Opinión
Invocando un milagro
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Después de una costosa, oseosa e inútil gira por China y Vietnam, que incluyo una escala en Qatar, y que no produjo resultado alguno beneficioso para Venezuela, el improvisado Presidente Nicolás Maduro regresa con las manos vacías, a un país desesperado y martirizado por los diarios padecimientos de su población,  y ante la imposibilidad de poder ofrecer logros concretos de su lujoso periplo, que incluyo una numerosa comitiva, señala que los venezolanos solo podemos esperar un milagro para que nuestra economía mejore.

Mientras el País sufre y padece por los cuatro costados, al precario mandatario no se le ocurre nada mejor que marcharse a China, potencia a la que Venezuela le debe hasta el modo de caminar, con una pesada y gravosa deuda que tendrán que amortizar varias generaciones de Venezolanos, y que además se encuentra atravesando una difícil coyuntura económica , que ha prendido las alarmas de sus organismos financieros, teniendo que devaluar su moneda como mecanismo de preservación de sus exportaciones, y que además reporta grandes pérdidas en sus mercados bursátiles e inmobiliarios, por lo que no está en la mejor posición para seguir suministrando fondos a la sobre endeudada Venezuela.

La aparatosa cohorte que acompaño al jefe de estado venezolano, a su gira turística por el lejano oriente, incluyo una flota de tres aviones, y entre sus acompañantes se reportaban miembros de la extensa parentela suya y de la primera combatiente, que a cuenta del exhausto tesoro público venezolano pudieron disfrutar de los lugares exóticos y de los exigentes destinos del gigante asiático, mientras en Venezuela la gente consume sus energías y su tiempo en interminables colas buscando obtener una esquina ración de productos básicos que les asegure la subsistencia.

Con las manos vacías y sin un “duro “, el desconcertado mandatario regreso ofreciendo fantasiosas versiones sobre las propuestas venezolanas en materia de iniciativas que permitan recuperar los precios cada vez más deprimidos de los hidrocarburos en el mercado internacional, lo cual se constituyó un auténtico fracaso. Incluso Putin el arbitrario gobernante Ruso, que tuvo oportunidad de conversar con Maduro  en Beijing, se apresuró a desmentir que hubieran  compartido posiciones en materia de propuestas para reanimar el alicaído mercado petrolero mundial, y en cuanto a Qatar país que ocupa la presidencia rotatoria de la OPEP, sus autoridades se remitieron a oír protocolariamente la perorata del mandatario venezolano, sin querer, ni poder compartir la propuesta de convocar una reunión extraordinaria del cartel, por cuanto es política deliberada de los grandes productores de petróleo del mundo árabe, dejar que los precios caigan, para de esa manera liquidar la competencia del denominado Shale oil, o petróleo de lutitas, que estaba inundando el mercado internacional de crudos.

Así las cosas, luego de haberse divertido en grande y gastado un realero del patrimonio común de los venezolanos, Al Presidente Maduro, no le queda otra opción que en arrebato de sinceridad, confesar que solo un milagro podrá salvar del caos y la bancarrota la ya colapsada economía Nacional, por supuesto el alegre viajero obvia las causas de la desgraciada realidad que hoy compartimos los venezolanos y frente a la cual invoca la protección divina. El desastre de su gobierno y el de su nefasto antecesor dedicados impenitentemente a la destrucción del aparato productivo nacional, a la expropiación, confiscación, invasión y atropellos de empresas o predios rústicos, al saqueo de las arcas públicas,   al endeudamiento irresponsable, todo lo cual llevo al país a la carraplana y a vivir en la tragedia de hoy.

En materia Económica, lamentablemente para el desesperanzado jefe de estado,  no existen los milagros, ni las fórmulas mágicas, porque dios con su mano todopoderosa coloca en los seres humanos la facultad para generar riqueza, para impulsar la producción y la justicia. Es imposible a pesar de todo su inmenso poder que dios pueda revertir una situación generada por la capacidad depredadora, por la improvisación, por el anacronismo, por la cleptomanía y la arbitrariedad de quienes nos desgobiernan. En lo que dios de seguro si está dispuesto a echarnos una manito es en acerar en la inmensa mayoría de los venezolanos la conciencia y la voluntad de que hay que salir democrática y pacíficamente de este desastre para poder salir adelante, y entonces si bajo su guía y con el trabajo y el esfuerzo de todos podremos reconstruir ese país de unidad, de progreso,, bienestar, inclusión y justicia al que tenemos legitimo derecho.

Rafael Simon Jimenez

Ex parlamentario e historiador
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