Opinión
Julia Alcibíades: Política como inteligencia constitutiva (5)
Opinión

La ciudadanía y la civilidad son asuntos que nos conciernen a todos de manera personal y colectiva, por sermodos fundamentales de acción, de filosofía de vida y de asunción de compromisos éticos, ya que revelan el horizonte del espacio público compartido. No es untema que puede ser abordado desde la perspectiva contemplativa. Sin embargo, necesita de acotaciones definidas en su comprensión y ejercicio.

La ciudadanía puede ser entendida, de una primera manera, como estatus. En este sentido, significa ser ‘titular’ de los derechos de primera segunda y tercera generación demarcados en el Título III de nuestra Constitución. Los de primera generación son civiles (artículos 43 a 61) y políticos (artículos 62 a 74);  los de segunda generación son sociales, familiares, culturales, educativos, económicos y de los pueblos indígenas  (artículos 75 a 126); los de tercera generación son los ambientales (artículos 127 a 129). La ciudadanía puede ser entendida, de una segunda manera, como participación. En este sentido, significa ser miembros activos de las comunidades y colectivos de los cuales somos parte integral. Recibimos nuestro particular modo de ser de las tradiciones y valores sedimentados en el contexto social: nuestra acción ciudadana es nutrida desde esos fundamentos y, al ser actores de nuestras realidades concretas, generamos nuevas maneras de constituir el tejido social.En una tercera manera, la ciudadanía también puede ser entendida como compromiso cívico. Ello significa ser miembros comprometidos con el devenir de la Repúblicareconociendo que, tanto lo que hacemos, como lo que dejamos de hacer, está articulado con nuestro nivel de conciencia respecto al devenir público. Así, aparecen como relevantes las dimensiones que reconocen y respetan al otro, en tanto que persona y ciudadano: la urbanidad, las buenas maneras y la preocupación cívicapor el bien común.

El juicio cívico es expresión de la madurez ciudadana. Ella está articulada a la facultad humana de juzgar, que es diferenciable del conocimiento o del auto-conocimiento, pues trata del cuido de sí y de los otros.Juzgar tiene que ver -no con la crítica al otro- sino con las capacidades para formular y actuar respecto a una regla práctica. Una regla práctica es expresión de la voluntad guiada por el bien común. Es producto de la razón y toma forma de un deber-ser, vale decir, de una regla ética.

El juicio, en palabras de Inmanuel Kant, el gran filósofo alemán en su obra Crítica de la Razón Práctica,  “es el elemento esencial de la dimensión más humana de la racionalidad y de la acción”. Ello significa que, en el ejercicio del cuido de sí mismo y de los otros, expresamos lo más elevado de nuestra naturaleza social. ¿Por qué? Porque orientamos nuestra voluntad hacia la constitución y  mantenimiento de las reglas para fortalecen la convivencia familiar, grupal, organizacional y social.

La orientación ética de la voluntad requiere de tres capacidades. Por ‘capacidad’ entendemos la condición de poner en acto un conocimiento, una elección, o una decisión. En el caso del juicio cívico, la primera es el respeto, o la comprensión vivencial de que el Otro es tan importante como yo. La segunda es el ejercicio de la razón deliberativa ante cada situación, pues la convivencia exige el ponerse de acuerdo y consensuar. La tercera es la orientación imparcial de las elecciones, decisiones y acciones.

El respeto es la primera de las capacidades a desarrollar para sustentar la práctica ciudadana y el juicio cívico. El respeto es inherente a las relaciones que establecemos con los demás. Expresamos nuestro respeto cuando nos comunicamos con cortesía y escuchamos con atención. Para responder a un trato irrespetuoso mantengamos las mismas condiciones comunicacionales. ‘Bajarle dos’ es un consejo valioso.

La segunda capacidad para el desarrollo de la ciudadanía y el juicio cívico es la razón deliberativa. Ellaguía el ejercicio de la práctica relacional. Cuando interactuamos con otras personas reflejamos nuestros puntos de vista mediante opiniones. Sin embargo, opinar no es lo mismo que argumentar. Argumentar permite incorporar las razones de otros. Al opinar atomizamos la convivencia. Es mediante la argumentación que puede constituirse el espacio público compartido.

En la argumentación reside la llave para la constitución del espacio compartido. Argumentar es dar razones para las ideas que proponemos. Dado que convivimos con los demás, el siguiente paso es escuchar los razonamientos de los demás. Así corregimos, mediante el diálogo, una aproximación más imparcial respecto a un problema o situación. El diálogo argumentativo exige, necesariamente del ejercicio éticopara aceptar los argumentos de los demás.

Es desde el diálogo argumentativo que podemos negociar acuerdos para concordar un espacio político. Sin este elemento fundamental la convivencia tiende a desaparecer.

 

 

Dossier 33

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