Opinión
Julia Alcibíades: Política como inteligencia constitutiva (3)
Opinión

El obrar constitutivo, derivado del esquema graficado infra, reúne cinco componentes esenciales, políticos y administrativos, que conforman la esencia del gobierno en acción: principios, estructura, procesos, relaciones y ejecución.

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En efecto, el esfuerzo político es orientado al preguntar : 1) ¿es lo esencial un problema de ausencia o de mala concepción de principios orientadores racionales y razonables?; 2) ¿contamos con una estructura republicana, del Estado, del sistema político y de las instituciones explícitamente concebida?; 3) ¿han sido los procesos políticos constituidos imparcialmente de manera general y específica?; 4) ¿son las relaciones políticas dirigidas por los intereses, el bien comunal o la asociación cívica republicana?; 5) ¿está la ejecución gubernamental legítimamente constituida en un alcance que considere todas las dimensiones del problema?

La administración recoge también esas cinco perspectivas para configurar el obrar constitutivo que: 1) reconoce los principios que direccionan el hacer a lo interno de entes públicos; 2) identifica la empresa y organización a implantar;  3) define y comunica los procesos decisorios y de ejecución; 3) reconoce y determina las relaciones esenciales para la gestión; 5) constituye los equipos de trabajo capaces de abordar cada problemática, con una conciencia de atención a lo relevante en el ahora, sin perder el sentido de dirección hacia la visión de futuro.

El obrar constitutivo requiere del ejercicio del poder, con la salvedad que su ejercicio ético demanda una compresión del poder-con, en lugar del poder-sobre.[1] El primer tipo es propio de un ejercicio gubernamental no-manejador, el segundo es netamente el “yo pienso-tú haces”. Esta distinción interroga nuestras experiencias cotidianas exigiendo un cambio de hábitos, una vía para aprender que es ajena al ejercicio meramente intelectual.

Esta es una idea novedosa para el país, pues por el énfasis en el militarismo hemos enfatizado una acción gubernamental que –desde los albores de nuestra historia republicana– ha acogido un principio manejador para el ejercicio del gobierno. Según este fundamento el gobierno piensa y decide y los ciudadanos-seguidores acatan. Enfatizamos que, mediante la asunción deliberada, consciente, explícita y compartida de un principio político y de gestión no-manejador, es como puede orientarse un genuino ejercicio democrático. Reunir voluntades ciudadanas participantes, críticas y deliberativas requiere ampliar los ámbitos de las libertades sustantivas de los individuos.[2]

Por tanto, la ética del deber republicano pareciera superior a la perspectiva utilitarista. Ésta debe acogerse a la regla de la mayoría al evaluar las utilidades para un colectivo, cualquiera sea el criterio de medida. La necesidad de cooperar, por parte de todos los actores relevantes que configurarán y acatarán las reglas de manera imparcial, coloca en primer plano la primera condición de todo lenguaje ético: la regla del consenso, no la regla de la mayoría, es la genuina orientadora del poder-con. La ética discursiva y deliberativa es la exigencia para todo gobierno genuino.

Deliberar es la “posibilidad de medir y evaluar razones” y es un “método para la toma de decisiones colectivas y de solución de conflictos” cuyos resultados son legítimos si son fundamentados “en las reglas del discurso”, derivadas de la ética de Habermas y Apel (discurso participativo que legitima acuerdos sobre condiciones justas). Esas reglas discursivas aceptan que cualquier participante:

“puede problematizar cualquier afirmación”, “puede introducir en el discurso cualquier afirmación” sin estar sujeto a “coacción interna o externa al discurso”. La democracia deliberativa: 1) asume sociedades plurales en cuyo seno “conviven diversas concepciones de la vida buena”, 2) “concibe al bien común como una meta a alcanzar como el resultado de la deliberación”, 3) está distanciada de la votación y de la negociación, i.e. “de la mera votación agregativa” que parte de la subjetividad de los intereses y las preferencias.[3]

En Venezuela, el ejercicio de un republicanismo democrático exige de una deliberación no-manejadora. Ella sustentaría el ejercicio de los derechos sustantivos de los individuos:[4] la ciudadanía no es solo un estatus o una instancia de participación, sino un esfuerzo cívico comprometido que propicia una constitución republicana sostenible. Pensar en qué radica la sostenibilidad política es la próxima reflexión práctica que nos proponemos abordar.

[1] Mary Parker Follett: “Power”. Dynamic administration. The collected papers of Mary Parker Follett. Sir Isaac Pitman & Sons LTD, First edition, 1946,  9th reprinted, 1957, pp. 95-116

[2]  Expresión de Amartya Sen para denotar que no basta con sancionar derechos de 1ª, 2ª y 3ª generación en los textos constitucionales; cada persona debe contar con las oportunidades genuinas de llevar adelante su plan de vida.

[3] Fernanda Diab: Democracia deliberativa, juicio ciudadanouy.files. wordpress.com/ 2010/04/ democracia-deliberativa.pdf. Consulta: 24/07/2011.

[4]  Nótese que hemos ampliado el término ‘libertades sustantivas’ de Sen para, seguir la idea de Ronald Dworkin en su texto de 1977, Taking Rights Seriously: los derechos son abarcantes, i.e. morales, políticos, económicos, sociales. Tenemos una edición española: Los derechos en serio. Ariel Derecho, 1ª ed. 5ª reimp, 2002

Dossier 33

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