Opinión
Hablemos de la justicia transicional, por Rosa M. Estaba
Opinión

Muy asombrada, observé al Presidente en el mitin de clausura de la campaña electoral de la viciada de nulidad Asamblea Constituyente cuando, en un arrebato de paroxismo emocional ante una avenida Bolívar casi vacía y silenciosa, exhortaba al diálogo a todo gañote y violentando toda regla de discreción. Me asaltaron las dudas. ¿Será que en verdad se sentía omnipotente para aplastar al otro en ejercicio de su investidura de Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas? ¿Será, más bien, que se sentía asechado por los demonios que le susurran al oído? Hoy, me revolotean más dudas, luego de la monumental derrota que el pueblo, con su silente ausencia, le propinó al artero acto de votación de ayer, 30 de julio.

Lo cierto es que llegó la hora de las chiquiticas, la hora de un posible choque de trenes entre dos que no logran vencer al contrario: las cúpulas empeñadas en imponer un camino rechazado por la inmensa mayoría de los venezolanos y quienes a lo largo y ancho del país luchan para impedirlo.

Tan peligrosa disyuntiva obliga a echar mano de sobrada paciencia, calma y sindéresis para, en vez de terminar de entregarnos al prehistórico argumento de las armas y la fuerza bruta, abrir paso a la esperanza y sopesar una salida negociada, concertada y acordada a la cada vez más dramática crisis de Venezuela, una salida que según los sondeos de opinión es anhelada por el 85% de los venezolanos, los mismos que se abstuvieron de votar. Nunca es tarde. En tiempos de crisis todos los capítulos son decisivos. Ante la fantasmal pesadilla de la Asamblea Constituyente, podríamos poner sobre la mesa una transacción: a cambio de una justicia transicional,  garantizar las elecciones regionales ya ofrecidas por el CNE, establecer las municipales y las presidenciales con un cronograma preciso, y respetar los principios de la República, los poderes constitucionales y el sufragio universal, directo y secreto. Pero, ¿qué es una justicia transicional?

Nos referimos a una forma de abordar la justicia como aspecto esencial a considerar en una negociación política manejada con mediación internacional y que se dirija a encarar una situación de conflicto o de represión por parte del Estado.

La justicia transicional no es un perdón general. Contempla beneficios judiciales que se les otorgan a quienes han cometido delitos, para lo que es preciso pulsear en qué términos se ha de hacer, sobre quién o quiénes tendrán derecho a juzgar a un acusado y sobre los términos en que sería aplicado el principio universal del derecho humanitario. Para su instrumentación, suelen ser muy útiles las comisiones de la verdad u otras formas de investigación y análisis, así como las reformas y el consiguiente desmantelamiento de instituciones públicas implicadas, como las fuerzas armadas, la policía y los tribunales. También se ha de pulsear un adecuado tratamiento penal, desde el perdón individual hasta el aplazamiento de juicios, dependiendo de las distintas violaciones cometidas por actuación directa o por omisión: delitos de corrupción, de tráficos ilícitos o de lesa humanidad, que no solo hayan afectado a las víctimas involucradas sino al conjunto de la sociedad.

Se deben incluir los muchos desafíos a resolver en una futura transición hacia la democratización: tanto la solución de las cuentas sin descarrilar el progreso democrático. Hay ejemplos como el desarrollo judicial o de movimientos capaces de resolver los conflictos y de reparar daños de las víctimas, que se empujan junto a la instrumentación de de programas educativos para la conservación de la memoria histórica de la nación y para serenar los tan perniciosos deseos de venganza.

Rosa M. Estaba

Sofia Torres

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