Opinión
Jonestownzuela: ¿cómo ocurrió el mayor suicidio político colectivo de la historia?
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Tenía 4 años cuando sucedió el caso de Jonestown, aquel suicidio colectivo. La verdad desconocía la historia, después de ver los videos y revisar unas cuantas notas del hecho, fue inevitable dejar de pensar en nuestro momento político y el empeño por consumar el suicido político colectivo jamás antes visto.

Es ahora o nunca

“Acabemos con esto ya. Acabemos con esta agonía”,  esas fueron las palabras del pastor evangélico  Jim Jones para iniciar ese momento en el que 918 personas se quitaron la vida en 1978.

Pero  todo arrancó un poco antes, cuando el pastor prometió crear “un paraíso socialista” escogiendo a Guyana como centro de su experimento fatal. Construyeron casas, instalaron comedores populares y granjas, todo “un paraíso”.

Para el pastor todo estaba permitido,  violaciones, drogas y cualquier cosa que quisiera, pues él era la Ley. Pero las críticas sí estaban prohibidas y podían ser causantes de expulsión, destierro o muerte.

Como todo sueño socialista pretende acabar con la individualidad, con el disenso. La gran promesa:  el hombre nuevo, un ser superior en conciencia y aspiración que impone lo colectivo sobre lo individual. El hambre y la miseria, son lo de menos, en el futuro aguarda la recompensa.

Mientras leía la historia, el ruido del televisor retumbaba más fuerte, era  la voz de Maduro, quien prometía el paraíso socialista en un futuro inmediato. No podía dejar de pensar en todos los asesinatos y horrores cometidos en nombre del socialismo. Creía que había perdido mi capacidad de asombro, pero no, crece y más cuando el Presidente  en funciones dice que si es electo nuevamente solucionará los problemas que en estos años no pudo. Es “mucho con demasiado”.

Niños muriéndose de hambre, abuelos sin medicina, 8 de cada 10 venezolanos viviendo en pobreza, hiperinflación, baja popularidad, y todavía en la cabeza de unos pocos Maduro representa  la dictadura perfecta, esa que nadie puede derrotar. En el fondo se perdió la esperanza, se acabó con el alma y asumieron una posición de sumisión.

Noches blancas

De acuerdo a las investigaciones reveladas por el FBI, Jones creó las llamadas “noches blancas”, noches en las que se simulaban suicidios con cianuro y otras sustancias para evadir la realidad. Cualquier intento de rebelión era exterminado.

Pasa la noticia de Maduro  y mi esposa me dice con una risa entre dientes: “Ahora sí Maduro está destituido, el TSJ lo acaba de decretar”. No sabía si reír o llorar, asombrado ante el ridículo de algunos compatriotas. Un presidente que había abandonado el cargo de acuerdo a la AN en 2017, es juzgado por un tribunal de 13 personas en el exilio y es destituido: realismo mágico, puro y del bueno.

Dentro de las filas de la oposición, a bordo de la nave “ahora o nunca”, cualquier crítica a la locura,  llamado a participar en elecciones, invitación a la reflexión, es inmediatamente señalado como un acto colaboracionista.  No importan los errores, los fracasos de los últimos dos años, nada de eso importa, no se pueden mencionar, causan el destierro y desprecio de los que se consideraban aliados e integrantes de las fuerzas democráticas hasta hace muy poco. Su espíritu se contagió de lo que tanto desprecian y la secta tomó sentido.

Las noches blancas las llamaba Jones, en la oposición cada fiesta tiene un nombre diferente: Referéndum, abandono del cargo, 350, calle – calle, juicio popular, abstención. Todas simulan el día final que no termina de llegar, luego, toca la puerta la resaca, el disgusto y  la frustración.

 

El Suicidio: “Acabemos con esto ya. Acabemos con esta agonía“.

918 personas, que pudieron cambiar su destino, perdieron la razón en algún lugar de la selva y solo siguieron los designios de la secta. Niños asesinados por la locura, todos inmóviles viendo llegar la muerte sin decir nada.

Suena el celular, una imagen de una vecina llamando al 1×10 para moler a palos a los que decidan participar en la “farsa electoral”. Muchos se ríen del chiste, pero en el fondo se frotan las manos pensando en liberar su arrechera e inconformidad en otros.

Ese grupo sin darse cuenta se unió a una secta mucho más grande, la que decidió acabar con un país, abandonar la política y declarar la guerra.

Qué suerte la nuestra, el peor gobierno del mundo y una parte de la oposición que no le pierde paso.  No hay argumentos que penetren la secta, sus sustento es el odio al que piense distinto.

En un país donde el 80% rechaza al régimen, una parte de esa oposición decide quedarse en la pasividad agresiva, como diría el estimado doctor Alirio Pérez Lo Presti:  pasividad con el Gobierno que puede hacer lo que le da la gana como Jones, pero agresividad con el que intenta buscar otra solución.

Una gran terapia colectiva nos hace falta a ver si dejamos los ahora o nunca, para construir  planes reales y estrategias unificadas que nos permitan salir de este desastre, estoy seguro que podemos rescatar un poco de racionalidad en este todos contra todos que está acabando con el espíritu nacional.

Jesús Rafael González

Venezolano, Politólogo UCV, Profesor EEPA-UCV, Especialista en Gobernabilidad y Gerencia Política, Consultor Independiente.
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