Opinión
¿Hasta cuándo?
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A mí me da un escalofrío cada vez que un representante de un gobierno extranjero o de un organismo multilateral exclama que está preocupado por la situación venezolana. No puedo entender por qué la comunidad internacional tiene una conducta tan pasiva ante la crisis nacional. No se trata de asumir la posición cómoda de esperar que otros hagan el trabajo y no los propios venezolanos. Pero si de exigir un conjunto de acciones para detener esta ola de violencia que nos arropa y que está llevando al país a un escenario cada día más complicado.

El Gobierno va por la calle del medio con su alforja de la Constituyente y la oposición se enroca en la fantasía de una dualidad de poder y espera con impaciencia la bendición papal. En este contexto, son pocas las oportunidades para fomentar un diálogo entre las partes encontradas. Un conjunto de países pudiera colaborar para crear un espacio para la negociación, capaz de superar el actual estado de cosas, producto tanto de una crisis política como también de una crisis económica que promete tener efectos muy dolorosos para lo que queda de año.

Por ello, dada la tranca que hay para lograr un diálogo, la participación de la comunidad internacional es muy importante y necesaria. Los gobiernos de la región y otros países importantes debe ser más proactivos para lograr una solución adecuada y equitativa, en medio de un régimen que se niega a reconocer que ha cometido errores y de una oposición que puede ahogarse en su justa lucha y que es tentada día a día por los diablos de la anarquía.

Estados Unidos, la Unión Europea, Rusia, China y Cuba están llamados a promover una iniciativa mundial sobre el caso venezolano. La historia nos enseña que estas naciones han alentado junto a la ONU varios acuerdos de paz. Cuba en particular tiene la experticia y la obligación de juntar sus esfuerzos para lograr un modus vivendi y de no perder el tiempo en defender lo indefendible. ¿Será esto posible?

romecan53@hotmail.com

Carlos Romero

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