Opinión
¿Hacia donde ir?
Opinión
Existen opciones a favor de las cuales decidirse, a pesar de que varias de ellas exigen crear las condiciones para hacerlas viables. Esa es una de las misiones de la política: abrir agujeros para cruzar el portal donde lo imposible termine por dejar de ser un muro inexpugnable.
La interrogante, en nuestra muy complicada situación, es si hay políticos que puedan influir para que sus partidos acepten pagar los costos de popularidad que implica asumir la necesidad de un arreglo entre oposición y gobierno para abrir una transición.
El país está llegando al final de la cancha. Más allá es previsible un estado de disolución del Estado y la feroz destrucción de los soportes de la existencia civilizada. La constatación de que el hambre está asomando su guadaña, no es retórica.
John Magdaleno, el investigador venezolano que ha estudiado con mayor detenimiento los procesos de transición en el mundo, afirma que sólo hay dos formas para que ellos se produzcan: la fractura o la negociación. Parte de la oposición venezolana ha puesto casi todos los huevos en la canasta de la fractura y nos ha legado un mal revoltillo.
Hace falta alguien que, con la misma determinación de Henry Ramos para señalar hacia la elección de gobernadores, aclare que el desarrollo de una estrategia democrática, constitucional, pacífica y electoral contiene, necesariamente, la opción de una negociación con el poder dominante o sectores de él.
Si se están reiniciando las conversaciones entre partidos de la MUD y gobierno, ¿qué sentido tiene negarlo? Este culposo síndrome del avestruz revela el temor de que tal anuncio afecte el apoyo de los sectores más radicales de la oposición a los candidatos de la unidad.
No es deseable que dirigentes de la MUD, que han mostrado valentía en las extraordinarias acciones por el restablecimiento de la democracia y la Constitución, incurran en un manejo instrumental de la verdad. Crea dudas y desconfianza.
Actuar como alternativa es practicar una política desde la verdad y persuadir al país de que se está adoptando el camino más eficiente para evitar que el régimen acelere su tendencia a pasar de la restricción de las libertades a su extinción definitiva.
Es un contrasentido desempolvar discursos que favorezcan a las corrientes que en el seno del poder están empujando, bajo el único interés de conservar su diversificado stock de negociados ilegales, al oficialismo a consolidar una dictadura.
No hay oportunidades de victoria suma cero destinadas a derrocar a Maduro, especialmente ante los incentivos para poner fin, progresivamente, a un sistema al cual usar las bayonetas le va a resultar más costoso que retornar a la Constitución. Avanzando en esa dirección la sociedad democrática, incluyendo componentes del actual bloque de poder, puede derrotar al Estado autocrático. ¿Por qué no asumirlo claramente ante el país y contribuir a crear una nueva cultura política alejada de las falsas promesas del pensamiento extremista? ¿Por qué no tener más confianza en el juicio de los ciudadanos?
@garciasim

Simon Garcia

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