Opinión
La Enajenación De Procusto
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Bajo la influencia de la alegría por la espléndida victoria alcanzada por la MUD, había estructurado el artículo de esta semana alrededor del Leitmotiv “Finalmente, Venezuela entra al siglo XXI en diciembre de 2015”. Tenía la intención de evocar a Picón Salas, a la gesta liderada por Jóvito el 14 de febrero de 1936, y al libro en el que Ramón Guillermo Aveledo, luchando contra la corriente, exalta la alternativa civilista frente al personalismo y el militarismo.

Pero viendo el Contacto con Maduro del martes, cambiaron los planes. Me impresionó el grado de enajenación que sufre el Presidente; empezando con la ceremonia fúnebre que le mostraba, junto al alto mando militar, asido con desespero de náufrago a una lápida a la que confunde con una tabla de salvación.

Luego, las digresiones, los chistes malos y de mal gusto, los dislates y los aplausos de la comparsa de invitados internacionales (quienes seguramente no entendían nada), resultaban francamente surrealistas y fuera de concierto en los momentos peligrosos que vive nuestro país.

Y lo más grave, la insistencia obcecada en la guerra económica como explicación universal de todo cuanto de mal nos ocurre. Carlos Matus hablaba de la Enajenación de Procusto para caracterizar la patología que induce a deformar la realidad para “hacerla consistente” con teorías explicativas convertidas en dogmas de fe. Procusto, recordemos, era un bandido que acostaba a sus víctimas y les cortaba cabeza y pies, si eran muy grandes, o las descoyuntaba a martillazos para estirarlas, si eran muy pequeñas, hasta que calzaran con el tamaño del lecho.

La pérdida de contacto con la realidad que sufre el Presidente impide que conciba un plan para la solución de la crisis económica, y puede conducir a una crisis de gobernabilidad. Espero, por el bien de todos, que se recupere pronto, que solo sea un mal transitorio consecuencia del trauma de la derrota.

Manuel Narvaez

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