Opinión
!Gracias al Creador por las máquinas de votación!
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Una de las manías recurrentes en esa especie de siquiátrico que a veces es el debate político en la era de las redes, es el odio, pánico, aborrecimiento a los sistemas automatizados de votación. Es una de las expresiones más pintorescas para cualquier antología del prejuicio y el error. Hay que ocuparse de eso, no porque tenga basamento racional, sino porque forma parte de la pedagogía que hay que realizar para la confrontación electoral que está pintada en el horizonte de 2015. Hay que lograr que los electores concurran a los comicios con seguridad y optimismo, con alta moral de combate y para eso es necesario despejar muchos errores y mentiras que hacen sentir a la gente que se está en presencia de un gobierno todopoderoso que tiene todas las cartas en la mano. La revolución pone a rodar toda suerte de necedades para acomplejar a sus opositores.

 

El debate sobre las elecciones automatizadas daría para una tesis de grado sobre como exparcir el engaño y la confusión.  A muchos se les ha ocurrido una bandera de lucha tan folklórica como el regreso a las elecciones manuales, una especie de arcaísmo, similar a solicitar que los bancos y las universidades prescindan de las computadoras, porque pueden trampear clientes y estudiantes. Todo con el prejuicio del “fraude tecnológico” que les metieron en la mollera.  Ejemplo. Un “experto” pirata y auto designado afirma rotundamente y con plena irresponsabilidad que “en ningún país democrático hay voto electrónico”. Se le responde que existe en EEUU, la India, Brasil, Filipinas, Bélgica, entre las democracias más grandes del mundo, y se implanta progresivamente en Perú, Bolivia, Ecuador, Colombia, Panamá y muchos otros.

 

¿Antes de las máquinas no había fraude?

 

Casi 30% de los electores del planeta votan con máquinas. Como contrarrespuesta, el barajo vivaracho ingenuo, el sombrero de copa: “eso es bueno allá, pero no aquí porque el gobierno es tramposo”. Parecieran creer que el fraude apareció en el mundo con los sistemas automatizados. Ahí la ignorancia aflora en su plenitud: la gran historia de los secuestros electorales latinoamericanos se escribió con sistemas manuales. México, “la dictadura más perfecta”, fue por 70 años el arquetipo, sin máquinas de votación. La trapisonda de los Republicanos en Florida contra Al Gore en 2000, fue precisamente gracias al conteo manual, como sabe todo aquél que haya seguido ese proceso. La mínima honradez intelectual obligaría al interlocutor a aceptar la evidencia. En los países democráticos se vota de las dos maneras.

 

Y para concluir la exhibición de piratería de “expertos”, la performance de un “espíritu calzado a revés”, diría Moliere, torcido, pone el broche de oro: arrojar “sospechas” sobre quien argumenta lo contrario, vinculaciones oscuras, marañas posibles, sin darse cuenta que patea un aguijón. Se acusa a la oposición activa de traición y si se les responde, se ponen a llorar como babies.  Las elecciones automatizadas en Venezuela son una buena noticia frente al chavismo que puede usar abusivamente la administración pública como aparato electoral. Es el conjunto del Estado contra una fuerza disidente. Gracias a las máquinas, la disidencia ha obtenido victorias, y ha crecido sistemáticamente porque los resultados no se pueden cambiar. La ventaja que el gobierno obtiene en municipios foráneos en cuyos centros electorales  la oposición  ha tenido  una representación débil, sería mucho mayor sin máquinas de votación.

 

La Salamandra del terror

 

Y si están en la Ley y la oposición carece de los votos necesarios en la Asamblea Nacional para reformarla… ¿por qué se exige el “voto manual? Piden cosas irrealizables, como “un CNE equilibrado, igualdad en las condiciones electorales, cuando se libran luchas agónicas contra un régimen precisamente por ser autoritario y abusivo? Bastó con que se pidiera en voz alta la eliminación de las “captahuellas” en elecciones anteriores para que el gobierno aprovechara para ratificarlas y humillarnos. Tendremos todo eso cuando la democracia regrese al país. Es de suponer que se trata de una maniobra del gobierno para agarrar venados que caen furiosos, no contra el cazador sino contra los propios opositores.

 

El otro “nuevo” descubrimiento de ciertos sabios es lo que llaman el “efecto salamandra” el viejísimo gerrymandering o malportion suficientemente estudiado por los expertos electorales, frente al que la oposición estaría indefensa. Consiste en raptar comunidades a las circunscripciones para adosarlas a otros circuitos y completar los votos para obtener representantes y descompletar los que necesita la otra fuerza, en este caso la timada. Es un recurso que ha funcionado y funciona cuando las fuerzas contendientes  están parejas, pero cuando hay diferencias numéricas de cinco puntos en adelante, el truco no funciona. Frente a un alud de votos, como se ha demostrado en la patria de origen del gerrymandering, EE.UU, no vale Santa Lucía.

Carlos Raúl Hernández

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@carlosraulher
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