Opinión
Giro Copernicano
Opinión

Que yo sepa, todavía no se ha realizado un estudio para determinar qué proporción de la oposición cree que las victorias electorales del chavismo fueron producto del fraude. Sin embargo, para mí, el resultado de tal estudio estaría claro: la mayoría del universo opositor está convencida de que los triunfos chavistas, particularmente el del referendo revocatorio de 2004, fueron alcanzados recurriendo al robo de votos.

 

Este dato es importante porque es la razón principal que alimenta las dudas que persisten acerca de la posibilidad de producir un cambio de gobierno por la vía electoral. Tales dudas fortalecen el radicalismo antipolítico y estimulan las inclinaciones abstencionistas que se observa en ciertos sectores de la oposición.

 

Los seres humanos explicamos y actuamos a partir del núcleo de ideas, verdaderas o falsas, correctas o equivocadas, que hayamos previamente aceptado. Descartes no protestaría si afirmamos “creo, ergo pienso, ergo digo, ergo hago”.

 

En el caso que nos ocupa, en contra de la evidencia empírica (“chorizos” de las máquinas, auditorías de las cajas y de los sistemas, encuestas realizadas por empresas reconocidas), muchos todavía creen en un fraude masivo en el conteo de votos. Pero, aunque el ventajismo descarado ha sido la marca de fábrica del CNE, la verdad es que el chavismo era mayoría.

 

Hoy cuando la mayoría ha cambiado de signo y ahora favorece ampliamente a la oposición democrática, esa falsa creencia en el fraude como explicación de los triunfos chavistas, actúa como un fantasma que perjudica la clara opción de triunfo electoral que se dibuja en el horizonte.

 

Para quienes por años han construido su explicación de la instauración de la hegemonía chavista sobre la falsa piedra angular del fraude sistemático, no resulta fácil deshacerse de ella. Para ellos es un reto complejo asimilar este auténtico giro copernicano. Tarea difícil, pero ineludible.

Manuel Narvaez

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