Opinión
¿La ecología es pura paja?
Opinión

 

El ferrocarril del fin del mundo nos lleva a que dentro de cuatro décadas Londres, Shangai, Tokio, Nueva York, Hong Kong y en general las ciudades ribereñas, estarán bajo las aguas, igual que Vietnam, Florida, Bangladesh y la costa Pacífica de América del Sur, por deshielo del casco polar. Miles de millones de personas sin agua potable, hambrunas, la Edad de Piedra. La selva Amazónica languidecerá en inundaciones, sequías y huracanes. Nubes de zancudos extenderán epidemias en nuevas zonas cálidas, antes frías, por el calentamiento debido a los crecientes niveles de CO2 (dióxido de carbono) producto de la actividad humana. El PTB global caería en un 20%. Empobrecimiento masivo. “En los próximos 25 años la cantidad de personas que vive en países con problemas de agua crecerá de alrededor de 800 millones a 3.000 millones… Se derriten glaciares de los Pirineos”.

 

Al parecer nadie discute que el calentamiento global es un hecho, pero hay un debate inquietante entre los que piensan que esta realidad es producto de la acción humana, mientras  otros sostienen que el hombre no tiene nada que ver con tal cosa. Y el punto no es que hay que tener a alguien a quien echarle las culpas (el imperialismo, la sociedad de consumo, etc) sino las políticas a aplicarse para corregir lo corregible. Para quienes piensan que el calentamiento es un fenómeno natural, todas las acciones destinadas a modificar la acción humana sobre la naturaleza son inútiles. Añade más adrenalina James Lovelock, anciano sabio británico de más de 90 años. Premio Nobel, autor de la teoría Gaia. Fundador de la Ecología como disciplina científica, y durante su larga y dramática vida, de los más irreverentes y acertados miembros de la comunidad científica.
Ya no hay nada que hacer

 

Para Lovelock ya todo está perdido y es imposible detener la destrucción. Aunque se suspendiera hoy abruptamente el uso de petróleo en el mundo entero, la devastación duraría miles de años. El sostenía durante los ochenta y noventa tesis muy distintas. Desestimaba que el calentamiento global fuera antropogenético (originado por la acción humana). Ahora afirma que a finales del siglo XXI, sólo sobrevivirán unos quinientos millones de personas guarecidas en el Ártico, para entonces con una temperatura como la de Europa hoy (alguien decía que el hombre es tan arrogante, que quiere ser causa hasta de los fenómenos cósmicos). Lo único, a su juicio, que podría impedir que la humanidad desaparezca, “es sustituir los combustibles fósiles por energía nuclear”, lo que ha desatado otro escándalo en sus colegas.

 

Pero el activista ecológico, y botánico David Bellamy, piensa que Lovelock está equivocado, así como la apocalíptica “doctrina oficial” de los ecologistas. “Durante toda mi vida ha sido para mí un héroe, pero es inverosímil su creencia en el recalentamiento antropogenético del planeta. El dióxido de carbono es una parte minúscula de la atmósfera, ¿cómo diablos la multiplicación de ese componente puede afectar la temperatura?… Las plantas dirían: muchísimas gracias, y crecerían más rápidamente al absorberlo”. Para Bellamy, los cambios climáticos son… “fenómenos naturales en los últimos estertores de una era glacial, en que las temperaturas suben y bajan como enloquecidas”. La futurología es la disciplina del delirio y es más bien una fantasía de la ciencia. En el siglo XIX Malthus anunció que “la producción de alimentos crecía en progresión aritmética mientras la población aumentaba en progresión geométrica”.

 

Siempre los pronósticos

 

Hecatombes y hambrunas en Europa que pondrían en peligro la civilización.  Para Marx “… la ley de la depauperación absoluta y relativa de la población” conduciría a la miseria generalizada e “inevitablemente a la revolución”. Durante los setenta, el Club de Roma anunció que la civilización desaparecería a finales del siglo XX. Michael Crinchton, inspirador de películas de Spielberg, director de cine e investigador, decía hace una década que… “la gente de 1900 ni siquiera sabía lo que era el átomo. Tampoco sabían lo que era una radio, o un aeropuerto, o una película, o la televisión, o una computadora, o un celular, o un avión a reacción, una filmadora de video, un antibiótico, un cohete… … Ni un satélite, una CPU, IBM, MRI, EPA, DGI, UPS, POP3, HTML, JPG, Internet, interferón, replay instantáneo, fast forward, rewind, sensor, control remoto, discado directo internacional, terapia de genes, ni siquiera genes, soldadura de arco y de punto, buscadores de calor, bipolar, Prozac, pañales desechables, email, grabador de cinta…
… CD, bolsas de aire, frenos ABS, explosivo plástico, plásticos, robots, automóviles, liposucción, transfusión de sangre, superconductores, antenas parabólicas… TV por satélite, aerobic, ultrasonido, nylon, teflón, fibra óptica, túnel carpiano, cirugía láser, laparoscopía, transplantes de córnea, riñón, hígado, corazón, sida… y usted quiere predecir el mundo de 2100… Los modelos simplemente transportan el presente al futuro. Están destinados a equivocarse”. ¿Será también el apocalipsis ambiental paja?

Carlos Raúl Hernández

125 Artículos
@carlosraulher
@carlosraulher