Opinión
La amenaza constituyente, por Simón García
Opinión

Simón García

@garciasim

Realizar una negociación para iniciar el retorno  a la constitucionalidad es lo más conveniente para el país. Aunque todos los actores proclaman que la quieren, el gobierno ha avanzado consistentemente en una dirección contraria. Ya en dos ocasiones anteriores ha solicitado diálogos para ganar tiempo, distraer y reforzar su hegemonía.

La primera constante en conflictos desbordados, con manifestaciones de polarización generalizada, es que la emocionalidad entra en cortocircuito con la racionalidad. Eso ha permitido que también entre nosotros prenda un pensamiento extremista que veta negociar y prefiere impulsivamente el enfrentamiento total sin contar con las condiciones que vislumbren el triunfo.

La mayoría del pueblo venezolano ha protagonizado activamente o apoyado una extraordinaria y sostenida insubordinación cívica para demostrarle al grupo dominante que no puede seguir el modelo que ha intentado imponer ni sostener su poder contra  la Constitución Nacional. En esas jornadas pacíficas, con una duración sin precedentes en protestas del planeta, ha muerto una centena de jóvenes que enlutan a la sociedad y la llenan de rabia. El deber del cuerpo dirigente es impedir que esos sentimientos naturales nublen la inteligencia y al recrear sus formas de lucha, tomar en cuenta la necesidad de preservar sus fuerzas y reducir los sacrificios.

Partiendo, sin una exhaustiva constatación, de que el gobierno es débil surge la tentación maximalista del todo ahora que presiona a desviarse de la causa constitucional y democrática,  alienta la ilusión de que todo está listo para amarrar los caballos en Miraflores y nos conduce a conductas extremistas, de desprecio a la negociación o exigencia de capitulaciones, que nos restan eficacia de logros y pueden llevarnos a resultados indeseables. El extremismo no piensa en país, sino en facciones y ficciones.

En la nueva fase de lucha que va a comenzar después del 30j debemos insistir más aun en prefigurar en nuestros medios de lucha los valores y fines de la causa democrática. Sería un costoso error bajarnos de la estrategia pacífica, constitucional, democrática y electoral.

La constituyente es una amenaza que hay que aprender a desactivar con actuación ciudadana, con una redefinición de la calle, con mucha labor de organización a diversas escalas, con un esfuerzo para ampliar la alianza por el cambio y con la suficiente innovación para evitar que el movimiento se agote si Maduro logra retardar el escenario electoral  un poco más.

La Constituyente puede convertirse en una herramienta para liquidar lo que aún queda de democracia, de mercado, de derechos sociales y de libertad en nuestro país. La cúpula puede aplicar sin desenfreno un despotismo totalitario para imponer su Estado paralelo contra los preceptos constitucionales, liberales e incluso del socialismo democrático.

Si Maduro quisiera efectivamente negociar pudiera cancelar la ANC. Pero su plan ha sido controlar todo el Estado y suprimir cualquier disidencia a costa de imponer hambre, represión y más dominio totalitario sobre la sociedad. No sería extraño, en este país de incertidumbres, que toda esa violencia se vuelva también contra él y su régimen.

Sofia Torres

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