Opinión
LA CALLE DEL HAMBRE
Opinión

Por: Román Ibarra

@romanibarra

Para: Diario 2001

En Caracas, y otras ciudades del país solíamos llamar ¨calle del hambre¨, a aquellos lugares donde se multiplicaban los emprendimientos privados populares para competir alternativamente con las grandes cadenas de comida rápida, a precios asequibles para todos.

Era común oír la expresión: ¨me comí unos asquerositos ¨, o una hamburguesa ¨triple bomba¨ en la calle del hambre!

Esas expresiones populares, y alternativas para el bolsillo del venezolano común se han venido disipando en vista de que la hiperinflación que vive nuestro país impide recurrir a ellas.

Hoy, gracias a la llamada ¨revolución socialista¨, ya no hay calles del hambre, sino hambre en todas las calles, pues se generalizó la pobreza, y el hambre desesperada en todo el país.

Hoy la pobreza supera el 80% de la población; el cruel escenario nos revela que en cada calle, urbanización, o barrio, hay familias enteras buscando en los basureros para comer desperdicios por los que antes ya han pasado a hacer lo suyo roedores; insectos, y toda clase de alimañas, compitiendo con nuestros semejantes a ver quién se queda  con ¨lo mejor del pastel¨.

Basado en ello, el Programa Mundial de Alimentos (PMA) de las Naciones Unidas, por boca de su jefe, David Beasley en un reciente coloquio en Casa Madrid-España, advirtió que la situación en Venezuela es CATASTRÓFICA!

Es una vergüenza que un país petrolero como el nuestro, con grandes potencialidades agrícolas, pesqueras, y turísticas, entre otras, no tenga capacidad de avanzar, desarrollarse, ni autoabastecerse en ningún rubro alimenticio. Hasta gasolina estamos importando!!

Es una maldición lo que nos ha caído con estos 19 años de socialismo del siglo XXI, que nos ha arruinado como nación, y nos ha sometido al descrédito internacional frente a naciones civilizadas con las que deberíamos estar comerciando, e intercambiando tecnologías para el desarrollo sustentable.

Todas estas calamidades, y las que están por venir, acrecientan el decaimiento, y la desesperanza del venezolano que no encuentra salida a la crisis del país, ni a la crisis personal y familiar, sino en la diáspora, antes organizada, profesional, y con ciertos recursos; hoy alocada, improvisada, sin recursos, desesperada y hambrienta con cuya presencia masiva causa estragos y se convierte en un serio flagelo de orden social en naciones vecinas como Colombia, Ecuador; Perú, Brasil, o Panamá, agravando los problemas propios de cada país.

Esta política económica calamitosa y destructiva es deliberada, e instruida como mecanismo de dominación contra una población desvencijada, y obligada a la dependencia de mendrugos embolsados en el Clap, y controlados en la discriminatoria e ilegal tarjeta de la ¨patria¨, con la intención de perpetuarse en el poder.

Ese mecanismo de hambre y miseria, castrador de la iniciativa individual, y colectiva del ser humano, pretende ser potenciado con la realización de un proceso electoral fraudulento, e inconstitucional, avalado por instituciones secuestradas, cuyos jefes son tan miserables y obsecuentes con el poder, del cual reciben también sus respectivos mendrugos, aunque obviamente, más sustanciosos en poder y en metal de la corrupción.

Contra toda esa corporación corrupta y criminal en lo económico, moral, social, y político, tenemos que seguir luchando para conquistar espacios y condiciones que nos permitan competir y derrotar a la más horrenda horda de primitivos jamás vista en nuestra historia republicana.

El camino sigue siendo cívico, pacífico, constitucional, y electoral; pero con respeto por la Constitución y las leyes. Mientras tanto, seguimos luchando nacional, e internacionalmente para lograr las condiciones que permitan la recuperación del sistema de libertades, y la reconstrucción institucional para garantizar el bien común. Ello requiere unidad verdadera. Venezuela se muere de hambre!!

 

Roman Ibarra

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