Opinión
Julia Alcibíades: Política como inteligencia constitutiva (6)
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“Me gusta imaginar que algún día todo hombre de estado será ciudadano, que no cambiará las cosas únicamente para obrar de modo diferente al de su predecesor, sino para conseguir que las cosas vayan mejor, que no tendrá siempre en la boca la felicidad pública, sino que la tendrá al menos un poco en el corazón. Que no acarreará la desgracia a los pueblos para afirmar su autoridad, sino que usará su autoridad para propiciar la felicidad de los pueblos…”[1]

El segundo elemento de la sostenibilidad política es el gobierno. Este tema constituye en sí una problemática pues ha generado históricamente dos principios políticos para ser comprendido y ejercido. Esos principios han sido elaborados en el conocido opúsculo de Manuel García-Pelayo Idea de la política: 1) La política puede comprenderse y asumirse como lucha por el control del poder, es decir,entender el ámbito temporal de la acción “como algo dominado por constantes antagonismos y, por tanto, en perpetua tensión y devenir”, demandando el ejercicio de una voluntad para imponer un sentido a la ordenación y al cambio. 2) La política también puede concebirse en un segundo sentido, como una idea reguladora de la sociedad, lo que significa transferira la comprensión de la política“la intuición del mundo como algo dotado de orden permanente y, por tanto, no creado por la lucha ni impuesto por la voluntad, sino revelado por la razón”.[2]

Esta antinomia puede resolverse cuando pensamos el ejercicio del poder movido también por dos principios,poder-sobre y poder-con, derivados de una pensadora poco estudiada en nuestro país, la estadounidense Mary Parker Follett. Ella, en su libroThe New State[3] evalúa las condiciones que permiten el ejercicio democrático del gobierno fundamentado en la interpenetración inherente a los grupos humanos: mediante un “proceso grupal integrador” desaparece la percepción incorrecta de la separación entre el gobernante y la sociedad, ya que “el progreso social depende de la continua integración de la diferencia”. Esta es una idea expresada en los tres métodos que describe esta pensadora para abordar el conflicto: dominación, compromiso e integración. Según el primer método una de las partes busca imponerse sobre la otra, según el segundo “cada lado cede un poco para tener paz”; solo la integración, que exige de inventiva y de aguda percepción para trascender las diferencias, puede resolver el conflicto en un horizonte de largo plazo.

Parker Follett quería una sociedad en la cual  “el gobierno –la dirección de los muchos por los pocos en el interés de un orden común y acción unificada- debe, en el largo plazo, descansar sobre el consenso”; interesándole su naturaleza psicológica “y las condiciones bajo las cuales puede ser hecho espontáneo y efectivo”. Asumía que la experiencia valedera es de carácter recíproco e interpenetrado, siendo el modo creativo de resolver las diferencias el diálogo y la cooperación, mediante la integración de ideas y posturas opuestas o conflictivas en una unidad orientada hacia un propósito común. Sostiene que la acción exitosa está articulada a la “ley de la situación”, es decir, aquella que emana del todo específico social. Así mismo, recalca la importancia de la responsabilidad colectiva, que significa asumir el todo, no nuestra parte en el todo, pues ello sería una postura interesada. Por tanto, el mejor método de ejecución no el más meticuloso, ni el más lógico, sino aquel que promueve “hacer las responsabilidades de varios individuos y grupos más efectivas, mediante el proceso de un sistema de interrelaciones”.

Esta visión general del pensamiento de Mary Parker Follett le permite describir el poder-sobre con “la imagen de la guerra”: su aplicación genera conflictos no constructivos, por ello hay que reducirlo. “Una vía para reducirlo es mediante la integración”; otra vía supone que ambas partes se acojan a “la ley de la situación”. Por cualquiera de las vías es alcanzada la condición según la cual “ninguna persona tiene poder sobre otra”. Allí aparece la condición de posibilidad del poder-con: esta manera de concebir el poder requiere enfocar la responsabilidad compartida, concibiendo el papel de cada quien en la situación como un todo. Es, por tanto, la esencia de la autoridad y la responsabilidad establecer los mecanismos de interrelación y de cooperación para estructurar la situación total de la acción/ejecución compartida. Por tanto, el poder-con no es la expresión de un optimismo teórico, sino la salida para constituir el ejercicio emancipador del gobierno.

La política como lucha por el poder y el ejercicio del poder-sobre connota una postura de territorialidad, es decir, de cuidar de un ámbito que se considera propio y, en consecuencia, de la imposición de un interés con la correlativa ausencia de imparcialidad. La política como idea ordenadora y el ejercicio del poder-con sugiere la asunción de constituir una situación total mediante el ejercicio de la cooperación y el consenso.

Lo que hay que investigar es “una ciencia de la cooperación”, ya que la “cooperación exitosa” requiere de “métodos de cooperación”.[4] Esta búsqueda ha sido la guía para proponer los diferentes métodos políticos para mediar acuerdos contenidos en los trabajos de, entre otros, John Rawls, James Buchanan y Amartya Sen a los que les dedicaremos los siguientes artículos.

 

 

 

 

 

 

[1]Jean-Jacques Rousseau: “Escritos políticos”. Contrastes. Revista Internacional de Filosofía. Vol. XI 2006. Universidad de Málaga, p. 239

[2]Manuel García-Pelayo: Idea de la política. Caracas.Cuadernos de la Fundación Manuel García Pelayo, 6a. edición, 1999 [1967], p. 6

[3]Mary Parker Follett:The New State.Group Organization the Solution of Popular Government, 1918. Reprinted by The Pennsylvania State University Press, 1998

 

[4]Mary Parker Follett:Dynamic administration.The collected papers of Mary Parker Follett. Sir Isaac Pitman & Sons LTD, First edition, 1946,  9th reprinted, 1957

Dossier 33

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