Opinión
Hilaria Isidora Herrera
Opinión

 

Está convencida de que la mixtura de socialismo y populismo conducen al desengaño. No cree que habrá diálogo con el gobierno y mucho menos reconciliación, ya que éste no tiene lo que hubiera podido ofrecer. Asimismo, los venezolanos, incluyéndose, no obstante haberse esperanzado con la revolución, le imputaron la responsabilidad del caos en las elecciones decembrinas. Piensa que es lo que el régimen posee y que la oposición se cuida para no ser corresponsable.
Sabe asimismo que las reconciliaciones pasan por el cálculo de probabilidades, metodología a la cual el destino la ha sometido, pues Hilaria a los 50 es aún señorita.

A la AN la concibe constitucionalmente como un poder originario. En rigor es el pueblo reunido en el hemiciclo a través de los diputados electos. Sus providencias son, pues, derivación de la soberanía popular y a aquél atribuibles. Así lo estatuye el Texto Fundamental (Art. 5) haciendo suya una pauta universal. Pero no se quiere aceptar. El Primer Magistrado pareciera entender que el único poder es el que él representa y así no puede producirse reconciliación alguna.

Percibe más bien una transición a cuyos efectos no descarta ninguna de las vías constitucionales (destitución, renuncia, revocatoria del mandato y abandono del cargo. Art. 233), con respecto a las cuales las potestades de la AN son determinantes.  La severidad de la crisis avivada por la derrota electoral decembrina y las dificultades económicas que potencian calamidades humanitarias, es poco probable que la resista régimen alguno. Inclusive el que lo sustituya tendrá que ingeniárselas.

Por supuesto, la transición sería hacia una mayor democracia. Es necesario tomar en cuenta que hay mayores posibilidades en países con elecciones recientes, crisis económica y restricciones a libertades civiles y derechos políticos. Estas suelen ser circunstancias determinantes en la falta de cohesión de los gobiernos (O. Barriga, Modelando Transiciones Democráticas…, Universidad de Chile, Santiago).

En ocasiones está temerosa por lo que pretendiendo subsumirse en la realidad acude a la genética ancestral heredada de la Madre Patria. Consecuencialmente recuerda que la España contemporánea (muerte de Franco y la Constitución del 78), constituye una transición pacífica del régimen dictatorial a uno parlamentario (Arias Navarro) y luego democrático (Adolfo Suárez),  aprobándose mediante referéndum popular (1976) la legalización de los partidos, para celebrar las primeras elecciones en el 77. El mayor problema para la democracia era la crisis económica, pero para solucionarlo se firmaron los pactos de la Moncloa y adicionalmente se decretó la amnistía general de los presos políticos y los regímenes preautonómicos. Fue promulgada la Constitución elaborada por consenso de las fuerzas democráticas (Serra Rojas, Diccionario de Ciencia Política, México, 2001). Allá, pues, hubo transición. Y por qué no habrá de haberla en Venezuela.  Es la inquietud que levanta la espiritualidad de quien se equivocó y ahora es una demócrata practicante.

Entrada en años sin hijos, marido ni suegros, pero además ajena a las relaciones de afecto novedosas del Siglo XXI, tipología que en la totalidad de los casos definen a la persona como embrollada, desea aportar luces con respecto a quién podría ser el hombre de la transición. Pero no encuentra respuesta, pues se subsume en la filosofía política y con ella pretende analizar la razón de ser de las pasadas y existentes organizaciones sociales a la luz de la economía, la política, la antropología, la biología y la sociología, pero sin  dejar de lado la ética (Popkin, Philosophy, NY).  Será Capriles, Ledezma, Maria Corina Machado, López, Cabello o en el cenáculo de los setentones Ramos Allup, Eduardo Fernández, Oswaldo Álvarez, C. Fermín o Aristóbulo Istúriz. Eso sí, descarta a un castrense considerando que la usanza del arbitraje militar (Luttwak, Coup d’ Etat, Cambridge) ha perdido vigencia y con un escenario internacional adverso.

Hilaria después de tan compendioso análisis sueña que se ha encontrado con el expresidente de Checoslovaquia, Václav Havel, quien le propone matrimonio pero siempre y cuando decida indignarse como Concepción Martín Picciotto que sin haber conocido el Socialismo del Siglo XXI protestó contra el imperio por años frente a la Casa Blanca. Pero ello no pone término a su angustia por lo que planea residenciarse en Cuba animada por el proceso de transición que se adelanta después de 50 años de comunismo. Su otra opción es Colombia donde no obstante las críticas de Uribe, se vislumbra como cierta la pacificación con la guerrilla.

Presa de su inquietud termina estas líneas convencida de que el Presidente entenderá su mensaje, puesto que ambos son víctimas del cálculo de las probabilidades.

Pero prosigue el conflicto entre los poderes públicos (Gobierno, AN, TSJ) y se habla de implosión popular y del revocatorio de la Carta Magna.

Para mayor nerviosismo de Hilaria Isidora.

@LuisBGuerra

Luis Beltran Guerra

Doctor en Derecho, Harvard University. Profesor de Derecho Administrativo - Fundador (Partner) Luis Beltran Guerra
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