Opinión
Julia Alcibíades: Política como inteligencia constitutiva (1)
Opinión

La política surgió bajo la necesidad de concebir el orden de la polis -la politeia– que, en términos actuales, significa abordar la complejidad teórica-práctica de lo social, político, económico e histórico de una sociedad concreta. El propósito de este espacio comunicativo es abordar la problemática del orden colectivo en estas dimensiones esenciales. Ello implica, al menos, reflexionar acerca de qué considerar relevante y de qué manera llevarlo a la práctica, Por tanto, la política es un obrar constitutivo (también la gestión pública lo es). Es un obrar puesto que requiere de numerosísimos actos de concepción (qué es aquello requerido/que hay que desechar), mantenimiento, renovación y, en el caso de Venezuela, reconcepción. Vale decir, no se trata solamente de introducir algo nuevo o de corregir algo mal concebido, sino de plantear las acciones futuras para mantener y renovar el orden en el tiempo. Ello connota, no solo una preocupación de actuación y resolución en el presente, sino que supone considerar un horizonte de temporalidad futura y, en consecuencia, la responsabilidad política exige de los esfuerzos dirigidos hacia la sustentabilidad y la permanencia respecto al orden político-administrativo.

El esfuerzo que nos proponemos está fundamentado en volver pertinente lo complejo: guiándonos a partir del pensar (autores y perspectivas) desarrollado en la filosofía y ciencias sociales, es decir, elaboraremos líneas argumentativas para enfocar los problemas que sentimos nos quejan hoy. Este propósito no intenta simplificar a ningún autor o perspectiva, sino demostrar su pertinencia e importancia para las problemáticas que caracterizan a Venezuela en este momento tan importante de su historia. Esto es posible de acometer volviendo relevantes a autores que normalmente son dejados de lado para el gran público, reduciéndose su estudio a círculos especializados de estudiosos.

No compartimos la postura del conocimiento reducido a un grupo mínimo de expertos, ello denota una comprensión oligárquica del saber. Cada autor renombrado de la filosofía y de las ciencias sociales permite comprender, con mayor profundidad, los elementos constitutivos de nuestro entorno y de nuestras experiencias. Por tanto, nos proponemos realizar un ejercicio compartido y deliberativo de nuestras vivencias, demostrando que el ‘estado del arte’ en el pensamiento sobre lo propiamente humano resulta relevante para cualquiera de nosotros.

Así mismo, para quienes somos venezolanos(as) es también de suprema importancia articular ese ‘estado del arte’ a nuestras circunstancias, condiciones, vivencias y situaciones. Hay soluciones para los problemas que sentimos nos aquejan hoy. Ellos requieren saber cómo abordarlos, desde la comprensión de lo propio de la venezolanidad.

Ha sido característico de los esfuerzos respecto a lo político-administrativo en nuestro país la tendencia –y práctica– de un eterno re-empezar. No queremos engrosar las listas sobre las propuestas respecto a lo público con un nuevo intento, una nueva propuesta a ensayar, sino patentizar lo genuino trascendiendo tanto la postura del chavismo como de la oposición.

Compartimos con el chavismo el  diagnóstico que constituyó la oferta electoral durante 1998: refundar el Estado, incentivar la participación política, gobernar trascendiendo las desigualdades sociales. Así mismo, compartimos con la historia política vivida en el período 1958-1998 la búsqueda por el establecimiento y la consolidación de la democracia, por la consolidación de una república soberana que se estableciera sobre bases racionales.

Disentimos del chavismo, sobre todo, por el divorcio entre la propuesta y la obra sedimentada. En efecto, amparados en un diagnóstico inicialmente correcto sobre lo público, han enfatizado la crítica al pasado deslastrándose de las demandas por gobernar bien. Es, precisamente, el debate sobre el buen gobierno uno de los principios republicanos esenciales, sobre todo al evaluar el énfasis que privilegia ser de izquierda a la crítica sobre la gestión. Esta crítica, al ser orientada por la deliberación respecto las reglas que deberían guiar a la política y a la administración pública, enfatizaría un ángulo institucional –vale decir ético- en lugar del ejercicio perpetuo de la discrecionalidad gubernamental.

Disentimos de la social democracia pues, mediante la apelación a principios y reglas democráticas –de por sí válidos- han dejado de lado la presentación al país de una propuesta coherente sobre un futuro sustentable que aglutine voluntades hacia una obra compartida y cooperativa. Confrontar una crítica con otra similar nos coloca en el ejercicio de una ‘postura de espejo’ que no considera por qué una mayoría creyó en Chávez como el nuevo guía para Venezuela.

Es nuestro deber como ciudadanos fundamentar una postura que, siguiendo las palabras de Aristóteles (Política, 1252 a), parta del principio, que es el natural comienzo. Llegamos al momento en el cual los atajos no son ya posibles. No es ya un secreto para los venezolanos la necesidad de sustentar la convivencia desde la reflexión; de allí la mayoría que se refleja en las encuestas respecto a la necesidad de diálogo entre los dos polos que escinden a la política venezolana limitando enormemente el obrar constitutivo.

Nuestros fundadores patrios, la generación que concibió la necesidad de establecer una república libre, eran ilustrados, estaban sintonizados con el espíritu de su época. Nosotros, siguiendo su guía reflexiva, nos proponemos esbozar en este conjunto de escritos el ‘estado del arte’ de un pensamiento y práctica ordenadores de la sociedad de una manera inclusiva y temporal: la solución a elaborarse debe ser para todos y sostenible en el tiempo.

Dossier 33

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