Opinión
Gobierno de aclamación nacional
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Los caudillos siempre trajeron  desgracia a la tierra de gracia y a las demás. El término viene del latín capitellum  que significa cabeza de mando. Se origina en el mundo militar,  ese gen que está en nuestro ADN desde que nos degradaron a Capitanía General en septiembre 1777 porque los españoles no descubrieron el tan preciado oro que buscaban afanosamente para financiar su quiebra y que llevamos por cordilleras en las entrañas. Quizá esa fue nuestra primera gran tragedia. Mejor suerte corrieron Lima, Santa Fe de Bogotá  y Quito con sus virreinatos y reales audiencias. Se decía en la colonia que Caracas era un cuartel, Bogotá una universidad y Quito un tribunal. 

 

De los que llegaron al poder,  Páez, los Monagas, Falcón, Guzmán, Crespo, Castro, Gómez, Pérez Jiménez y Chávez en sus presidencias y revoluciones, solo generaron guerras, atraso, corrupción, muerte, cárcel y exilio. Más que demostrado que solo en el período civil democrático hubo progreso  integral, porque entre otras miles de razones, se inunda al país de maestros y profesores capaces, y de escuelas, liceos y universidades para el pueblo. El concepto original de República Federal progresista, liberal que promovió la independencia, recibió empellones a lo largo de estos 205 años en función de los caprichos caudillescos. 

 

La maldicion de la reelección

 

Constituciones hechas o modificadas a sus medidas y en su nombre, con el factor común de la reelección presidencial y las constituyentes. El Estado concebido por Bolívar era una transición paternal para regenerar con educación a un pueblo tenido por ignorante, supersticioso y bárbaro, al que había que darle civismo y solo luego hacerlo responsable de sus derechos. Mientras, en el ínterin, el país debía ser dirigido por elite ilustrada y autoritaria. La estructura del estado debía conformarse con la división de poderes, un ejecutivo fuerte, un senado político  y un poder judicial independiente. 

 

La democracia llevó su parte cuando se aprobó en la constitución del 1961 con esas condiciones bolivarianas, e incluyó la reelección presidencial después de dos períodos. A partir de entonces dos líderes civiles, Carlos Andrés Pérez y Rafael Caldera decidieron imponer su nombre en sus partidos, por segunda vez, ganaron, evitaron el  cambio generacional  necesario y castraron a una generación bien formada de políticos a los que les correspondía el relevo. Chávez intentó tomar el poder por fuerza y sangre y fracasó. Su única obra es que dejó más de 200 soldados muertos  que engañó para la jornada del 4F como niños que eran.  Parece que adorar caudillos anida en la genética criolla porque la gente desconoce sus consecuencias y las sociedades a veces tienen la memoria corta. 

 

Hasta que pueblo se hastío

 

En eso puede, ¡quién sabe!, que haya influido la escasa cobertura educativa que tuvo la población hasta el advenimiento de la democracia, la falta de un amplio bagaje antidictatorial en la cultura política del país mientras en los cuarteles se impuso un denigrante trato entre ellos. Esa vaina de comparar al galáctico con el Libertador es una grosería intolerable. Los resultados del último caudillo no pudieron ser peores, resumibles en haber producido una devastación económica general y la destrucción de valores ciudadanos solo comparables a la Guerra Federal.

 

Maduro ya no pueden seguir escondiendo el fracaso ni ganar tiempo con argucias jurídicas que solo causan más daño. Casi 9 de cada 10 ciudadanos repudian al régimen y a sus jefes y claman por un gobierno de unidad nacional que será acompañado con votos y vítores. Que se vaya es un deber patrio. Luego a reconstruirnos civiles y militares cada quien en lo suyo, como debe ser y que más nunca aparezca otro Atila. @mcarrillodeleon

Manuel Carrillo De León

Venezolano observador.
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