo, la inflación y la pobreza, camino que prosiguen Lula y Dilma, a quienes salva del enjuiciamiento (y con ello al país). Lagos fue el primer chileno que dijo a Pinochet por televisión, en su cara, “Presidente: ¡váyase del gobierno!”. Ninguno es un conspirador barato o caro. No traicionaron sus países. No los sumergieron en el desastre. Los liberaron de dictaduras. González decía que “el cementerio de los políticos está lleno de apresurados”. El patriarca tropical amenaza a través de herederos con una pesadilla peor (y efímera).
Hacen el juego los apresurados. Cuando las naciones se quitan los fardos que las oprimen, empobrecen y desprestigian, hartas de incapacidad y locura, sellan acuerdos de gobernabilidad y establece el olvido. Las reuniones con Shannon, Rousseff, las preocupaciones de Rajoy, de Europa, de Unasur y de los 33 expresidentes, las declaraciones de Rajoy y la ONU sobre violación de Derechos Humanos, apuntan a la misma diana: crear condiciones electorales justas, respetar los resultados electorales, retornar la vigencia de la Constitución, convivir democráticamente. Venezuela no tiene por qué continuar como el país enfermo de América Latina.

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Carlos Raúl Hernández

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