Opinión
La escasez y la indolencia
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Cada día está más claro que en la Venezuela actual están definidas dos posiciones con preocupaciones y objetivos muy distintos. Por una parte, está la inmensa mayoría de los ciudadanos que somos víctimas de la crisis, caracterizada por la escasez y el alto costo de la vida, la inseguridad personal y la corrupción con impunidad por parte de quienes manejan los recursos que le pertenecen a todos los venezolanos. Y por la otra parte, están quienes forman  la macolla o cúpula gobernante, que a pesar de ser los responsables de los males que azotan al país, disfrutan de los mayores privilegios, tienen abundancia de alimentos, muchos guardaespaldas, y además pueden atropellar los derechos de otros ciudadanos con garantía de impunidad.

La ceguera con indolencia de quienes pertenecen a esa cúpula gobernante, no les permite reconocer las consecuencias nefastas de la presente gestión de gobierno, y llegan al extremo de tratar con cinismo y hasta con burla a las víctimas del modelo madurista de gobernar. Un buen ejemplo de lo afirmado es lo dicho recientemente por el Gobernador del Estado Bolívar, cuyo aspecto robusto da  la impresión  de que come muy bien, según la cual, aunque el pueblo tuviera que comer “piedras fritas” debería seguir apoyando a este gobierno. La anterior declaración fue complementada por la ofrecida el pasado domingo 4 de octubre por la dirigente nacional del PSUV Jacqueline Faría, quien afirmó que el pueblo de Macarao debía “disfrutar de estas colas sabrosas”. Es decir, ellos saben que el pueblo está sufriendo las consecuencias de su mala gestión, pero en vez de ofrecer rectificaciones para corregir sus propios errores, lo que hacen es festejar las condiciones humillantes en las cuales vive el pueblo llamándolas “sabrosas” y pedirles que coman “piedras fritas” pero que no los dejen de apoyar para que ellos sigan disfrutando del poder.

El pueblo sabe que la corrupción y las expropiaciones destruyeron en gran parte la producción nacional y esa es una de las causas principales de la escasez. Sabe también que el negocio con los dólares preferenciales que solo beneficia al grupito oficial y a sus testaferros, es la causa de la destrucción de la capacidad adquisitiva de nuestra moneda, a la cual le quitaron tres ceros la llamaron “bolívar fuerte” y hoy está más débil que nunca. Y recuerden que antes el venezolano viajaba a Maicao o a Cúcuta a comprar porque el bolívar valía muchos pesos y por eso se compraba a buenos precios para nosotros, sin embargo Colombia no cerró sus fronteras. Ahora un peso vale muchos bolívares, entonces las cosas están caras porque el bolívar no vale nada como consecuencia de las malas políticas de este gobierno.

También saben las víctimas de esta crisis que son la gran mayoría de los venezolanos, que el fracaso del modelo económico de Maduro ha traído como resultado que los trabajadores, que todos los que viven de un sueldo, están siendo estafados por la política económica de este gobierno, porque la realidad es que cobran su sueldo en bolívares y tienen los precios dolarizados, y los únicos que obtienen dólares oficiales son los que pertenecen al grupito del gobierno y sus amigos más allegados.

Mientras tanto, el Banco Central de Venezuela que de acuerdo a la Constitución debe velar por cuidar la capacidad adquisitiva de nuestra moneda, se ha convertido en una imprenta de billetes sin respaldo con reservas internacionales cada vez más bajas, y en cambio, actúa como los otros poderes o instituciones del Estado, que se comportan como politiqueros que le sirven a la voluntad del gobierno nacional, a pesar de saber que con eso le hacen daño al pueblo.

Pero a medida que se acerca el 6 de diciembre, los que hoy disfrutan del poder al lado de Maduro, empiezan a sentir un frío en las espaldas que no es consecuencia del clima decembrino, sino del temor a la posibilidad cada vez más cierta de que el pueblo venezolano que ya no soporta esta situación, cansado de las traiciones, humillaciones y burlas a las que ha sido sometido, le haga saber al gobierno madurista y al mundo, que tomó en su corazón y en su mente la decisión definitiva de cambiar en todas las dimensiones el rumbo que hoy lleva Venezuela, y su cultura democrática lo conduce a saber que cuando un pueblo se decide a producir el cambio ninguna trampa o ventajismo lo puede impedir.

El 6 de diciembre se demostrará que quien decide el futuro de nuestro país es la voluntad de la mayoría, que no está dispuesta ni a comer “piedras fritas” ni le parecen “sabrosas” las colas. Y ese pueblo unido sabe que la solución es el cambio, y que para cambiar hay que votar por Venezuela hoy representada por la Tarjeta de la Unidad.

Omar Barboza

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